“¿Por qué mi hijo salió tan poquito?”. “¿Cuándo van a pasar lo del día de la bandera?”. A comienzos de la última década del siglo pasado reclamos tales llegaban con frecuencia, mientras se emitía “Cablenoticias 4”, a la sala de controles del “canal de cable” de Villa Constitución. Ver al nene en la tele babeando en la fiestita del Día de los Jardines o a la nena izando la celeste y blanca era una posibilidad de babeo familiar con repercusiones extramuros hogareños todavía novedosa, que por entonces se consumía casi apasionadamente en centenares de pequeñas ciudades y pueblos del país, donde que alguien o algo “cercano” saliera en la tele sucedía cada muerte de obispo –como decía mi abuela– o de Papa, podría decirse también, aprovechando la ocasión.  

Un accidente con víctimas fatales, algún caso policial con detalles escabrosos, capaz un paro con mucho quilombo en “la fábrica”, solían ser el único motivo de aparición de Villa Constitución en los noticieros del 3 y el 5 de Rosario; y ni hablar en el de Canal 7, que encima por cuestiones de antena se miraba menos.

Aparición del “cable” mediante, en casos como el de Villa la multiplicación de señales y contenidos a tiro del control remoto tuvo como plus el “canal local”, que erigió como “noticia” lo de los purretes disfrazados en el festejo del jardincito.

La irrupción en aquel tiempo del zapping, lo de poder saltar de los mocositos en Cablenoticias 4 a la final de la NBA en un toque, bien puede emparentarse con el actual modo de acceder a contenidos periodísticos y de todo tipo; pero desde entonces hasta acá hubo otra novedad no menor: los artefactos y dispositivos para registrar y transmitir hechos y mensajes ya no son accesibles sólo para la tele. Hoy las mamás no necesitan poner el noticiero para babearse. Al devenir del nene lo pueden filmar ellas mismas desde la concepción hasta el cajón; y pasarla las veces que quieran en sus canales de face, ig, tik tok, X y lo que venga.

Sin embargo, ahí sigue De 12 a 14, por ejemplo, autopercibiéndose tan poderoso y determinante como antes pese a que cualquiera puede darse cuenta que su credibilidad pende de un hilo cada vez más finito, igual que el que sostiene a la mamá de Villa Constitución abrazada a la mediatización de la existencia como esperanza de trascendencia para el nene.

También sin embargo, acá seguimos nosotros, tratando de invitar al nene, a su mamá, a los De 12 a 14 y a nuestras propias conciencias, a pensarnos y abrazarnos un poco más; y más allá de la maraña de cables y redes que nos envuelve y nos ata en la artificialidad de la inteligencia única.

 

Foto: Alan Monzón

Publicado en el semanario El Eslabón del 10/05/25

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