Soy una criatura, es la escuela, es la clase de matemáticas, es la chica que siempre está gritando, grita y chilla. Me mira, dice que le hice algo que no le hice, lo dice y lo repite. Me mira, me señala con el dedo y yo no sé moverme. Soy una criatura. Mi mamá me dice que soy una criatura pero ahora me siento un tigre de los que miramos cuando salimos a mirar animales enjaulados. Esas cosas me acuerdo ahora. Los dedos señalando desde afuera de la reja, el animal mirando como si pasáramos por su patio mientras se está echando una siesta, ahí, escuchándolo dormir. Pero no era su casa. Pero era una reja, una jaula. La chica se llama Ornella o Sonia, me las confundo, chilla y me acusa y siento un fuego con ojos y dientes que chilla con ella adentro mío. No sé por dónde entró, si por los ojos o las orejas, mi mamá dice que se dice oídos pero no entiendo la diferencia, no sé si me importan todas las diferencias del mundo. El fuego que ruge quiere salir por mi boca como el aviso de un león cuando hay fuego, porque sé que algo tienen que ver el león y el fuego. Pero no le puedo decir eso a Ornella Sonia ni a los ojos de Jimena, que es la mejor maestra de matemática del mundo, pero yo no le digo seño le digo Jimena, yo no fui, pero ella no sabe qué hacer y yo tampoco. Y Ornella Sonia me empuja, yo me caigo al lado del tacho de basura que se cae conmigo y ella me grita basura y se ríe. Yo lloro sin darme cuenta y por las lágrimas siento el fuego que se me escapa, es un fuego que me quema y le digo loca, loca de mierda le digo, como escuché, una vez hace mucho, que alguien le decía a mamá. Loca qué te pasa, le pregunto con el fuego en la garganta y Ornella Sonia grita y me susurra entre grito y grito gallina. La voz de Jimena no llega a calmarla y empieza a tirarme lápices y fibrones y tizas hasta que la agarran y yo me descubro la cara y los impactos de sus proyectiles de colores y toda la ropa sucia, entonces el fuego me agarra las manos y me lleva corriendo hasta el cuello de Ornella Sonia y aprieta. El fuego aprieta mis manos y le grita loca, loca, loca, sos igual a tu mamá. Y unas manos me sacan y el fuego se apaga como una pantalla y lloro. No quiero llorar porque ya soy grande pero puedo llorar porque todavía soy una criatura.
*Escritora, actriz, dramaturga y profesora de yoga.
Cuento publicado en la edición impresa del semanario El Eslabón del 16/12/23
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