Las revelaciones desatadas por el caso Spagnuolo confirman el gran verso de la supuesta honestidad de los “no políticos” y ahondan el debilitamiento de la representatividad del sistema institucional nacional, cada vez más cooptado por las corporaciones económicas monopólicas, cuya actual primera marca en los mercados electorales no deja de desvalorizarse.
La falta de respuestas oficiales claras respecto del escándalo por la difusión de los audios en los que el amigo personal del presidente Javier Milei da cuenta del pago de coimas a funcionarios por parte de una empresa que oficia de intermediaria para la compra de medicamentos destinados a la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) profundiza el malestar social que horada la convivencia democrática. Y la violencia constante que el gobierno agita en sus discursos y acciones, amparada y amplificada por sus batallones comunicacionales, se instala en el aire y vuelve sobre sus pasos.
Sin embargo, –y aunque ahora se permiten críticas y reclamos puntuales– los oficialismos de la provincia de Santa Fe y la ciudad de Rosario siguen ubicando a Milei y los suyos del lado de los “buenos” como ellos, que se autoperciben como salvadores de una ciudad y una provincia en la que, aseguran, se está muchísimo mejor que antes de diciembre de 2023, cuando todo era un infierno creado por “los malos”, esos incorregibles que ya se sabe quiénes son.
El contraste de ese tenor positivo sobre cómo andan las cosas con datos y hechos en sentido contrario es enorme.
Con las críticas situaciones de dos plantas metalúrgicas emblemáticas del sur santafesino –de las que se informa en esta edición de este periódico– y la persistencia de la fuerte reducción general de la actividad fabril como marco, el gobernador y el intendente hicieron su propia lectura de la actualidad de la producción manufacturera. “Hemos invertido 10.000 millones en subsidio de tasas para que el campo y la industria sigan creciendo”, dijo Maximiliano Pullaro. “La industria vuelve, crece y elige a Rosario”, había dicho minutos antes Pablo Javkin, también orador en el acto por un nuevo aniversario de la Bolsa de Comercio rosarina, cuyo cierre estuvo a cargo de un Milei que pasó como un rayo enloquecido que todavía guardaba un silencio absoluto sobre el quilombete con su amigo Spagnuolo.

Quien sí se refirió al tema fue Pullaro. Ese mismo viernes, en la previa del evento en la Bolsa, opinó “simplemente que actúe la Justicia, como lo hemos hecho siempre en Santa Fe”.
“Nosotros no queremos emitir opiniones políticas sobre el funcionamiento de la Justicia. Vi algunas medidas de prueba que tomó el fiscal y el juez, eso indudablemente va a arrojar certezas en la investigación. Cuando la política se mete en causas judiciales las termina politizando. Por eso, cuando la Justicia trabaja tranquila hay que dejarla hablar”, agregó aquel día en el que el run run apenas empezaba.
Ya el miércoles pasado, todavía antes de que “hablara la Justicia” y tal vez tras escuchar recomendaciones de sus asesores de campaña, el gobernador se permitió emparentar la palabra “corrupción” al caso que salpica al Presidente, dando una vuelta de tuerca respecto del tono de días antes y del que se le escuchó ante escándalos anteriores, como el de la criptomoneda Libra, ante el cual se plantó de otra manera: “No nos van a ver erosionando la figura del Presidente”.
En tren de posicionarse como distinto pero no contrario, el mandatario santafesino evitó siempre que sus señalamientos y reclamos generen alguna duda respecto de su plena coincidencia con los grandes trazos de la gestión del mileinato y también con su práctica permanente de demonización de una fuerza política que expresa a millones de personas.

Aunque en tren de distinguirse se atribuyó haber hecho de Santa Fe lo más de la Suiza Argentina pese a la falta de respaldo de la Rosada para hacer rutas, y hasta se despachó con la chicanita de “más votos y menos vetos”, en su discurso en la Bolsa Pullaro no dejó de señalar que en la Argentina de Milei “se han logrado cosas muy importantes, como la baja de la inflación”, recordó su adhesión al RIGI y al Pacto de Mayo y batió la misma que baten las fuerzas del cielo: “La gente y los mercados no quieren volver atrás, no quieren que vuelva el populismo ni el kirchnerismo, quieren mirar hacia adelante”.
Tambień Javkin la batió; y evocando el por lo menos discutible recurso libertario de apelar a una consigna unificadora de la defensa de los derechos humanos y el repudio a las dictaduras para volcarla a su campaña llamando a meter clavo en ataúdes de kirchneristas.
Intendente y gobernador fueron férreos defensores de aquel NUNCA MÁS, de comienzos de los 80, cuando todavía la sensación prevaleciente no era la de haber estado ante un genocidio de Estado, sino ante una guerra entre dos bandos igual de condenables. Décadas después, aquellos jóvenes militantes entusiasmados por Raúl Alfonsín parecen haber cambiado radicalmente su postura. De la teoría de los dos, saltaron a la de un solo demonio. Y claro, así el riesgo país se va a la mierda. Y el de la democracia, ni hablemos.
Publicado en el semanario El Eslabón del 30/08/25
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Jorge McConnell
08/09/2025 en 1:54
Reading this news is so sad. (monkey mart)