La escritora Marina Porcelli, experta en el deporte de los puños, destaca la figura –arriba y abajo del ring– de Alejandra Oliveras, que murió el pasado lunes. Sus luchas por la equidad salarial y contra la violencia de género.
Alejandra Oliveras nunca se sintió tan visitante como el 20 de mayo de 2006, cuando enfrentó en Tijuana, México, a la bravísima Jackie Nava, toda una eminencia del boxeo femenino, y gran candidata en esa pelea. Las tarjetas seguían parejas pese a las dos caídas de la dueña de casa, gracias a las bondades de jueces localistas, típico en este deporte.
En el octavo llegó su momento cúlmine. Con la izquierda, su mano menos fuerte (porque unos asaltos antes había sufrido una fractura en la derecha) noqueó a Nava y alzó el primero de seis títulos mundiales. “Esa pelea la construye como la boxeadora que va a ser”, remarca Marina Porcelli, escritora, ensayista, autora de varios artículos sobre pugilismo. “Ganar de visitante y a Jackie Nava, fue una hazaña. La presión dentro de ese ring debe haber sido enorme”.

Apenas le ponen el micrófono y le piden sensaciones de tamaño triunfo, la Locomotora pide un deseo: que salgan buenas boxeadoras, no importa de qué país. “Esa defensa de la disciplina, casi en un nivel existencial, la tiene desde el principio. No tiene una mirada burócrata del deporte, todo lo contrario”, resalta la también autora del Fanzine de boxeadoras, y agrega que “cuando gana esa pelea, da la sensación de que no lo podía creer, y se pone a hacer acrobacias arriba del ring. Como diciendo «les regalo esto». Un momento muy hermoso y de mucha emoción”.
Segundos antes, con el estadio aún en shock por la derrota local, Alejandra también gritó que buscaba novio. Garra y carisma, toda una señal del personaje que estaba naciendo.
En la vía
De origen humilde, Alejandra Oliveras continuó con la “lógica” de referentes del pugilato surgidos de la extrema pobreza. “Entre los orígenes del boxeo está la llegada a Buenos Aires de los marineros ingleses que peleaban. Una de las figuras deportivas más importantes de la época es Jorge Newbery, que forma parte de las clases más acomodadas, a partir de cierta imitación de modas europeas. Eso también está dentro de los orígenes del boxeo en Argentina”, explica esta experta que dicta cursos sobre historia del boxeo femenino, y continúa: “En la década del 20, ya con la figura de Firpo, con la legalización, aparecen los estudios que marcan que hay un cambio de narrativa: el boxeo aparece como una posibilidad de ganar dinero, de trabajo, y empiezan a participar otros sectores sociales”.
Otro aspecto similar además del orígen, es el final. Generalmente trágicos, a temprana edad. Apenas 47 años tenía la Locomotora cuando ingresó al hospital Cullen, de la ciudad de Santa Fe, por un ACV isquémico y una trombosis en la carótida derecha. Cuando aparecían indicios de mejora, sufrió una embolia pulmonar masiva y murió.

Sus 6 títulos mundiales cayeron en el olvido al mismo ritmo que crecía su figura por apariciones en la tele, primero, después en redes sociales, y en el último tiempo en política. Lo que siempre permaneció en ella, destaca Porcelli, fueron sus reclamos de igualdad de género, paridad salarial con los boxeadores, reconocimiento de la versión femenina (y trans) del deporte. “El mejor homenaje que le podemos hacer a la Locomotora es darle cabida a los reclamos”, sostiene la autora de la columna Nocaut Lírico, en las páginas de PlayBoy México.
“Ella es de la primera camada de boxeadoras tras la legalización, que ocurrió desde el 25 de marzo de 2001. No hay tantas voces que salgan a decir esto. Y ella lo dice casi contra todo el mundo. Primero un reconocimiento como boxeadora. ¿por qué las mujeres no podemos boxear? El tema de la equidad salarial. Ella está todo el tiempo comparando con los varones. Y la otra es la erradicación de la violencia de género. Viene de una historia terrible”, en la que su ex marido le pegaba estando embarazada. Porcelli subraya que “hay en esas propuestas algo que ella mantendrá a lo largo de su carrera y después del retiro”.
El pasado que vuelve
Tras el retiro, Alejandra Oliveras le puso manos a la obra –no de una rival– a la ayuda comunitaria. Para quienes tenían poco y nada, como ella de chica, colaboró en la repartija de alimentos en comedores durante la pandemia y montó un gimnasio en una zona humilde de la ciudad de Santa Fe, con acceso libre y gratuito. Marina Porcelli cita a Sergio Víctor Palma, campeón mundial de la categoría Supergallo y poeta: “Él decía que se llevaba a las patadas con eso de ser «ex boxeador». Como si no existiera esa categoría de «ex». Algo de seguir formando parte, y de darle al boxeo lo que el boxeo les dio, es una narrativa que se repite”.
Por eso, añade la especialista, la Locomotora “solía decir que el boxeo le salvó la vida. Y cuando escuchamos a los detractores, no escuchamos lo que sí les dio el boxeo”.
En los últimos años, la mayoría de títulos y consagraciones en este deporte llegaron al país a través de las boxeadoras. Pero no así su reconocimiento. “El periodismo deportivo se debe y tiene una deuda enorme con el boxeo femenino, lo mismo que dirigentes e instituciones”, acepta la historiadora, y cierra: “Hay que reflexionar sobre ese ninguneo a las boxeadoras, con esas pagas tan reducidas, por qué ni siquiera se las considera ni técnicas, ni noqueadoras”.
Un round de amor
Multipremiada por su obra literaria (cuentos y ensayos), traducida a varios idiomas, Marina Porcelli era una piba en la década del 90 cuando “hubo una explosión del boxeo”. Se recuerda sentada frente a la tele encendida en una pelea. “Y yo ahí, medio hipnotizada con eso”, dice.

Nadie en su familia, agrega, seguía ese deporte de los puños. “Sí les gustaba el deporte: mi abuelo jugaba al básquet en Atenas de Córdoba”. Tiempo después se topó con el cuento de Jack London, Pedazo de carne: “Ahí me enamoré para siempre del boxeo”.
En la última década, combinó ese amor por el deporte y la escritura con la carrera de Historia en la UBA. Parte del resultado del estudio y la investigación se verá en octubre, con el lanzamiento de su próximo libro: Boxeadoras. No tan distintas. Mujeres que pelean en Buenos Aires.
Publicado en el semanario El Eslabón del 02/08/25
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