La Asamblea Cannábica de Rosario presentó un proyecto para que en las discusiones y debates por la reforma constitucional provincial se introduzcan los derechos al cultivo y al consumo, y se cese con la persecución.

En el marco de la reforma constitucional de la provincia de Santa Fe, la Asamblea Cannábica de Rosario (ACR) presentó un documento con propuestas para incorporar a la nueva carta magna provincial. En diálogo con este semanario, el psicólogo Martín Coronel, miembro del espacio que aboga por los derechos al cultivo y al consumo, explica el objetivo de estas iniciativas. 

La ACR es un desprendimiento de la Asamblea que viene convocando a la Million Marihuana March desde 2001. Está compuesta por diferentes organizaciones autoconvocadas, referentes barriales, psicólogos, médicos, abogados, trabajadores sociales y organizaciones de salud, de cultura cannábica. Con la industria del cannabis medicinal se ha desarrollado una industria en pequeña escala con cooperativas que lo proveen para los usuarios del Reprocann, también representadas en la Asamblea.

La constitución existente no incluye ningún aspecto relacionado con la producción o consumo de cannabis. Por eso, desde la Asamblea hablan de un proyecto de innovación, ya que no se trata de la reforma sobre un aspecto en particular. “El objetivo es evitar la persecución, no sólo desde el punto de vista de la criminalización sino también en las diferentes modalidades: la cultural, la moral, la laboral”, explica Coronel. “Si bien para la Asamblea, la despenalización es el tema central, se pretende encontrar el modo de incorporar la perspectiva de derechos en la carta magna provincial en consonancia con el artículo 19 de la Constitución Nacional”, destaca.

Desde comienzos de la humanidad, el consumo de drogas, de sustancias psicoactivas, se produjo como una cuestión recreativa. En el último siglo se convirtió en un problema social, y al suceder esto intervino el Estado con políticas represivas. Se prohíben las drogas y no hay discriminación: no importa si es opio, si es LSD, si es cocaína, si es ketamina o si es un cigarrillo de marihuana, se prohíbe todo. Lo que se pide es que se discrimine, que se distinga lo que es un delito de lo que es una falta. Si en un espacio público te fumo en la cara estoy en falta, por eso no se puede fumar en lugares cerrados, pero es muy distinto si lo hago en mi privacidad. 

—¿Qué cuestiones pretenden que se incorporen a la Constitución Provincial?

—Los objetivos transversales de nuestra propuesta tienen que ver con la no persecución por consumo personal, la no persecución cultural, la regulación del mercado productivo en pequeñas escalas, como cooperativas y asociaciones. Hoy el que trabaja con las plantas no lo dice, no puede decirlo. Si bien está enmarcado en la ley de cannabis medicinal, todavía es visto como si fuera un narco. No se busca un libertinaje y que todo el mundo fume por todos lados, sino que se regule. De lo que no se habla es del daño psíquico que impone la prohibición, porque es importante la mirada del otro. 

—¿Qué diferencia hay entre la marihuana y otras sustancias?

—Cuando se habla de drogas se habla en general, y hasta hace no mucho tiempo la marihuana estaba clasificada como comparable a la heroína o a la cocaína. En los últimos años se desclasificó. En esto ha incidido mucho lo que se conoce como políticas de reducción de daños, que plantean que cada sustancia produce diferentes daños en el cuerpo humano y que por ende no se pueden tratar todas de la misma manera. Tiene que ver con la forma en que se consume, con el lugar en que se consume, con la calidad de las sustancias. La despenalización de la marihuana tiene que suceder entre otras cosas porque en el búnker donde la comprás, venden todo tipo de sustancias. Por ahí no conseguís marihuana y te ofrecen una pastilla u otra cosa, y es importante evitar esas situaciones. Alguien que consume marihuana no necesariamente pasa después a la cocaína, al LSD y luego a las drogas más pesadas. No hay ningún estudio científico que indique que exista algún tipo de gradualidad ni determinismo en el consumo de diferentes sustancias ni que una conduzca a la otra. Así como el que consume tabaco no necesariamente fuma otra cosa, con la marihuana pasa lo mismo. Tener un marco legal sería muy importante como barrera al policonsumo. Respecto de la marihuana me gustaría aclarar que alrededor del consumo se constituyó una cultura cannábica, es decir, hay un lazo social, un lazo de contención, de sentido que hace que esto sea un ritual social y que haya un intercambio de conocimientos. No es lo mismo consumir solo, aislado, escondido, que hacerlo en compañía, aconsejado y acompañado. No son comunes las sobredosis de esta sustancia, nada que no pueda solucionar un sánguche y una coca. 

—¿Qué se puede aportar desde las legislaciones provinciales a la regulación del cannabis?

—Desde el 2001 que en Rosario venimos instalando esto. Está perfecta la regulación del cannabis medicinal, pero vayamos un poco más allá. ¿Por qué prohibir el uso recreativo del cannabis? ¿Por qué prohibir ciertos goces? El cannabis no genera problemas sociales, sí problemas con la ley que se producen a partir de su penalización. Si vos vas a manejar no podés manejar fumado, como no podés manejar alcoholizado. Si chocás en ese estado está bien que sea un agravante. La cuestión moral es tan fuerte que no se plantea la importancia de regularizar una sustancia que es placentera y sin embargo es tan importante para todo el sector. Hablemos de los consumos no problemáticos, porque eso también nos va a permitir entender qué se tiene que regular y qué no. El problema en el fondo es la doble moral que hace juzgar a quienes producen y consumen como si fueran narcos, sin complejizar lo suficiente en la problemática.

Publicado en el semanario El Eslabón del 26/07/25

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