La industria de las armas moldea todos los aspectos de la sociedad israelí. No sólo su economía, sino también su cultura, y el funcionamiento de los sindicatos, las universidades y los centros de estudio. Un gran negocio en el que los lobos de Wall Street son actores fundamentales.
“Este genocidio arroja luz sobre la compleja interrelación entre el militarismo nacionalista israelí, la complicidad estadounidense, las pruebas de armas letales y los objetivos geopolíticos, todos convergentes hacia los objetivos de una guerra sostenida, la expansión colonial y la erradicación sistemática de los palestinos. En particular, revela hasta qué punto la propia existencia y función de Israel, como formación colonial de asentamientos, está orgánicamente ligada a un complejo militar-industrial expansivo que moldeó fundamentalmente su sociedad y cultura, su economía, sus relaciones de política exterior y su apoyo externo”, señala el informe titulado “El genocidio de Gaza y el complejo militar-industrial de Israel” (“Gaza’s Genocide and Israel’s Military-Industrial Complex”), publicado por el Instituto de Estudios Palestinos en árabe e inglés.
“El ataque genocida israelí contra Gaza expuso el enfoque crudo y calculado de sus operaciones militares, dirigidas específicamente contra infraestructuras civiles. Las observaciones de ex funcionarios de inteligencia israelíes, publicadas por las publicaciones israelíes progresistas +972 Magazine y Local Call, destacaron la intención estratégica de aterrorizar a la población civil mediante el bombardeo selectivo de instalaciones civiles esenciales”, agrega el estudio de 12 páginas.
Un laboratorio para probar armas con IA
El informe asegura que esta estrategia, que fue descripta por un ex oficial de inteligencia israelí como una “fábrica de asesinatos en masa”, está centrada en zonas residenciales, escuelas, bancos y edificios gubernamentales, todos considerados “objetivos de poder”.
Los informes arrojan luz sobre el sofisticado uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la guerra, en particular a través del Proyecto Habsora, también conocido como “El Evangelio”.
Esta tecnología, mediante el análisis de datos de vigilancia, automatiza la generación de listas de objetivos, lo que contribuye al elevado número de muertes de civiles en Gaza. Esta táctica representa un hito en la aplicación de la IA en operaciones militares, y Gaza se ha convertido en un escenario sin precedentes para este tipo de campañas impulsadas por IA, especialmente tras el primer ataque liderado por IA en 2021.
La industria de las armas y la sociedad israelí
El informe del Instituto de Estudios Palestinos deja en claro el lugar que ocupa la industria armamentística en la sociedad y la economía de Israel, y cómo su influencia va mucho más allá de lo estrictamente militar.
“La fundación de Israel en 1948 sentó las bases para el desarrollo de un complejo militar-industrial expansivo, intrínsecamente integrado en sus marcos económico, social y político, que se extiende más allá del ámbito tradicional de las operaciones de defensa. Este complejo sistema incorpora una amplia gama de capacidades, incluyendo la fabricación de armas avanzadas, el desarrollo de tecnología de doble uso, innovaciones en seguridad privada, inversiones estratégicas de capital y elaboradas estrategias de exportación e importación. Además, ofrece amplias oportunidades de empleo en los sectores público y privado”, señala la investigación.
Las finanzas de la muerte: de EEUU a Israel
El trabajo destaca que un conjunto diverso de actores impulsa esta matriz militarizada, ampliando su impacto más allá de los confines del ámbito militar y de seguridad para abarcar a diversos actores financieros. Estos incluyen inversores, contratistas, empresas tecnológicas y capital israelí, especialmente el proveniente del ámbito militar y financiero estadounidense.
“La influencia de las iniciativas económico-militares de Israel también permea a los sectores no militares, estableciendo vínculos de colaboración con instituciones académicas, organizaciones sanitarias, sindicatos y comunidades de investigación científica”, agrega el documento, al tiempo que asegura que esta fusión de objetivos militaristas con la vida civil ha fomentado una integración fluida de los intereses militares y económicos en toda la sociedad israelí. El resultado es una vasta red interconectada donde las agendas de las entidades económico-militares que están profundamente arraigadas a la ideología expansionista, influyendo en un amplio espectro de procesos sociales y de formulación de políticas.
Militarismo, educación y mundo académico
En Israel, asegura el informe, la interrelación entre el militarismo, la educación y el mundo académico es profunda, y las instituciones educativas fomentan normas militaristas desde una edad temprana. Esto se evidencia en la participación activa de las universidades en el desarrollo de tecnologías militares y la formación de talentos destinados al sector de defensa. Programas de élite como Talpiot y Havatzalot lo ejemplifican, dotando a los estudiantes de las habilidades necesarias para desempeñarse en empresas tecnológicas militares y de seguridad, impulsando así la economía de guerra del país.
El sector israelí de alta tecnología, fuertemente influenciado por las incubadoras de innovación militar, es un pilar de la economía nacional, contribuyendo con el 18,1 por ciento del PIB y empleando a aproximadamente el 14 por ciento de la fuerza laboral.
El crecimiento de este sector se ve impulsado significativamente por sus sinergias con el ejército, a través de contratos gubernamentales, iniciativas de cooperación e inversiones atraídas por las capacidades de doble uso de las tecnologías. Estas colaboraciones han fomentado un ecosistema dinámico de alta tecnología, repleto de startups emergentes y empresas militares y de seguridad, agrega la investigación.

En la nota titulada “Otro complejo militar industrial”, publicada en El país de Madrid el 27 de abril de 2025 y firmada por Jordi Amat se señala que, si bien Israel no se puede considerar un país altamente industrializado, la excepción son las armas.
“Mientras los grandes productores de armas venden sobre todo a los ejércitos de sus países, alrededor del 75 por ciento de los ingresos de las empresas israelíes proviene de las exportaciones”, se afirma en la nota del diario español.
“Hace algo menos de un año, el Ministerio de Defensa de Israel informó de los resultados de su complejo militar industrial. Aunque la estructura económica no se sustenta sobre la industria, las armas son la excepción. Es un ecosistema empresarial densísimo: lo integran más de 600 empresas. Y aunque desde 2023 dedican parte de su suministro al ejército en guerra, cuyo arsenal aún le permite atacar en diversos frentes, es que en conjunto las exportaciones no han parado de aumentar”, agrega la nota.
Una potencia militar sin control
“La industria armamentística israelí ocupa el décimo puesto en el comercio internacional. España ha comprado miles de misiles fabricados originalmente por Rafael, una de las tres grandes compañías de Israel”, señala el informe del sitio de noticias español El Salto.
La publicación destaca el peso de Israel en la industria armamentística y en el control de fronteras, y hace especial hincapié en la importancia que posee el rótulo “probada en combate” en el negocio armamentístico. Gaza es un gran campo de prueba para las armas, y los civiles son sus víctimas preferenciales.
Está perfectamente aceptada y normalizada la sinergia entre el sector de la Defensa israelí y los países de la Unión Europea, entre los que España no es una excepción, asegura El Salto.
La nota puntualiza que en la actualidad, Estados Unidos provee cazas F15, F16 y F35 al ejército israelí, además de helicópteros Apache. La mayor parte de las bombas que han destruido la Franja de Gaza y con miles de vidas, han sido lanzadas desde esos ingenios de la industria armamentística de EEUU. Junto a esos aviones, la “dependencia” de Israel se complementa con buques de guerra construidos en Alemania. Entre 2020 y 2021, las Fuerzas de Defensa de Israel recibieron seis corbetas Sa’ar 6, destinadas a crear un “muro naval” frente a la planicie costera mediterránea.
Salvo cazas y corbetas, el nivel de su industria ha convertido a Israel en una nación pujante, concretamente la décima en el comercio mundial –inmediatamente después de España– según el principal observatorio internacional, el Instituto Internacional para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Es, al mismo tiempo, el segundo país del mundo en gasto militar per cápita en el año 2022 –sólo por detrás de Qatar–, con un gasto de 2.623 euros.
“Es casi inimaginable que uno de los Estados más pequeños del mundo, sin ninguna riqueza mineral evidente, pueda convertirse en un importante exportador de armamento en unas pocas décadas”, escribía en Haim Bresheeth-Zabner, en su ensayo “An Army Like No Other: How the Israel Defense Forces Made a Nation” (“Un ejército como ningún otro: cómo las Fuerzas de Defensa de Israel formaron una nación”, 2020).
El propio Bresheeth-Zabner señala la motivación ideológica de la apuesta por ese sector: “Para que Israel alcanzara este estatus, tuvo que situar la producción de armas en el centro mismo de su sociedad, industria e identidad. Los inicios del complejo militar-industrial israelí son el resultado de la violencia innata en la naturaleza colonial del proyecto sionista. Para que una pequeña minoría se apodere del país y expulse a la mayoría, el uso de la violencia y la fuerza de las armas no es negociable”.
“Las exportaciones de armas israelíes se han duplicado en menos de una década y han aumentado en un 50 por ciento en tres años”, celebró el ex ministro de Defensa israelí, Yoav Galant.
Bresheeth-Zabner afirma que “para el Gobierno israelí, estar siempre en guerra es algo que cabe aprovechar. Es decir, hay mucha gente que tiene mucho poder en el país –estoy hablando tanto de los políticos, de los militares y de los empresarios, que muchas veces pueden ser incluso las mismas personas– que pueden tener un poder que a lo mejor en otras circunstancias no tendrían”.
A mediados de 2017, se estimaba que Israel representaba más del 60 por ciento de las exportaciones internacionales de vehículos aéreos no tripulados, según la estimación de la base de datos Armed Drones in the Middle East. Aunque sus tres modelos más vendidos, Heron TP, Hermes 450 y Hermes 900 pueden cargar misiles, el hecho es que en la campaña de exterminio lanzada sobre la Franja de Gaza para ese fin se han utilizado principalmente los cazas y helicópteros comprados a Estados Unidos.
En los ataques lanzados desde el pasado 7 de octubre, las Fuerzas de Defensa de Israel han empleado un nuevo tipo de bomba, llamada Iron Sting, munición de mortero de precisión fabricada por Elbit, que el Ministerio de Defensa israelí valora por su precisión “quirúrgica”. El genocidio de los últimos dos meses sobre Gaza ha servido como escaparate para esta bomba, de igual manera que la Operación Plomo Fundido de 2008 y 2009 –en la que fueron asesinados más de 1.300 palestinos– sirvió para “promocionar” el dron Heron, que ha sido suministrado a 20 países, entre los que se encuentra India, cuyas fuerzas aéreas tienen 180 de estos aviones no tripulados, Turquía, y un país no especificado de Asia.
Heron es promocionada por su fabricante, IAI, como un arma “probada en combate” y la “plataforma primaria de las FDI en operaciones antiterroristas”. Los modelos Hermes 450 y 900 fueron desplegados en la campaña contra Gaza de 2014, en la que hubo 2.400 víctimas palestinas. Desde entonces, Elbit ha recibido 120 órdenes de importación de estos drones, desde países como Azerbaiyán, que los ha usado en sus asesinatos en Nagorno Karabaj, y de miembros de la Unión Europea. IAI también ha suministrado drones a Marruecos, que los emplea para el control de la población saharaui. Elbit es una de las diez empresas del mundo más pujantes en la tecnología de las fronteras y es la responsable de la construcción de muros en distintos puntos del planeta.
Publicado en el semanario El Eslabón del 30/08/25
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