“Nosotros vamos a ser recordados por muchas cosas, pero sobre todo queremos dejar un legado, queremos trascender, instaurar una manera de hacer”. La afirmación es del ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, y la compartió en un acto público realizado a principios de diciembre. “Lo importante es construir un modelo de gestión”, reiteró sobre lo que definió un mandato del gobernador Maximiliano Pullaro. Las políticas de ajuste para la docencia y la pobreza en las discusiones pedagógicas marcan este modelo de gestión.

¿Y cómo se fue construyendo esa manera de diligenciar la educación en Santa Fe? A fines de noviembre de 2023 el ministro Goity hizo la presentación pública de su equipo de trabajo y algunos anuncios en materia educativa. Entre esas novedades, dijo que en enero llamarían para la primera reunión paritaria con los gremios. La noticia fue bien recibida por Amsafé y Sadop, que además pidieron dar un profundo debate sobre la educación santafesina.

“Los dirigentes gremiales estamos disponibles los 365 días para defender los derechos de la docencia. Esperamos que no sea un acto para la foto”, pidió el secretario general del Sadop Rosario, Martín Lucero, ante el ruido mediático armado por la temprana convocatoria. 

Llegó el 4 de enero, el día de la primera paritaria docente del gobierno de Pullaro, y la foto de ese encuentro recorrió los portales de noticias por esto de ser los primeros en. Pero en esa reunión no se habló de mejorar salarios ni condiciones laborales. Lo que hizo Goity fue exponer un informe sobre ausentismo docente, el primer indicio de que se venía el presentismo. Enero terminó sin plata para el magisterio, menos con el arranque de la discusión educativa y con este aviso del ministro: “El acuerdo paritario firmado por el anterior gobierno es de imposible cumplimiento”. El reclamo del magisterio para que se pague la diferencia del 22,4 por ciento adeudado llega hasta la fecha.

Los primeros meses del 2024 fueron de afianzamiento del modelo de gestión de Pullaro-Goity. Llegó febrero y la propuesta salarial se hacía esperar. Mientras desde el gobierno machacaban por los medios con esta idea de “la maestra faltadora”, siempre con informes de dudosa credibilidad; que no es nueva, que con diferentes matices sacan a relucir los gobiernos cada vez que se discute paritarias. La diferencia esta vez fue que Pullaro retomó el legado de Reutemann y avanzó sobre el presentismo.

El 21 de febrero y cuando faltaba menos de una semana para el inicio de las clases, el gobierno ofreció a la docencia un 7 por ciento de aumento en los salarios de marzo, a cobrar en abril, y calculado sobre los sueldos de diciembre pasado. Casi una burla. La respuesta del magisterio fue inmediata: un paro de 48 horas. A la magra propuesta provincial, había que sumarle que ya a mediados de febrero el gobierno de Milei había eliminado el Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid) y el ministro Goity avisaba que Santa Fe no se iba a hacer cargo de ese pago, que además representa el 10 por ciento del salario de una maestra.

Al poco tiempo el presentismo estaba en marcha. El 15 de abril el ministro Goity junto a su par de Economía, Pablo Olivares, anunciaban la creación de “un incentivo mensual y otro trimestral para premiar la asistencia docente”. “Queremos premiar a los docentes que hacen un esfuerzo extraordinario. Es un reconocimiento a quienes tienen asistencia perfecta a su lugar de trabajo, acompañando y sosteniendo los procesos pedagógicos y educativos”, dijo Goity.

Lo llamaron Premio a la Asistencia Perfecta, aunque todos saben que es el famoso presentismo de los 90. A mediados de mayo, la Provincia lo pagó por primera vez. Con ese pago llegó una carta de felicitaciones del ministro Goity a quienes lo percibieron, que entre otros conceptos les expresaba su “reconocimiento y agradecimiento por el compromiso sostenido con su trabajo, acompañando los procesos pedagógicos y educativos”.

Una profesora que percibió el presentismo le respondió a través de una carta pública: “Considero que el mejor premio a la labor docente debería reflejarse en nuestro salario y en mejores condiciones de trabajo, no en incentivos que más que premio parecen una intimidación”. Además, entre otras expresiones, le manifestaba que “lo más justo sería una remuneración equivalente a la tarea realizada y no que dependa de mis ausencias, ya que cuando la ausencia sea inevitable voy a faltar sin por ello dejar de ser la docente comprometida que soy”.

Entre la delación y el apriete

El modelo de gestión educativa de Pullaro-Goity se siguió consolidando en la línea de la delación propia de la dictadura. En mayo, y ante un nuevo paro docente, Goity, junto a los ministros de Gobierno (Fabián Bastía) y de Economía (Olivares), anunciaron que se iba a descontar el día a quienes adhieran al paro. La extorsión para no sumarse a la medida de fuerza llegó con el apriete de completar una declaración jurada que diga qué hicieron en esa jornada de paro. En el afán de que nadie quede fuera de la medida, el pedido llegó hasta las docentes jubiladas. 

En el mientras tanto, funcionarios y funcionarias –de todos los niveles– aprovechaban (lo siguen haciendo y disfrutan) cuanto medio podían para socavar la legitimidad de los sindicatos docentes y, en especial, de sus dirigentes. Grave. Porque se trata de organizaciones propias de la vida democrática. 

Paralelamente a estas políticas persecutorias, Pullaro avanzaba con la reforma previsional. El 10 de abril se había presentado la iniciativa –impulsada por la mayoría de los senadores– para crear la comisión redactora de un “proyecto de reforma del régimen previsional vigente en la provincia de Santa Fe”. El llamado de atención de los gremios a lo que vendría ya estaba encendido. Sin pausa Pullaro avanzó con la reforma que finalmente aprobó –con la complicidad vergonzante de diputados y senadores afines– el 12 de septiembre. Nunca escuchó el reclamo de las y los trabajadores del Estado, menos de la docencia. Los cambios normativos desconocen derechos ganados por el magisterio y les meten la mano en el bolsillo a quienes están en actividad o ya se jubilaron. 

Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario

La aprobación de la reforma previsional no fue sin protestas y reclamos de la docencia, que llegaron hasta la puerta de la misma Legislatura provincial el día de su tratamiento. En octubre, Pullaro mostró su mejor perfil autoritario: mandó a detener a profesores y otros trabajadores que habían participado de esa manifestación pública, como si fueran delincuentes. Esposados, los pasearon a modo disciplinador.

Para esa misma época, estudiantes secundarios eran demorados a la salida de la escuela por la policía provincial que les pedían el DNI, de manera intimidatoria, además de hacerles preguntas para saber si participaban del centro de estudiantes. O como les pasó a jóvenes de la comunidad Qom que para esa misma fecha fueron detenidos porque sí cuando ensayaban con su grupo de hip hop.

Sin diálogo posible

El otro rasgo del modelo de gestión es convertir a las mesas de negociaciones salariales y de las condiciones de trabajo en mesas de anuncios que se cierran por decreto, y se cumplen si se quiere. Por ejemplo, en octubre se conoció que la Provincia no cumpliría con el concurso de titularizaciones para los niveles inicial y primario, y la modalidad especial, pautados en la paritaria de abril, ni con los traslados. Desde 2008 que estos concursos se realizaban con regularidad ya que dan estabilidad al trabajo de enseñar. En el gobierno de Pullaro no hay lugar para el disenso, menos para ejercer el derecho a huelga.

Pero si algo caracteriza al oficio de enseñar es la paciencia, el tiempo de espera que se ejercita en el aula. Mientras tanto, las docentes ya le han hecho saber su descontento al gobernador y a su ministro públicamente en actos, en fiestas provinciales y hasta junto al tradicional arbolito de Navidad que cada año se enciende en Pellegrini y Oroño. Y hasta alguien se le animó con un cartel en una marcha en el que se podía leer: “Ni mi ex me mintió tanto como Pullaro”. 

La educación enlatada

El debate educativo –qué educación se quiere para la provincia, para qué se educa– estuvo ausente todo el año. El modelo de gestión de Goity pasó por la aplicación de programas envasados, combos armados desde el mercado de las fundaciones para el aula y la formación docente. Uno es el Plan de Alfabetización Raíz, otro el de Comunidades de Aprendizaje. O bien capacitaciones como la de “prevención de la ludopatía”, de manos de Mercado Pago, del empresario Marcos Galperín que vive en Uruguay para no tributar en el país. 

Estas propuestas de educación enlatada encuentran sus diferencias en las docentes que saben que enseñar no es un oficio neutro. Como lo marcó una educadora de primer grado en el acto de cierre de capacitación del Plan de Alfabetización Raíz, realizado el 20 de noviembre, que tomó el micrófono y, entre otras opiniones, dijo: …Este plan pretende que enseñemos fuera de contexto. Pero, ¿es posible esto? Claramente no. …En abril nuestros niñxs tenían hambre en las escuelas, hoy también. En abril, las escuelas se caían a pedazos, hoy también. En abril estábamos en lucha, hoy también… No nos diga plan Raíz que alfabetizar es simplemente enseñar la lectoescritura, porque sabemos que no es así, sabemos que el contexto importa, que el contexto es todo”. 

Entre otros datos de la realidad, esta educadora tenía bien presente en sus palabras que “en la Argentina, cada noche, un millón de chicas y chicos se van a dormir sin comer”, según lo difundido por Unicef en agosto. 

Pullaro llegó a la gobernación con el claro apoyo del voto docente. Había prometido en campaña mejorar las condiciones de trabajo, del salario y gobernar a favor de la calidad educativa. Las y los maestros les dieron su confianza. Ni un mes de mandato pasó para que mostrara para qué lado iba su gobierno. Siempre estuvo en sintonía con los lineamientos de La Libertad Avanza que encabeza Javier Milei: ajuste y palo para las y los trabajadores. Y las maestras no quedan afuera de este modelo de gestión.

Publicado en el semanario El Eslabón del 14/12/24

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