La editorial de la UNR lanzó una colección que apunta a documentar la ciudad a través de aguafuertes ilustradas. La primera entrega versa sobre los bares de Pichincha retratados por la pluma del comunicador y docente Fernando Irigaray.

“Los invitamos a caminar y perderse por las páginas de esta colección para (re)conocer la habitancia de la ciudad, su gente y su huella”, se puede leer en la página de UNR Editora respecto de la colección Derivaciones, cuya primera entrega es Deri(bar). Deriva Geonarrativa por los bares y cafés de la ciudad de Rosario, que lleva la firma de Fernando Irigaray, quien está al frente de la Dirección de Comunicación Audiovisual (DCM) en la casa de altos estudios.

“Me propuse hacer algo propio, más chiquito, saliendo un poco de las funciones colectivas que venimos haciendo desde hace tantos años con la DCM. Entonces me planteé hacer un trabajo pequeño, volver a las fuentes, a la fotografía que se había abandonado, y ahí nació la idea del libro”, señala el también Magíster en Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación.

Y agrega: “Cuando voy a ofrecer el libro a la editorial de la UNR me proponen armar una colección y ahí nace Derivaciones, que constará de seis publicaciones en total, todas relacionadas con escenarios y entornos de situaciones de la ciudad. Los próximos serán sobre manifestaciones, de Paula Sarkissian; el río, de Sebastián Suárez Mecchia; la nocturnidad, de Leticia Rigat; los pasajes, con textos de José Dalonso y fotos de César Arfeliz, y el último sobre los clubes de barrios de Mariana Terrile”. 

Si me encuentras en los bares

La elección de la temática no fue para nada difícil para Irigaray: “Es algo que me apasiona, los bares son lugares de encuentro, lugares para discutir de política, para generar ideas y proyectos, para encuentros románticos, hasta para dar o tomar clases, creo que la mitad de la tesis del doctorado la hice en bares (risas). En pandemia, entre otras cosas que uno no pudo hacer, para mí fue muy duro no poder encontrarme con otras personas, fundamentalmente en el bar, en ese espacio de sociabilidades cruzadas, y a partir de ahí salió la idea, el concepto de este libro”. 

Fernando cuenta que se trazó un planito y le puso números a las manzanas, que fueron 108 en total, por Pichincha “porque son lugares que he recorrido”. “La idea era sacar fotos con el celular y después, cuando sentía que había encontrado la foto, escribir el texto que esa imagen me disparaba en caliente, en una libreta”, repasa, y detalla: “Una de las características de este trabajo es que es un libro expandido, porque tiene un código QR que te lleva a un video en el que el autor en un minuto cuenta un poco de qué va, también trae una aplicación que se llama Story Maps, que es geonarrativa, justamente para trabajar la idea de ver el recorrido de los bares”.

“Además de las 32 fotos que están en el libro físico –agrega– hay 35 o 40 fotos más, hay una ampliación del esquema y se puede ver toda la deriva por ese lugar, y hay una playlist con los temas que me iba imaginando mientras estaba escribiendo muy variada que va desde Take Five de Dave Brubeck, que es un tema de jazz, pasando por una canción de No te va a gustar, mucho tango, murga y hasta Baglietto”.

Fernando se encarga de aclarar que más allá de documentar esa costumbre tan argentina de recorrer bares y cafés, lo que le ocurrió también fue que se le fueron despertando recuerdos y sensaciones. “En realidad no busco hablar sobre la historia de tal bar, más allá de que hay algunas referencias puntuales, sino que lo que hacía era esto de sentarme y ver qué me pasaba. Son más que nada aguafuertes, o crónica de algo que pasaba y me pasaba ahí”, admite el docente universitario.

En esa línea, argumenta: “Un bar, por ejemplo, me trajo recuerdos de la infancia porque era el lugar al que iba los sábados con mi viejo y en la semana mi abuela me daba plata para ir a tomar una Cíndor al bar ese. Otro que estaba enfrente de la escuela que yo iba me pasó de verme sentado haciéndome la chupina, en Salta y Pueyrredón, y cosas así”.

“Hay uno de los textos –adelanta– que es más una reflexión, que lo escribí con mucha bronca del momento porque estaba escuchando la radio el día que la Cámara de Diputados no pudo, o no quiso mejor dicho, dar vuelta el veto sobre el financiamiento universitario. Me acuerdo que fui a un bar, solo, y saqué una foto de un pocillo, y me puse a escribir atravesado por todas esas sensaciones”.

Por último, añade que “después hay una serie de textos que son más filosóficos, teóricos, sobre el tema de la deriva, el caminar, el encuentro, levantar la mirada por arriba de los dos metros y medio, y narrar con esta forma que es la geonarrativa y que tiene que ver con narrativa sobre el territorio”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 06/09/25

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