Las horas de trabajo, los gastos que cubrir, la tarjeta en rojo, la humedad, el gobierno de Milei, la destrucción de todo lo que conocíamos, el mundo privatizado, la falta de proyecto revolucionario, y la falta incluso de una voluntad sinceramente reformista, el perro de al lado que no para de ladrar, y el bebé con cólicos. Todos motivos de enojo, de tristeza o de frustración. Se van sumando dificultades que, en muchos casos, no tienen una solución a nuestro alcance, porque no depende de nosotros. La sensación de que decidimos cada vez menos, que los problemas se multiplican y nos exceden, está presente en cada momento de nuestra vida. Si bien la situación es grave desde el punto de vista económico, político, social, cultural, tendemos a dramatizarla aún más. El que no llora no mama, reza el tango Cambalache. Parece que necesitamos un victimario para que podamos victimizarnos y dar lástima, con alguna oscura esperanza de redención.

La pantomima autoritaria

Estamos en momentos oscuros porque el poder, a través de todos los medios que tiene a disposición, tradicionales y digitales, amplifica los discursos de odio y crea una estética con reminiscencias de dictadura. Se pretende que asociemos a Milei con el Alex de La Naranja Mecánica: la campera de cuero, la mirada pegada al entrecejo con la cabeza levemente inclinada hacia adelante. Se intenta que aceptemos que estamos ante un sádico. ¿Cuál es el objetivo de esta pantomima? Que vayamos perdiendo las esperanzas de que se puede cambiar el orden (o desorden) que rige, e instalar la resignación ante una situación que nos excede y nos desborda. Quieren que sintamos miedo. Que recordemos la dictadura con una carga de sentido diferente a la de Memoria, Verdad y Justicia. Hacer recordar el chirrido de los neumáticos de los Falcon verdes en el pavimento, el ruido de madera rota de las puertas tumbadas a patadas. Intentan reflotar a Videla diciendo que no están, que no existen, y nos amenazan que nos van a desaparecer. 

Lo único que se repite de ese escenario son los ideólogos, quienes pergeñaron el golpe de Estado, quienes lo planificaron, que son los que sacaron mayores réditos económicos. Empresas y familias como Techint, Ford, Acindar, Arcor, Mercedes Benz, Astra, Celulosa, Bunge y Born, Astilleros Astarsa y Río Santiago, Aluar, Fate, La Veloz del Norte, Pérez Companc, Fortabat, Garovaglio y Zorraquín, Pescarmona, Bulgheroni, Vicentín, Blaquier (Ingenio Ledesma), Las Marías (Taragüí), La Nueva Provincia, Clarín y La Nación, generaron las condiciones e instalaron a Martínez de Hoz de Superministro de Economía. Fue el medio para garantizar la estatización de la deuda privada y el endeudamiento externo. Hoy los mismos actores siguen operando políticamente. No creo que seamos ingenuos como para pensar que Milei responde a otros intereses que no sean los de los mismos grupos económicos. El mega DNU y la Ley Bases son un claro ejemplo, dada la evidente dirección que implica para cada uno de los sectores que afecta.

Como dijo Marx, la historia ocurre primero como tragedia y luego como comedia. Más allá de la gravedad institucional, del deterioro planificado de las capacidades estatales, de la presencia en el territorio con el desmantelamiento sistemático de todos los organismos que tienen o tenían delegaciones a lo largo y ancho del país (Senasa, Inta, Inti, Enacom, etc), hay que tener ojo a la hora de comparar dos momentos históricos diferentes. La dictadura dejó un saldo estrepitoso de desaparecidos, muertos y encarcelados, exiliados y personas privadas de su identidad, y una sociedad atravesada por el pánico que tardó más de 20 años en poder hablar sin tapujos del tema, exceptuando el juicio a las juntas militares. Las consecuencias del gobierno de Milei se van a ver en retrospectiva cuando se retire del gobierno. Más allá de que las cifras de muertos sean considerable, serán consecuencia de la desidia y abandono del Estado, y no de un plan sistemático de exterminio como en la dictadura.

Utilizar de manera permanente estas alusiones a la dictadura busca generar un clima de época. Pone de manifiesto cómo se puede pisotear la dignidad de la vida, como sucede con los jubilados. Lo amplifican. El rencor se apodera de la vida de una clase trabajadora despojada, a la que le prometieron mucho, pero le dieron desempleo y precarización. 

Volar sin miedo

Salir del imperativo depresivo es urgente. Escapar al drama como forma de relato existencial brota como prioridad. Empoderarse en base a pequeñas acciones cotidianas sana y restituye. Reír es liberador, cuidarse en base a nuestros remedios populares, yuyos, chori, cumbia, encuentro, arte y salir al sol. Apagar las pantallas, todo lo que se pueda. Consumir lo estrictamente necesario, y a conciencia, al negocio del barrio y no a las grandes cadenas. A los productores locales, no productos importados. Ser feliz con menos, formatearse para tener lo que hace bien. Mirarse al espejo y reconocer el esfuerzo que hacemos cada día. Es en estas cosas sencillas que se juega el fin del mundo neoliberal. Si no nos valoramos nosotros, nos devora el sistema financiero. Del laberinto sólo se sale por arriba.

Foto: Cristian Maiola

Publicado en el semanario El Eslabón del 19/07/25

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