Yo no sé, no. Manuel vino hasta la esquina donde estábamos diciendo que tenía una novedad. Era que para este fin de semana, Doña Ana –una señora que hacía locro y empanadas– puso en el cartel delante de su casilla pegada a la vía, que vendía la docena de empanadas por 200 pesos, y 25 pesos cada una. Sin dudas, la mejor cotización hasta ese momento.

José sostenía que, pasada Semana Santa, la cotización de los Armados y los Moncholos ya estaba más que interesante y a tiro de nuestros bolsillos. Tiguin miraba la cotización de las Zanella cero kilómetros, pero a pesar de algunas ofertas, con esos precios era inalcanzable. Graciela se enteró que en un super de avenida Francia la harina leudante estaba en oferta, así que haría unos bizcochuelos para los mates y a la tarde, cerca de la cancha y a la hora de los partidos, las porciones se cotizaban bien. Raúl y Carlos estaban entusiasmados cuando se enteraron el precio de las camisetas de fútbol que hacían en Francia y 27 de Febrero. Sólo que para las 20 camisetas del nuestro teníamos que esperar porque el azul Francia, por ahora, estaba faltando.

Mientras estábamos preocupados por el loteo en el barrio y por la cotización de los terrenos, las canchitas estaban en peligro. La primera que perdió fue la de 7, que de un día para otro vendieron el terreno lindero, pero se llevaron el arco que daba al oeste, con el área inclusive. En el partido siguiente jugamos con un arco de caños y el otro de trapos.

Ricardo y Juancalito, cuando vieron la oferta en un mayorista de la Teem (lima limón) y del Chamaquito (vino tinto) armaron una sociedad para vender vino en vaso en la cancha de bochas que estaba en el fondo, pegada a la vía. A eso de las 9 de la noche, el tinto se cotizaba bien. La Eva y la Isabel aprobaron el buen precio del peluche y le propusieron a Laura, que tenía buena mano para los muñecos, hacer unos cuantos osos y conejos. Las tres, ese fin de semana, se pasearon cerca de la plaza ofreciendo –talonario en mano– una rifa que el primer premio era un peluche, el segundo un peluche, y el tercero también.

El 1° de mayo comimos locro que hizo la abuela de Pili y empanadas que compramos en el fondo. Por la tarde fuimos a la canchita con nuestras nuevas azul Francia, luego mateamos y cuando la pequeña Susi repartía porciones de bizcochuelo, sentimos que el trabajo argentino estaba bien cotizado. Lo sentimos en el lado izquierdo del pecho.

Publicado en el semanario El Eslabón del 03/05/25

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