En su cuarto libro –Bicho sin dueño– el periodista y escritor santafesino Leonardo Pez reúne poemas escritos al calor de la pandemia. El abuelo peronista y sabalero, la Masacre de Trelew, los derechos humanos y el saldar deudas con la niñez.
“Nací un martes a las 22.15 de un año campeón mundial, regido por el signo de Aries. Si me defino me limito, pero unas buenas pistas no se le niegan a nadie. Chico tímido animado por la palabra. Poeta, periodista, profe. Por momentos, agente de prensa. Elija su versión favorita. Escribo y hablo de libros y discos en distintos medios, actualmente en El Litoral y Radio Nacional Santa Fe. Soy Licenciado en Ciencias de la Comunicación, casi politólogo, sabalero y salmón. Poligonal, como uno de mis artistas favoritos, Roberto Jacoby”, así se presenta y se define Leonardo Pez, quien llegó a este mundo –más precisamente en Santa Fe– en el glorioso 1986. A poco de publicar Bicho sin dueño, sucesor de Querés un mate? Diálogos e-pistolares (UNL, 2012), Bursinia (Corteza, 2014) y Ricardo (La Gota, 2015), el autor dialogó con El Eslabón sobre su pasión por la literatura, los procesos creativos y la historia de un país marcado por las dictaduras, el fútbol y las palabras
Bicho de ciudad
“Cuando me pongo a pensar en el momento en que empieza a surgir el libro hay un momento bastante concreto que es la pandemia”, destaca de entrada Leo, y detalla:
“En 2020 me comunico con José Villa, que es un poeta de Martín Coronado, que conocí justamente en un Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR) en 2015, porque yo ya venía con esta idea dando vueltas de hacer un poemario. Tenía pocos poemas escritos, pero había como una intención, una pulsión, una necesidad de narrar lo que yo venía procesando de otra manera en el periodismo. Una visión un poco lateral de mi ciudad, de sus alrededores, de la zona costera, y también la historia familiar”. A partir de ese encuentro, Pez y Villa se dedicaron durante casi dos años a trabajar los textos que conformarían la obra. “Fueron cien encuentros clavados virtuales, nos encontrábamos martes, miércoles, jueves a la mañana en general, pero con una disciplina suiza o alemana como se suele decir, y eso implicó realmente llegar al resultado final que es la publicación del libro”, repasa el también docente, y agrega: “A medida que me llegan las devoluciones, las lecturas y también en la medida en que yo voy leyéndolo noto que aparece un poco ese tránsito entre la adolescencia tardía o extendida y la adultez. Hay algo ahí, como dice un escritor amigo y mentor para mí que es Alfredo Di Bernardo, que pareciera que en la segunda parte del libro yo estoy saldando cuentas con mi niñez, con algunos dramas personales. El primer poema, Copiloto, dice «en casa espera mamá, vino para dos, agua saborizada, dramas cociéndose a fuego lento». Y en cierto sentido, pensándolo ahora, quizás los dramas que se van cociendo a fuego lento, se han ido cociendo a fuego lento a lo largo de mi historia, pero aparecen bastante concretos en este libro”. Al respecto, Leonardo refiere a su abuelo que, entre otras cosas, le inculcó la pasión por el Sabalero: “Aparecen mucho esos dramas de la historia familiar, ese abuelo materno que trajo el peronismo, que trajo a Colón a la familia y que se murió viendo en la televisión la masacre de Trelew, era una historia que yo quería contar. Por el lado materno tengo tres tíos desaparecidos que si bien no están nombrados específicamente en estos poemas, uno puede leer ciertas consecuencias de cómo se aniquiló una familia”.
Otra de las cosas que Pez se propuso plasmar en su poemario es la adolescencia. “Para mí tuvo dos parteaguas, porque en el mismo momento en que yo estoy transitando esa etapa, nos mudamos del barrio en el que viví entre los 2 y los 14 años y eso implica pasar de la escuela de toda la vida a un colegio de varones. Esos dos cambios me impactaron mucho”, rememora, y argumenta. “Lo que quise presentar en el libro tiene que ver un poco con algunos dramas que vengo arrastrando, algunos que vienen de la familia y otros de mi historia particular, y también mucho de olfatear y caminar la ciudad, que es algo que me apasiona”
Viejos libros
En cuanto al surgimiento de su pasión por la literatura, Leonardo no duda en señalar la biblioteca de sus padres: “Vengo de una familia muy lectora. Voy a la casa de mis viejos y hasta el día de hoy tienen una biblioteca enorme, muy diversa, ecléctica. Uno va encontrando un libro al lado de otro que no entiende porqué está ese, después aquel y después aquel otro y eso tiene que ver también con mi manera de leer. Tengo una lectura desordenada, pero bastante variada, diversa, y soy de leer muchos libros a la vez. Hay algo que viene de ese origen. Incluso mis viejos me contaron que se conocieron haciéndose chistes casi poéticos y así se engancharon. Y del lado de mi mamá vengo de una familia que también jugaban mucho con las palabras. Hay una mezcla, una combustión de todo eso. Siempre me gustó jugar con las palabras, leer, me encantaba lengua, me encantaban los dictados. Lo que en su momento era una manera de expresarme casi única, porque era muy tímido, con el tiempo se fue transformando en un oficio”.
Por último, en torno a influencias, Pez menciona a Antonio Di Benedetto, “una referencia absoluta, desde la narración, desde el tono que tiene”; a Fabián Casas, “lo estaba leyendo mucho cuando empezó a surgir Bicho sin dueño”; a Fernando Callero, “un escritor, poeta todoterreno concordiense que vivió buena parte de su vida en Santa Fe”. Y concluye: “Después la lectura tiene que ver con etapas de la vida, en un momento leía mucho a la uruguaya Marosa di Giorgio, de más chico a Tolkien, en otro momento a Mario Benedetti, a Julio Cortázar, y otro autor que me gustó mucho y ya que estamos trazando este puente Santa Fe Rosario es Osvaldo Aguirre, que tiene muchas facetas, desde el periodismo por supuesto pero que a mí me llegó mucho desde la poesía, y que el hecho de haber leído El Campo en su momento me sirvió mucho para escribir poemas más largos”.
El viernes 1° de agosto, Leonardo Pez presentará su poemario Bicho de ciudad en Santa Fe, junto con Carolina Tapia, cantautora y poeta bonaerense que viene de publicar Mamífera. La cita es en Del otro lado libros, de 25 de mayo 2867, con entrada libre y gratuita.
El Chaparral no es lo que se dice una canchita
Si seguís el camino de ortigas te topás
con la estación de trenes vieja
loj ranchito llenos de humo de la última quema
bolsas de consorcio orejas negras de timbó
trapo remera toalla bermuda
ya me cansé
de ser tu amor
jugamos con la penalty que trajo Facu
hasta que el cuero aprende los colores de la tierra
“un minuto de silencio che”, grita
el Castrilli del barrio
Papá Guille Pancho Igna Facu y unos pibes de acá
El abuelo mira otro partido
en la tele
la pelota asoma al arco
rival como bicho
sin dueño
Publicado en el semanario El Eslabón del 26/07/25
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