El alza de homicidios en Rosario, ¿es indicio de una vuelta al desborde o es el simple rebote de una ola superada? Del Frade, Font y Lascano, destacados analistas, comparten sus reflexiones sobre un flagelo de profundidades oscurísimas.

La sorpresiva y pronunciada baja de homicidios de 2024 en Rosario y provincia de Santa Fe comenzó a revertirse lenta pero sostenidamente en lo que va de 2025, y se encienden las primeras alarmas. En el Departamento Rosario el número de asesinatos de enero a julio creció un 15 por ciento en su comparación interanual, según datos oficiales publicados en la semana por el Observatorio de Seguridad Pública, integrado por el Ministerio Público de la Acusación (MPA) y el Ministerio de Justicia y Seguridad. En toda la provincia se sumaron 122 homicidios intencionales, seis hechos más que en el mismo período del año pasado. Las balaceras siguen a la orden del día y se vuelve a respirar un aire pesado. Tres destacados especialistas del fenómeno de la narcocriminalidad que desde distintos ámbitos locales vienen trabajando sobre esta problemática el diputado Carlos del Frade, el criminólogo Enrique Font y el periodista Hernán Lascano, coinciden en que nadie puede garantizar cómo continuará la saga. Y cada uno aporta su análisis particular sobre este presente.

Los datos oficiales no hicieron más que ratificar lo que se respira sobre todo en las barriadas a pesar de la mayor presencia de tropa y móviles: las bandas relacionadas al narcomenudeo siguen en actividad y la supuesta paz alcanzada pende de un hilo.

El propio gobernador Maximiliano Pullaro, en el precoloquio de Idea del martes pasado, admitió: “En seguridad no estamos bien”, aunque valoró: “Pero estamos mejor: de 290 homicidios hace dos años en Rosario, bajamos a 90 el año pasado”.

Las nuevas balaceras y los hechos sangrientos contrastan con el forzado optimismo del discurso oficial. Aunque la baja de homicidios se mantiene, y aún está presente como contraste el peor momento que fue aquel marzo de 2024, cuando las bandas narcos salieron a matar al voleo, la sensación es que existe una violencia contenida siempre a punto de volver a estallar. 

El informe del Observatorio muestra que en el Departamento Rosario se registraron entre enero y julio del año pasado 65 asesinatos reportados, mientras que en los primeros siete meses de 2025 el número trepó a 75.  Se trata de diez crímenes más en siete meses.

Un “crimen bisagra” y “menos guita”

El diputado provincial Carlos del Frade dedicó buena parte de su vida como periodista a investigar la narcocriminalidad en Rosario. Publicó desde los años 90 varios libros que son fundamentales para entender el fenómeno, como Ciudad blanca, crónica negra; País narco y la serie Geografía narco, entre otros. Sobre el alza de homicidios luego de la baja de 2024 consideró que se trata de un rebrote que “tiene un punto de inflexión concreto: el 9 de noviembre pasado, cuando lo matan a Pillín (Andrés Bracamonte) y a (su mano derecha, Daniel “Rana”) Attardo”. 

“Ahí empezó a darse una mayor intensidad de la violencia urbana. Fue matar a la cabeza de un grupo muy importante de distintos negocios ilegales con protección policial. Y a partir de ese momento –incluso nosotros se lo advertimos al propio Gobernador– empezaba otra cosa”, sintetizó Del Frade. Y agregó una segunda hipótesis del endurecimiento de la violencia: menos dinero en circulación.

“La baja de homicidios fue sólo un paréntesis, siempre lo dije y por eso me odian. Pero se abrieron otras disputas por territorio como consecuencia directa de la falta de dinero de las bandas narco policiales barriales en Rosario”, señaló. “De acuerdo al último informe que hicimos hay alrededor de 70 que se multiplican, se subdividen y entonces necesitan un dinero que ya empieza a dejar de estar, por más que sea muy fácil conseguir drogas en todos los lugares”, continuó el legislador, quien enmarcó el fenómeno en un contexto mucho más amplio que lo local.

“En Rosario como en Buenos Aires, Entre Ríos, Mendoza, Tucumán y Córdoba, que son las principales provincias argentinas, hay cada vez más drogas absolutamente liberadas. Esto tiene que ver con decisiones de los gobiernos. En determinado momento se redujeron los homicidios, porque no hubo tanto conflicto por la disputa de territorios, pero eso tuvo un límite. Y el límite es la cantidad de guita”, sostuvo.

Del Frade corrió además el telón de fondo social detrás de las balaceras y crímenes: la vida de infierno en los barrios de la ciudad. “Los chicos no solamente consumen más, sino que cada vez más se ponen como vendedores y eso genera que tomen deuda con sus proveedores, hasta que les dicen que les van a matar a un familiar, están en infinita soledad, muchos se suicidan. En los barrios hay estructuras económicas que no responden para nada a las cuestiones de normalidad o legalidad, préstamos y maneras de saldar esos préstamos, sistemas de alquileres y detrás del negocio de la falopa siempre hay bandas narcopoliciales. Si a eso le sumamos que el Estado recortó asistencia en centros de salud locales, la situación es desoladora. Y si en algún barrio hay algo de tranquilidad es porque las organizaciones sociales recuperaron parte del tejido social que estaba destruido, no por la presencia de las fuerzas federales”, recalcó el actual diputado provincial.

Y volvió sobre el caso de Pillín Bracamonte y su pesquisa: “Todo se ha reducido a la banda Los Menores y la investigación va sólo por ese lugar y nada más. Detrás hay 25 años de apoyo policial a Pillín que de pronto se termina. Eso es un tema absolutamente político porque la Policía depende del Poder Ejecutivo, no depende del espíritu santo. Entonces, claramente, ahí hay algo que investigar por arriba ¿Quién ordenó el crimen de Pillín? ¿Quién hizo posible que en la tribuna de Central no haya ni una bandera que pida justicia por Pillín? Ni la familia actual pide justicia por Pillín. ¿Qué pasó con los empresarios que se favorecían con Pillín cuando ganaban las licitaciones como Poet en el Estado santafesino? ¿Qué pasó con el dinero que manejaba Pillín vinculado a la venta de las transferencias de jugadores, de Di María para acá, como está demostrado además en la Justicia? ¿Qué pasó con las segundas y terceras líneas que formaban parte de una de las principales bandas narcopoliciales barriales que tiene Rosario?”, se preguntó Del Frade. 

En ese sentido, añadió: “De todo eso no se habla, es increíble. Hay una masa de hechos, que desconocemos, que no aparecen en los medios, que no aparece en el discurso político oficial, pero que efectivamente está ocurriendo. Hay una ciudad de Rosario, que es una ciudad archipiélago, como siempre decimos, donde hay un montón de islas que funcionan de una manera que nunca llega al conocimiento público de parte de la política y de los medios. Eso algún día va a estallar”.

No hay nada que festejar

Enrique Font, abogado y criminólogo, ex secretario de Seguridad Comunitaria de la provincia e investigador y profesor titular de la cátedra de Criminología en la UNR, viene cuestionando desde un principio de la actual gestión del gobierno provincial los datos que exhiben sobre el delito, aunque destacó que los datos del Observatorio sobre homicidios “son fiables”. “Cuando habla de que son 23 cada 100.000 habitantes en Rosario, esa es la tasa”, afirmó. 

“La baja que hubo, la cual se la adjudica Pullaro, es una baja que efectivamente sucedió, pero lo que está pasando es que ahora hay un incremento”, admitió el especialista y comenzó a desgranar de manera crítica: “No hay una producción de información que demuestre, que nos permita conocer qué es lo que realmente está sucediendo en términos de balaceras. La información que uno recoge, más bien de lo que sucede en los barrios, es que el tema nunca terminó de resolverse en realidad”. 

“Después tenemos un problema muy grande, que es que Pullaro por un lado, (la ministra de Seguridad nacional Patricia) Bullrich por el otro, no siempre de manera coordinada, se atribuyen la baja de los homicidios como resultado de sus políticas, pero nunca las explican. O sea, no sabemos bien qué es lo que sucedió para que eso baje”, planteó el criminólogo, y siguió: “Eso no me parece menor porque han dado explicaciones contradictorias, incluso. A veces te dicen que es por el trabajo que hicieron en las cárceles, otras veces por la presencia policial, otras veces te dicen que es porque han hecho un desembarco evangelista en los barrios… no hay una explicación consistente. Ahí hay un problema grave. Para evaluar una política vos necesitas que te presenten esa información”, se quejó Font.

“Rosario y en décadas anteriores en el Departamento La Capital (Santa Fe), se caracterizaron por subas inusitadamente repentinas y altas de los homicidios. En Rosario, a partir de 2010, se empieza a insinuar pero estalla en 2013. Pega saltos que triplican o cuadruplican la tasa comparable para ciudades similares en la Argentina. Y son fenómenos muy significativos que cuando tenés una baja, aunque sea leve, ya los gobiernos empiezan a cantar victoria. Y la realidad es que en Santa Fe, incluso reconociendo la significativa baja que hubo en el primer año de la gestión de Pullaro, la tasa está por encima de los niveles que se consideran de epidemia de la violencia. Más de 10 homicidios en 100 mil habitantes se lo considera una epidemia de la violencia. Esa tasa nunca estuvo por debajo de 10. Rosario nunca volvió a acercarse a las tasas pre-2013, en un país en donde en general las tasas de homicidio llevan diez años de descenso sostenido”, subrayó. 

Cambios y fluctuaciones

“No se han hecho grandes modificaciones en un elemento clave que es la Policía. Creo que sí ha habido cambios en la Justicia Federal, cambios de los últimos años, no tan recientes, que empiezan a evidenciar un cambio en la forma en que la Administración de Justicia Federal trabaja algunas causas. El hecho de que (el juez federal Marcelo) Bailaque haya tenido que renunciar y esté bajo proceso penal no es un tema menor porque fue poner en evidencia algo que algunos hace diez años que lo veníamos denunciando, otros lo descubrieron el año pasado. Pero es un mensaje hacia la Administración de Justicia Federal respecto de que todo lo que se toleró ya había llegado a un nivel de escándalo que se volvía insostenible”, remarcó Font.

“El Ministerio Público de la Acusación creo que también cambió algunas de sus prácticas y para mí la modificación más significativa tiene que ver con que hoy el Ministerio de Seguridad controla en gran medida al MPA, ese no es un órgano independiente. Le dieron un poder de fuego significativo a la Policía, con la decisión de federalizar el tema narcomenudeo, o sea las pequeñas causas. ¿Por qué digo esto? Porque hoy la Policía puede con un Ministerio Público Fiscal que está controlado por el Poder Ejecutivo, decidir a dónde allana y a dónde no, cuando quiere, sin muchas vueltas. Eso, con la Justicia Federal no la tenían tan fácil. ¿Eso qué te permite? Empezar a regular el territorio. Todos los datos indican que en Rosario se comercializa tanta cocaína como se comercializaba hace tres años, cuatro años, diez años. ¿Qué cambió? La capacidad de regulación que tenés con la regulación legal/ilegal, que te da la posibilidad de que un MPA, controlado en gran medida por el Poder Ejecutivo, le dé a la Policía órdenes de allanamiento donde la Policía quiera”, apuntó el criminólogo.

Ilustración: Facundo Vitiello | El Eslabón

“Y eso es una forma de pacificar, entre comillas, el territorio, porque le decís «muchachos, siguen vendiendo, pero aflojen con los tiros». Dicho esto, siguen pasando cosas raras. Fíjate que una banda como la de Los Menores tenía pedidos de captura, tenía causas abiertas, eran vistos dando vueltas por la ciudad, pero estuvieron prófugos varios años hasta que estalló el escándalo por el asesinato de Pillín Bracamonte”, evidenció. 

“Entonces –continuó Font– el contexto es de una precariedad muy significativa, por eso creo que vamos a seguir viendo esta fluctuación con cierta mayor capacidad de regulación que tiene que ver con todas estas variables. Y también es verdad que se empezó a tener cierta mayor presencia policial en el territorio, aunque sabemos que la capacidad del patrullaje policial para prevenir homicidios es muy baja, pero pasás de casi cero a una presencia que empieza a acercarse a un estándar más razonable”. 

Y concluyó: “Una vez que se estabiliza, es probable que los números empiecen a subir de nuevo, quizás no al nivel 2013, ni el de los últimos años por encima de 20. Pero insisto, aún en baja, triplicamos las tasas de ciudades comparables”.

Grupos en reposicionamiento

Hernán Lascano, actualmente periodista de La Política Online, a cargo de la sección Policiales de La Capital durante veinte años hasta 2024, y coautor de Los Monos: historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno, consideró que todavía merece atención la brusca caída de homicidios y cómo se reacomodaron ante los cambios los viejos actores y cómo surgieron nuevos. 

En cuanto a los datos que marcan una tendencia al alza de los homicidios, analizó que “siempre pasa que cuando baja –y eso está muy estudiado en México, en Colombia–, hay cimbronazos; lo que no sabemos aún es si son meros cimbronazos o vienen a quedarse y estabilizarse en un punto más alto”, destacó Lascano.

“Las dinámicas de lo que se llama la violencia altamente lesiva, lo que tuvimos en Rosario a partir de 2013, cuando se duplicó la tasa de homicidios, se afianzó en el tipo de fenómeno criminal que es básicamente la dispersión en muchas bandas del control de una economía delictiva del comercio urbano de drogas. Lo que pasó ahí en esa fragmentación es que se rompieron dos regulaciones: una que tenía una banda con supremacía sobre las demás, o mejor dos o tres bandas sobre el resto; yo diría que eran las de Alvarado, la de Medina y Los Monos. Y la otra cuestión es que se rompió la regulación policial en ese momento, que no es que no hubiera fenómeno criminal, pero no se expresaba de una manera extremadamente cruenta como se dio a partir de 2013. Entonces, pasaron un montón de cosas. Y ahora eso se atemperó”, sintetizó el comunicador. 

“Cuando la violencia de alta lesividad empieza a menguar, eso nunca es algo que no tiene ramalazos, que no tiene nuevos picos, repeticiones. Hay un montón de explicaciones (sobre la nueva alza de homicidios) porque en definitiva las organizaciones no es que hayan desaparecido, sino que por distintas cuestiones se replegaron, en un momento donde cambiaron muchas cosas. Cambió la presión sobre el mundo penitenciario, hubo una nueva normativa que le dio mucho más poder a los fiscales provinciales dentro del control del narcomenudeo, hubo también una coordinación entre el gobierno nacional y el gobierno provincial que existió de hecho. También hubo cierta recuperación del espacio público con la fuerza de seguridad. Y todo eso contribuyó a que se diera a eso que pasó en 2024, que fue que la tasa de homicidios cayó un 65 por ciento, que es algo que tiene poco parangón. Pero bueno, al cabo de ese tiempo están pasando distintas cosas y hay varios grupos que se están reposicionando”, amplió.

“A la fecha en Rosario tenemos 79 homicidios. Faltan tres meses para terminar el año y seguramente 2025 va a terminar con más de las 90 muertes de 2024. Que es un registro que no se daba desde 2006 cuando la economía criminal de la droga, que empujó la violencia hacia arriba, era todavía poco desarrollada o estaba mejor regulada”, destacó el periodista. 

“Esto es un poco más alto que el año pasado pero de modo sensible y no abrupto. Por ahora, está dentro de la regularidad estadística. Hay que tener en cuenta que 2022 terminó con 290 homicidios en Rosario. Si termináramos con 30 homicidios más que el año pasado sería significativo, pero 120 homicidios hace un año en Rosario habría sido aceptable por cualquier analista criminal o de gobierno”, acotó Lascano. 

“Hay sí algunas cosas para analizar. Lo que se modificó fuerte, por ejemplo, es lo que sucede en Villa Gobernador Gálvez. Allí hubo 4 homicidios el año pasado para esta altura del año y hoy tenemos 14. Eso es significativo. Con respecto a lo cuantitativo, Rosario está bastante estable. Y la tasa de homicidio no puede medirse sin una correspondencia con los heridos de arma de fuego porque muchas veces la diferencia entre una muerte y un herido es mínima o azarosa. Los homicidios están repuntando levemente pero los heridos de arma de fuego en Rosario este año caen en relación al año pasado. Lo que sí aparece es un tipo de homicidio que está dando cuenta de movimientos de organizaciones criminales que viene desde el año pasado. Como el de Samuel Medina, “el Gordo Samu”, yerno de Guille Cantero. También claramente el de Andrés Pillín Bracamonte. Y ahora los ocurridos en barrio Hospitales como el de Juan Domingo Ramírez, que es un sicario de Los Monos de la época del Pájaro Cantero”, detalló.

“¿Qué tienen estos homicidios? Que no se mata en masa, al voleo, como antes, sino que hay una modalidad más de tipo selectiva, quirúrgica, pero en personajes relevantes ligados al mundo criminal. Y eso debe llamar la atención de las agencias penales porque produce retaliación o venganza. Lo que hay es una dinámica que no es sólo la disputa territorial común –los tiratiros en la calle saldando disputas barriales– sino la intención de consolidar poder sacando gente del medio. Luego sí ocurren casos, como en todo ciclo, de alto impacto, o asesinatos por error como los que predominaban antes de 2024 y fueron cayendo”, describió Lascano.

 “Por ejemplo, el caso de María Florencia González, asesinada frente a un búnker de drogas en Empalme Graneros. Eso muestra que la dinámica de la economía barrial de la droga está, es del todo obvio, pero este tipo de homicidio que es muy impactante ha ido dejando de ser típico”, consideró el cronista especializado.

Publicado en el semanario El Eslabón del 16/08/25

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