En el marco de la nueva edición del partido que divide la ciudad, historiadores ligados a los dos clubes destacan la importancia de resguardar la memoria y traen al presente duelos icónicos, con sus curiosidades y mitos.
El clásico posta más antiguo de la Argentina fue, es y será Newell’s-Rosario Central. Parte de la prensa porteña-hegemónica, fiel a su estilo, se las ingenió para decir que el primero fue River-Racing, aunque es sabido que la rivalidad de uno es Boca, y la del otro es Independiente.
Los historiadores e hinchas canayas Germán Alarcón y Carlos Durhand, y sus pares leprosos Lucía Salinas y Leonardo Volpe –convocados por El Eslabón ante el choque de este sábado en el Gigante de Arroyito– eligieron sus clásicos favoritos, desmitificaron otros, y subrayaron la importancia de conocer, y hacer conocer a nuevas generaciones, el pasado que hizo grandes a ambos clubes.
El primer clásico filmado, la final más larga de la historia, los hermanos invencibles, y en el que se escuchó por primera vez un cantito de cancha, son algunas de las historias que visten esta nota.
Pasan los años, pasan los jugadores
Pasan los dirigentes, los buenos y los malos. Los momentos virtuosos y los no tanto. Títulos y rachas adversas. Descensos y ascensos. Clásicos ganados, perdidos y empatados. Los que guardan gloria eterna y los que caen en el olvido. Luchas de socios ganadas y luchas perdidas. De todos estos hechos están compuestos los clubes. Para mantener viva esa llama, están las y los historiadores.
Lucia Salinas, más que como historiadora, se define como docente. De ahí el mote de La Profe. “Es muy importante preservar las identidades de los clubes de fútbol”, destaca, y pone de ejemplo a Newell’s. “Es un club tan rico en historia, porque nacimos siendo una escuela y continuamos haciendo escuela. Por eso considero clave seguir contando a nuevas generaciones de leprositos y leprositas acerca de estos orígenes, de los que estamos tan orgullosos”.
Para tal fin, recomienda los libros de la colección Grandes historias para pequeños leprosos, en la que participó en Los sueños de Isaac y Faustinogoool. “La escuela de Isaac fue realmente un proyecto de vanguardia, único. No sólo trajo el fútbol sino que unió la educación con el deporte”.

Germán Alarcón, por su parte, destaca que su atracción por la historia va más allá de la materia que tuvo en la secundaria: “De chico me gustó saber el origen de las cosas, desde un equipo de fútbol hasta una banda de música”.
Ahora –primero en redes sociales y luego en el libro de su autoría El origen de la grandeza– busca contagiar su pasión por el pasado a actuales y nuevas generaciones de centralistas. “Es importante contar, divulgar, cuidar la historia para no olvidar sucesos importantes para los clubes. Y no sólo divulgar eso por los sucesos en sí, sino por los actores, las personas que los protagonizaron, que hicieron mucho por los clubes. El tiempo es tan jodido que muchas veces esos sucesos y personas quedan en las sombras, en el olvido”.
Leonardo Volpe, periodista deportivo que colabora con el Departamento de Cultura en el Equipo de Investigación Histórica de Newell’s, busca “integrar la historia como ciencia investigativa a los eventos deportivos, especialmente al fútbol porque –dice– es una parte integral de la sociedad humana”. Mantener en vigencia eso que pasó, remarca, “es fundamental porque rescatar el pasado y reconstruirlo es una manera de traerlo al presente para recordar los orígenes”.
Carlos Durhand, reconocido fanático de los números, se ve “más que como un historiador, como un estadígrafo”. Es de aquellos que aprendió a leer con la revista El Gráfico. “Primero empecé a recolectar estadísticas en papel, ahora en la PC”. A sus bases de datos, que tiene a montones, las considera “sus hijos”.
Opina que “una de las grandes deudas que tienen Central y Newell’s es resguardar la historia, tener en sus páginas oficiales y redes sociales más cosas que tengan que ver con el pasado y no sólo con las figuritas actuales, como pueden ser Di María o Banegas”. Porque –subraya– “un pueblo sin memoria tiende a desaparecer”.
El partido
El derby pionero tuvo lugar en Plaza Jewell (el estadio de Atlético del Rosario) en 1905, en el marco de la Liga Rosarina de Fútbol. Con gol de Faustino González, lo ganó Newell’s. Por eso es el clásico preferido de La Profe Salinas. “Es asombroso pensar que en las tribunas estaba Isaac viendo a sus ex alumnos jugar en su nombre y representando los colores de la escuela”, relata emocionada, y resalta que los hermanos González (Faustino, Manuel y Caracciolo, fueron “imbatibles en clásicos”.
Tampoco puede faltar el empate en dos y posterior título de Newell’s en el Gigante en 1974. “Eso es insuperable”, afirma Salinas, que dio el presente en aquella “gesta histórica”. Mantiene grabada la imagen “de cuando se rompe el alambrado y la gente empezó a entrar a la cancha, entre ellos y delante de todos, una mujer: la Vieja Amelia”. Y cuenta entre risas: “Fue la última en irse. Hasta que (el DT Juan Carlos) Montes se la llevó en un auto, porque sino se quedaba varios días”.

La edición 1919 de la Copa Vila, organizada por la Liga Rosarina, tuvo de todo, le relata a este medio Durhand. Lo primero es que la final Central-Newell’s se jugó en 1920, en cancha de Gimnasia y Esgrima de Rosario. Segundo: empezó el 11 de enero, hasta la suspensión por disturbios a 7 minutos del final. Y terminó el 25 de ese mes.
“Ese era el torneo más importante de ese momento”, remarca el periodista del diario La Capital. El árbitro fue el británico Paddy Mac Carthy, “todo un personaje”. En esos 14 días entre el inicio del partido y la continuación “querían cambiar el escenario, querían jugar a las 6 de la mañana para «evitar la presencia de borrachos» como salió textual en los diarios”. Para colmo, el rojinegro jugó el puñado de minutos finales con uno menos porque “Atilio Badalini tuvo una indisposición”. Ante la igualdad persistente en los 90’ y en los 30’ de alargue, se jugó medio hora más. Recién ahí el auriazul pudo quebrar la igualdad, gracias a Jacinto Perazzo. “Fue el clásico más largo de la historia. Duró 14 días y se jugaron 150 minutos”.
Alarcón también elige una final de ese torneo, pero de 1928. Cancha del Parque Independencia, con las dos hinchadas. Ganó Central 1 a 0 con gol de José Podestá, quien fue agredido por un hincha rival “con una patada”, cuenta el historiador canaya, y sigue: “Otros de Central lo defienden, y uno le saca el botín, lo pone en un palo y empiezan a festejar alrededor”.
Además del resultado y el título, de aquel clásico destaca al público centralista. “Los medios gráficos cuentan la cantidad de chicos que había afuera de la cancha con banderas haciéndole la vida imposible a los hinchas de Newell’s”. Y fue “la primera vez que se escuchó una canción de cancha acá en Rosario”. Chicana al margen, Alarcón lee el recorte del diario: «Durante todo el partido, su público (el de Ñuls) permaneció frío, como con la derrota en el pecho».
Volpe, en tanto, elige el clásico del domingo 18 de junio de 1922 en el Parque. No sólo porque lo ganó Newell’s 1 a 0 con gol de Humberto Libonatti, sino porque fue el primero “en haber sido filmado”, bajo el patrocinio del Semanario Reflejos, “un periódico dedicado exclusivamente a brindar noticias de fútbol, turf y teatro”.
“Se captaron las mejores jugadas del cotejo, incluido el gol de la victoria rojinegra”, cuenta el historiador leproso, y agrega: “Posteriormente, el miércoles 21 de junio se estrenó la película con las alternativas más destacadas del clásico en el Social Theatre, situado en la calle Rioja 860. Luego, al año siguiente, se pasó la cinta en las principales salas de cine de Rosario como previa del clásico que jugaron el 17 de junio de 1923” que terminó 1 a 1.
Clásicos que mienten un poco
A cada historia no pueden faltarle sus mitos. Aquellas verdades parciales, exageradas o lisa y llanamente falsas, que se instalan y perduran en el tiempo entre las y los hinchas. Germán Alarcón y Leonardo Volpe, canaya uno y leproso el otro, coinciden en destacar aquel supuesto partido a beneficio de los enfermos de lepra en el que ambos clubes se ganaron sus motes: los de Newell’s habrían acusado de canallas a sus rivales por participar de la movida; y los de Central devolvieron ese señalamiento tildandolos de leprosos.
“Busqué en diarios de la ciudad, y de Buenos Aires, y no encontré ningún partido de esas características, ni siquiera que se haya organizado”, dice Alarcón. Volpe aporta que ambos apodos “existían con anterioridad a ese supuesto partido”, y por otros motivos: “«Canalla» nació en 1925 tras serios incidentes en un partido ante Belgrano de Rosario. Es sabido por fuentes de la época que en 1931 ya existía ese mote para identificar a Newell’s y de alguna manera se originó antes de ese año”.
El historiador auriazul también suma otro que vincula al Torito Aguirre: “Dicen que festejó un gol a la platea femenina de Newell’s, y que le mostró su entrepierna, otros dicen que se agarró un testículo. Y en mis investigaciones nunca encontré algo de eso. Sí hay una crónica de La Capital que habla de «gestos imprudentes»”, sin más especificaciones. “Jugando para Huracán –añade– sí lo denuncian por «gestos obscenos» a la hinchada de Newell’s y termina preso en la comisaría 6ª. Quizá ahí se produjo la confusión”.
Lucía Salinas se defiende de quienes repetían que en el duelo decisivo del 74 la hinchada rojinegra no había ingresado a las tribunas del Gigante. “Esas cosas se instalaron, pero aquellos que estuvimos presentes sabíamos que no era cierto”.
Por todas estas historias, como la de “los títulos y estrellas que se cuentan Newell’s y Central que no son reconocidas por AFA”, Carlos Durhand asegura que “se puede hacer un libro para desmitificarlas”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 23/08/25
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