El libro Pioneras, aliadas y feministas rescata las historias de las roqueras rosarinas. De Anabella al Colectivo de Mujeres Músicas. La lucha por la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la paridad en los escenarios.
Florencia Bianchi es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario y se dedica a la producción y gestión cultural. Durante más de veinte años dirigió el Departamento de Prensa del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa y ahora hace lo propio en La Casa del Tango. En 2021 regresó, después de dos décadas, a la UNR para hacer la maestría Poder y Sociedad desde la Problemática del Género. De esa experiencia le surgieron inquietudes que derivaron en la idea de plasmarlas en un libro que diera cuenta de la participación de las mujeres en el rock rosarino y en las luchas que vendrían. Así nació Pioneras, aliadas y feministas (Editorial Leviatán), que está en etapa de preventa y que espera ver la luz y hacerse público en el horizonte cercano.
“Cuando termino de cursar la maestría decido que la tesis gire en torno al cruce entre rock, feminismo y territorio, y enfocado en las mujeres rosarinas del rock”, dice Bianchi en diálogo con este semanario, y se explaya: “Ya conocía el Colectivo de Mujeres Músicas y, por otro lado, el hecho de encontrarme con un montón de libros muy interesantes que se estaban empezando a escribir sobre la historia del rock nacional –desde el punto de vista de las mujeres, pero todo a nivel nacional, no había nada sobre las pioneras del rock de acá, de cómo había sido ese camino– me terminan de convencer que había que dejar registro de esas historias y esos nombres”.
Rosario es la rocanrol
Florencia, que también ha organizado ciclos musicales y publicado reseñas y críticas de arte, cine y teatro, se propuso dejar registro del recorrido de las mujeres en la música local a partir de algunas preguntas: “¿Quiénes fueron las pioneras de Rosario? ¿Cuándo y cómo surgieron las bandas de chicas en la ciudad? ¿Qué cambio generó el feminismo en los escenarios del rock? ¿Qué cambios produjeron las rockeras, o las músicas en general, en el movimiento de mujeres? ¿Cómo fueron influyendo en las políticas públicas de género? ¿Cómo se fueron convirtiendo en activistas, en gestoras, no solamente la importancia de ellas como artistas, sino también en esa lucha colectiva?”.
En la búsqueda de esas respuestas, fue que la idea del libro empezó a tomar forma. “Después de defender la tesis, el año pasado, me pareció importante transformarlo en un libro de divulgación más pública, sobre todo por el momento de contraofensiva contra los feminismos que estamos viviendo”, remarca la autora, y adelanta que “el libro tiene tres períodos: las pioneras, entre 1973 y 1980; el surgimiento de bandas de chicas, a fines de los 90; y el movimiento de mujeres a partir de 2015, con su vértice más importante en la campaña por la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo”. La piedra basal que marca Bianchi en 1973, tiene que ver con la formación AMAdeR (Ateneo de Músicos Amigos de Rosario), que fue “una suerte de cooperativa musical, un hecho contracultural en contra de la nueva ola de la música complaciente y comercial que se daba en esos tiempos y que en Rosario empieza a autogestionar una serie de festivales en auditorios de teatro, facultades. Y en el primer festival de AMAdeR canta Anabella (Ana María Berghella) que es la pionera de las roqueras rosarinas”.
Florencia destaca que entrevistó para el libro a diez referentas de la movida local: Ana María Berghella, Adriana Coyle, Adriana Fleury, Ethel Koffma, Mercedes Ianniello, Valeria Rodríguez Cisaruk, Paula Croci, Flor Croci, Mara Litmanovich y Roxana Kessuanie, y detalla que “a partir del relato de ellas, queda registro de cómo fue su historia de vida, su familia, el barrio, la escuela a la que fueron, hasta llegar a cómo fue que se transformaron en esas pioneras del rock, cómo dieron ese primer paso en Rosario hacia los escenarios del rock, entendido como un movimiento juvenil y cultural”, y añade: “Dos cosas me impactaron de las entrevistas. Una es que a todas les pareció que era una historia que tenía que ser contada y estuvieron agradecidas y gustosas de participar, la respuesta fue siempre entusiasta y generosa, me pasaban fotos, audios con anécdotas u opiniones que no habían salido en la entrevista, canciones. Por eso hablo de «nuestro» libro, con justa razón. Y la otra es que aparece en muchos relatos la descripción de sentir una energía diferente tocando o haciendo música entre mujeres, es una sensación que entiendo se inscribe en esa potencia y liberación que produce la horizontalidad en la organización y creación”.
La autora de Pioneras, que cuenta con prólogos de Cristina Viano y Patricia Dibert, confiesa que le preguntó a las entrevistadas “si se sienten pioneras y cómo se llevan con ese rótulo”, y que aunque “hay muchas que están muy seguras de su lugar como pioneras”, a otras “les gusta más decir, yo fui una más, yo estuve ahí, una referente quizás, con más humildad”, y concluye que a lo largo de la investigación corroboró que “muchas de las mujeres que son las mayores activistas hoy, como músicas dentro del movimiento de mujeres de Rosario, fueron a su vez las pioneras”. Y cierra: “Entre 2015 y la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el crecimiento exponencial del movimiento de mujeres incorporó a miles de rockeras –junto a estudiantes, artistas, militantes y un largo etcétera de diversas procedencias, generaciones y profesiones– a tomar un lugar de centralidad pública sin precedentes. Los colectivos de músicas, los festivales de género, las disputas en las agendas públicas y en las direcciones sindicales del sector, la lucha junto a otras mujeres en las calles y en los Encuentros fueron sembrando deseos e interrogantes que darían cuerpo a nuevos ensayos periodísticos y académicos. La pelea por la paridad en los escenarios avanzó en sintonía con la politización feminista del arte y la lucha por las narrativas del rock. En este contexto, muchas periodistas y académicas comenzaron la tarea de alumbrar a las mujeres del rock, reescribiendo la historia musical. Aportes fundamentales en la puja simbólica de un fenómeno cultural que ha demostrado sobradamente su excluyente homosocialidad y su androcéntrico relato. Sin embargo, nada había sobre las experiencias locales. La mirada nacional, siempre con el prisma porteño, no arrojaba más que uno o dos nombres de artistas rosarinas”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 26/04/25
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