El libro Háblenme del Bocha reúne 13 relatos de distintos escritores y escritoras sobre la vida y obra de Ricardo Enrique Bochini. Ariel Bermani, editor, encontró en el ídolo de Independiente “un montón de elementos literarios”.

“Con la pelota en los pies –escribió Rodolfo Braceli sobre Ricardo Bochini– tiene el don de hacer lo máximo con lo mínimo”. Alguna vez le preguntaron cómo hacía para jugar tan bien al fútbol. “Me paro donde no hay nadie y se la doy al que está solo”. Simple. “Para mí –me dice ahora Ariel Bermani, compilador de Háblenme del Bocha (Fútbol Contado Ediciones– eso es la poesía, eso es la literatura”. Decir mucho con poco. Tratar, sigue el escritor, “que el lenguaje brille, en el caso de él que la pelota brille, pero con mínimos elementos. O sea, ser austeros. Y a mí la austeridad en la literatura me gusta mucho. Y él en el fútbol, a pesar de que brillaba, era austero, tenía la facilidad de hacer ese pase que parecía hecho con la mano”.

Hombre de pocos firuletes con la pelota, de no llevar la camiseta puesta era difícil ver en el Bocha a un futbolista. “Siempre hubo un contacto con ese tipo bajito, pelado, que gambeteaba como si no le importara, como si fuera lo más natural del mundo. Y tuvo la particularidad de haber jugado siempre en Independiente”, destaca el autor de casi 20 libros, entre novelas, cuentos y poemas.

Elector y editor de los textos, Bermani promete desde el prólogo 13 cuentos “que rodean, acechan, investigan e imaginan la figura de Ricardo Enrique Bochini. El plantel de escritores y escritoras que reunió está conformado por: Lisandro Aguilar, Félix Bruzzone, Sonia Budassi, Florencia Calvo, Guillermo Ferreyro, Marcos Fontela, Silvina Giaganti, Claudio Gómez, Jorge Hardmeier, María Insúa, Alejandra Laera, Yair Magrino, Edgardo Scott y Gonzalo Unamuno.

Hay hinchas de Independiente y de otros clubes; hay quienes vieron jugar al Bocha y quienes no. La consigna era crear “un texto de ficción, cuento o crónica”, dice el compilador, y aclara: “Si se tomaban elementos de la realidad, tenían que quedar enredados en la ficción”.

La palabra siempre al 10

Es evidente que a Ariel Bermani le tiran fuerte los 10, más allá del color de la camiseta. Convocado en su momento por Jorge Hardmeier, también para Fútbol Contado, este hombre fanático de Independiente participó de la antología de cuentos Apóstoles de Román, relacionados a Riquelme, ídolo de Boca. Francisco Clavenzani, titular de la editorial autogestiva, le insistió para replicar esa idea, pero con Bochini como protagonista. “Le dije que sí, y me puse a trabajar, a buscar autores”.

La diversidad de los escritores reunidos pone en juego, dice Bermani en el libro, “los modos de pensar, desde la literatura, la vida, la obra y los milagros de un futbolista que trasciende lo que pasa dentro de una cancha”. Y en diálogo con este medio, confiesa: “Siempre soñé, tuve la fantasía de hacer un libro sobre el Bocha. Lo pensaba más como un libro personal que como una antología. Siempre pensé que iba a ser difícil llegar hasta él, y nunca avancé”.

Pero sí se dio el gusto con esta movida colectiva: “Una antología que sea una fiesta de la literatura”, celebra. “El Bocha es un personaje importante en la vida de muchos y muchas. No sé si ahora lo conocen tanto los más chicos, pero hubo varias generaciones atravesadas por él, seas o no de Independiente”, añade. 

En las páginas de Háblenme del Bocha. Vidas reales y vidas imaginarias de Ricardo Enrique Bochini, los lectores se encontrarán, promete el autor, con “historias muy heterogéneas”. Uno de los relatos, por ejemplo, “no habla para nada de Bochini, salvo una mínima mención en el final. Es sobre fútbol femenino, una piba que la rompe. Es como una versión femenina de Bochini”. El cuento que cierra el libro es con un Bochini embarazado. “Queda embarazado y tiene un montón de hijos. Era un buen cierre para una antología”.

De la escuela del Bocha

Bermani remarca que “Bochini tiene eso de que lo que hace, lo hace maravillosamente. Es un poeta”. Tanto que hasta el mismísimo Diego Maradona lo trató de “maestro” en el cambio ante Bélgica en la semifinal del Mundial México 86. Y cuando todavía era el Pelusa lo iba a ver a la cancha.

En su libro No te vayas, campeón, Roberto Fontanarrosa revela que “dos semanas antes de cualquier oportunidad en que viniera Independiente a Rosario ya todo el mundo –hinchas, comentaristas, curiosos, soderos, veterinarios, mi vieja, mi tía y las amigas de mi tía– advertía: hay que marcarlo a Bochini, hay que marcarlo a Bochini. Y lo marcaban, lo rodeaban, lo cercaban, le hacían sombra, lo miraban de reojo, le respiraban en la nuca, y todo era inútil”. El Negro lo “padeció” en el Gigante, en el 89, en un partido por la liguilla Pre-Libertadores, cuando el 10 pisaba el retiro. “Tuvimos el privilegio (contrario a nuestros intereses, sí, pero privilegio al fin) de ver uno de los, para mí, últimos grandes partidos del Bocha”. 

Difícil contrariar a Bermani cuando asegura que “el Bocha es un ídolo de Independiente”, pero sobre todo “un ídolo del fútbol”. Y argumenta: “A cualquiera que le guste el fútbol, le gusta ver jugadas y goles del Bocha”. Además de la gambeta, el escritor sostiene que “tiene un montón de elementos literarios, de héroe y antihéroe al mismo tiempo. Es un tipo que te define un partido él solo y después te lo cruzás por ahí y no es un tipo dado al abrazo, a la conversación. Es tímido. Es difícil verlo desarrollarse en otro ámbito, en otro espacio que no sea el fútbol. Y no es carismático. Es parco, hosco. Pero eso, de alguna manera, es un modo del carisma, es tentador. No te caretea, como el que quiere ser popular. Al Bocha no le interesa eso”.

Esa estrella

“El Bocha es mi héroe, mi único héroe en este lío”, admite, notablemente emocionado, Ariel Bermani. El primer recuerdo que tiene de ese hombre de traje rojo en acción fue, nada menos, que el 25 de enero de 1978, cuando Independiente definió con Talleres, en Córdoba y en plena dictadura, el Campeonato Nacional de 1977. Con tres jugadores menos por expulsión, el Rojo fue dueño de una remontada épica –con Bochini como abanderado– que le dio el título. “Yo tenía 10 años. Después tuve otros héroes, pero eso me marcó”. 

Desde pibe, Ariel se quiso parecer a ese jugador de melena al viento primero, ganado por la calvicie después. “Me maravillaba. Lo quería copiar, pero yo era un 4 rústico”, se ríe. “Y para colmo, el 4 de Independiente era (Néstor) Clausen”, otro crack, campeón del mundo en el 86.

De chico, Ariel jugaba en las inferiores de Brown de Adrogué. Típico juego de pibitos, sus amigos lo solían poner en un aprieto al preguntarle qué haría él si alguna vez jugaba contra Independiente. “Eso, en aquella época, era imposible, porque Brown estaba en la D”, relata. Su respuesta entonces era: “Me hago un gol en contra”. Ironía del destino, el Rojo descendió por primera y única vez a la B Nacional en 2013, y en la primera fecha recibió en Avellaneda a Brown. Perdió 2 a 1. Faltó, piensa ahora Bermani entre risas, hacer adrede su gol en contra. “Ni en la peor pesadilla te puede suceder algo así”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 12/07/25

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 6000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

  • Tos

    “¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan
  • El fin de una era del trabajo

    La automatización avanza más rápido que la política. A medida que la inteligencia artifici
  • El año que viene

    Yo no sé, no. Laura estaba re contenta. Faltaba poco para que terminara el año. Había cump
Más notas relacionadas
Más por Facundo Paredes
Más en Deportes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sugerencia

Tos

“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan