Gabriela Parigi, ex gimnasta de la Selección Nacional, llega este sábado a Rosario con su unipersonal Consagrada, en la que interpela sobre las exigencias y los sacrificios padecidos a temprana edad por atletas de alto rendimiento.

Cuando Nadia Comaneci concluyó su acrobacia de barras asimétricas en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, el tablero marcó 1.00. Lejos de significar una puntuación baja, la perfección de la maniobra fue mucho para los tres dígitos (suficientes hasta entonces) que contemplaba el aparato electrónico. Años después se conocieron las exigencias, sacrificios y maltrato a los que fue sometida esa jovencita rumana de tan sólo 14 años. Su caso no fue el único en el mundo de la gimnasia artística.

Una mirada crítica al “sacrificio, la meritocracia, la lógica del podio, el extractivismo de los cuerpos en la infancia y adolescencia en el alto rendimiento” es la que aporta Consagrada. El fracaso del éxito, una obra de la ex gimnasta de la selección Gabriela Parigi (dirigida por Flor Micha), que este sábado a las 20.30 se presentará en el Complejo Cultural Parque de España (CCPE), de Sarmiento y el río.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Consagrada (@consagrada.obra)

Atleta en los años 90 devenida actriz, esta mujer vivió –recuerda en diálogo con este medio– “el alto rendimiento en ese lenguaje muy individualista, en ese momento muy neoliberal”, pero encontró “anticuerpos” en su familia. Esta pieza teatral desembarca en Rosario tras una gira por España, Francia, México, Brasil y Uruguay. Promete un lenguaje de tragicomedia, humor, teatro, danza y acrobacia.

Gimnasia y circo

Desde los 4 años, Gabriela Parigi entrenó y compitió en gimnasia artística. Representó al país en Panamericanos y un Mundial de la disciplina. Carrera corta si las hay, a los 19 ya era “grande”, y se retiró. Su próximo salto fue hacia el mundo de la danza, el teatro, el circo. Consagrada –resume– es el resultado de ese recorrido por las artes escénicas, luego la docencia, su condición de madre, ex-entrenadora.

En ese camino se topó con Flor Micha, a quien le contó la idea de hacer un unipersonal “que tocara las temáticas que tuvieran que ver con la lógica del sacrificio, del éxito, de la competencia, la exigencia en las infancias y en las adolescencias. Como el lado B, oculto de las cosas del lado A, de lo que se muestra, que son temáticas que a mí me trascienden desde que dejé gimnasia y que son como un motor, un norte en todo”.

Foto: Macarena de Noia

Entre ensayos, ambas decidieron meter la vivencia personal y transformar aquello en una obra documental “con el desafío de que estas temáticas no quedaran encriptadas solamente en la gimnasia ni el deporte, sino que quedaran universalizadas”. Así que –continúa– “nos ocupamos de construir ficción desde ahí y creo que lo logramos. La obra conmueve mucho, a un público diverso, independientemente de si hicieron deportes o no”.

Flacas, gimnastas

El cuerpo en esta disciplina, afirma Parigi, “está en función de lograr el resultado”. Y añade: “Existen diferentes tipos de entrenamientos: más humanistas, otros más extractivistas. También hay lógicas muy perversas, de mucho atentado a la salud mental, de mucha opresión, bastante límites”.

Así lo denunció al mundo la estadounidense Simone Biles en plena competencia olímpica. La salud mental por encima del resultado y las medallas. “Hay un entrenamiento para hacer cuerpos heroicos, asintomáticos, de anulación del síntoma. O sea, que si tenías miedo, no había espacio para hablarlo o demostrarlo. Y si lo hacías estaba mal visto”, remarca Gabriela, y sostiene que el sistema de la gimnasia “funciona demasiado bien para que las cosas queden silenciadas adentro o naturalizadas, por lo menos en el momento en que yo competía y practicaba. Ahora hay varios deportistas de 30, 40 que le estamos poniendo voz a eso, estamos diciendo que eso no estaba bien”.

Foto: Macarena de Noia

Para colmo, su época de atleta coincidió con la dura década del 90. “Fui viviendo el alto rendimiento y ese lenguaje muy individualista, en ese momento muy neoliberal. Y ahí sentí que tenía anticuerpos en mi familia. Y las familias, si no tienen un anticuerpo ético-filosófico muy fuerte, son llevadas por la marea de la sociedad, de lo que se instala, de lo que los entrenadores dicen, de lo que los dirigentes dicen, de lo que el periodismo dice, de lo que la sociedad en general dice, cuando además tenés a alguien que está representando a la nación, que pasa a ser un poco un objeto de exhibición internacional”.

Muchachitas fatales

“Realmente no me acuerdo del primer día que pisé un gimnasio”, confiesa Gabriela Parigi. Su memoria, está claro, no logra remontarse a los 4 años. “Cuando empecé a tener conciencia, recuerdos, ya era mi normalidad”. Aclara que más allá de la visión crítica que muestra en este biodrama declarado de Interés Deportivo y Cultural por la Legislatura porteña, “estoy súper agradecida a todo lo vivido, al recorrido, soy lo que soy hoy día gracias también al deporte, al alto rendimiento, a todo lo dedicado. Guardo un recuerdo muy feliz. Tiene mucho que ver también con la familia en la que nací, cómo me acompañaron, mi contexto”.

A diferencia de otros deportes, colectivos e individuales, la gimnasia artística tiene serias dificultades para convivir con el error. Y reniega de la improvisación. “Es tremendo el error de la gimnasia, se te cae el mundo”, admite. “Sobre todo en la época en la que yo hacía gimnasia, que se perseguía el 10, la perfección. Eso, hace unos años, cambió. Ahora es una sumatoria. Si bien se sigue persiguiendo la perfección, cambió un poco la lógica de la puntuación” y se “empezó a tener más en cuento la estrategia, hay más de la personalidad de la gimnasta presente en el deporte. Tenés rutinas que son muy perfectas, pero más conservadoras. Y otras que son súper arriesgadas y no tan perfectas en su ejecución”.

Foto: Macarena de Noia

Lo que sigue intacto, dice, es la repetición. “Vas al torneo a improvisar cero. O sea, vas a repetir lo que entrenaste horas, días, meses, años. No vas a improvisar como en un juego, o como en otros deportes, en los que entrenás una técnica para tener las habilidades para poder improvisar”.

“Cuando empecé a hacer circo, entrenaba de otra forma. Y hacía bestialidades acrobáticas también, pero entrenaba con una sensibilidad abierta, con una subjetividad abierta, con lo somático abierto. En la gimnasia yo recibía un entrenamiento muy sistémico, repetitivo, biomecánico, anulador de lo somático, anulador de los síntomas, anulador del miedo, anulador del dolor. O sea, como una cosa muy fría de maquinita de repetir, para que en algún punto, cuando vayas a competir, estés pensando lo menos posible y tu cuerpo repita, repita, repita y repita”. Y cierra: “Es tremendo eso. Deja afuera el orden de la creatividad”.

Publicado en el semanario El Eslabón

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 6000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

  • Tos

    “¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan
  • El fin de una era del trabajo

    La automatización avanza más rápido que la política. A medida que la inteligencia artifici
  • El año que viene

    Yo no sé, no. Laura estaba re contenta. Faltaba poco para que terminara el año. Había cump
Más notas relacionadas
Más por Santiago Garat y Facundo Paredes
Más en Deportes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sugerencia

Tos

“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan