Pablo Feldman, director de Rosario 12 desde su fundación, analiza el papel de la prensa en las últimas décadas. De soñar con ser futbolista a cubrir el Juicio a las Juntas y viajar en el avión presidencial con Néstor. Gollán, Menem, Lanata, Milei, y la Radio Universidad.
De pibe, Pablo soñaba con ser jugador profesional de fútbol. Y asegura que era bueno. Después de los picados en el barrio, agarraba un cuadernito y le ponía puntajes a los jugadores (sus amigos y él mismo) imitando el resumen de la fecha de la revista El Gráfico. Quiso estudiar Medicina pero se descomponía cuando veía sangre y de tanto acompañar a su padre a la radio, le empezó a picar el bichito por la comunicación. Es el director del suplemento local de Página 12 desde su fundación, conduce todas las mañanas Radioactividad en la emisora de la UNR y en diálogo con El Eslabón interpela sobre el papel de la prensa en la historia reciente. “Los medios de comunicación de un tiempo a esta parte pasaron a estar en manos de grandes empresarios que los utilizan exclusivamente para tener poder, para hacer negocios de otro tipo y para extorsionar”.
Actividad radial
“El periodismo, cual institución, cual factor social, debe estar atravesando uno de sus peores momentos. Y ya es bastante largo ese momento”, sentencia de entrada Pablo Feldman, y argumenta: “No es de ahora con Milei. Era antes también cuando estaba Alberto, era antes cuando estaba Macri, pero empezó un período de descomposición mucho mayor yo diría, en los últimos 6, 7 años. Hay una suerte de confusión entre los periodistas, los empresarios, los dueños, los que tienen el medio para hacer negocios de otro tipo, para extorsionar, para condicionar. Y hay una clase, entre comillas, de supuestas súper estrellas del mainstream profesional de la radio y la televisión a los que ya el mote de periodista no los contiene. Son operadores, son voceros, son negociadores. Pero también hay una importante cantidad de trabajadores de prensa que resisten a eso y que por donde hay un intersticio pueden colar algún mensaje, aún en los medios más jodidos que están monopolizados por los grandes grupos de negocio”.
Para Pablo, hijo del doctor David Feldman –un ícono de la radiofonía rosarina que estuvo al frente durante añares del programa Los Mejores, en LT8– la debacle del periodismo se profundizó a partir de la irrupción en los medios de hombres de negocios que poco tienen que ver con el rubro y mucho con el poder. “Creo que es porque ha incursionado en el mundo empresarial del periodismo otro segmento más acostumbrado a la prebenda y a los negocios con el Estado y con el Gobierno, aplicando esas mismas técnicas. Acá en Rosario uno ve la del tero: Cacarean en un lugar y al huevo lo ponen en otro. Aprietan por un lado porque quieren el parque eólico, aprietan por otro porque quieren el estacionamiento medido y así. Los medios de comunicación ahora, si ves la procedencia, el origen, las características de los propietarios, vienen de los mercados financieros, de las mesas de dinero, de empresas del Estado, prestatarias de servicios. El medio es una herramienta, un instrumento para sus otros negocios. Dejó de ser un derecho y dejó de ser un fin también, para pasar a ser un medio para otro tipo de cosas, despreciando el derecho a la información y transformándose en una mercancía transaccional”.
Yo laburé para (Alberto) Gollán (amo y señor del Grupo Televisión Litoral, dueño de Canal 3 y varias emisoras radiales), que había sido Intendente de la dictadura, la de Lanusse. Ahora, Gollán, que por supuesto no era un hombre de convicciones democráticas porque si no, no hubiera aceptado ser comisionado de facto, era un empresario de medios. No tenía Canal 3 y luego Radio 2 para quedarse con la Empresa Provincial de Energía. No tenía esos medios para poder operar y ver si se quedaba con la concesión de Aguas. Y en ese ida y vuelta de periodista a empresario, en algunas cosas nos poníamos de acuerdo y cuando no había acuerdo yo me iba. Y no me echó nunca. Cuando fui a firmar a Canal 3, le dije a don Alberto, porque yo soy muy futbolero: «Si usted lo trae a Orteguita después no le pida que no gambetee, para eso no lo traiga». Y me dio la razón, la verdad no tuve nunca ningún problema. Y siempre dije lo que quise y lo que no dije, no lo dije porque no quise”.
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Para Feldman, a quien se lo puede escuchar de lunes a viernes de 7 a 9 en Radio Universidad, uno de los responsables de este nuevo paradigma fue Carlos Saúl Menem. “El Turco fue el que en algún punto abrió la puerta a ese tipo de negocios del Estado, o con el Estado, y los medios de comunicación. El tipo era un encantador de serpientes. Imaginate lo que era con los empresarios que además le ofrecían grandes negocios. Esos empresarios después de hablar con él volvían a su despacho, llamaban al jefe de redacción y decían esto no, esto no, vamos por acá. Y eso se fue degradando con el tiempo hasta alcanzar los niveles de mayor abyección que se fueron viendo con el tiempo. Gente que acá decía una cosa y cuando se iba a Buenos Aires decía otra totalmente distinta. Lo hemos visto con colegas nuestros, que acá hablaban de la dignidad, de los derechos humanos, la inclusión, la diversidad sexual, y resulta que después allá decían todo lo contrario”.
Otro antes y después se produjo en el momento en que Clarín deja de presentar de otra forma la información para directamente pasar a negarla. “Transforman definitivamente a ese medio de comunicación tan grande en una herramienta, un instrumento de presión política, económica. Recordemos lo que fue la ley de medios, una de las leyes más debatidas de la historia argentina y la borraron de un plumazo. Me acuerdo que Lanata, el otro Lanata que yo conocí y que fundó con nosotros Rosario 12, hizo un mapa extraordinario mostrando y explicando todo eso. Después, al no poder vencerlos, se unió a ellos. Es una demostración muy clara de lo difícil que se hace mantener distancia de los grupos de poder”.
Tras hacer un repaso de los cambios a los que tuvo que irse adaptando a lo largo de las más de cuatro décadas de laburar en los medios –la teletipo, la radio a válvula, el fax (“meter un papel acá y que salga en Buenos Aires era algo que no lo podíamos creer”), la revolución de internet–, Feldman se toma un tiempo para hablar de la irrupción de las redes sociales: “Son una cloaca pero que tienen efectivamente su parte buena y favorable, gente que se ha reencontrado y esas cosas”, compara, y ejemplifica: “Es como la energía nuclear, podés hacer un tomógrafo o una bomba. Las redes sociales, hoy por hoy, también están coacheadas por los que tienen la guita. Los mailing, los algoritmos para manejar, conducir, decidir el consumo, atacar a alguien, deshacerse de otro, todo eso lo siguen manejando los mismos tipos que tienen el vento como para poder hacerse poderosos con eso. Hay una resistencia, obviamente, de gente con imaginación, con talento, con osadía, que utilizando esa misma herramienta trata de acomodar, emparejar o por lo menos sobrevivir”.
El periodismo en la sangre
Más allá de la herencia paterna, Pablo refiere como uno de los orígenes de su pasión por la comunicación al hecho de registrar los picaditos que jugaba en el barrio durante su infancia.
“Yo hubiera querido ser futbolista. Es más, hoy a los 63 años cambiaría de profesión sin dudarlo, si pudiera volver a los 16, 17 años para ser jugador de fútbol. Y no era malo. Esto es una boludez que lo diga ahora, porque no hay manera de comprobarlo ni corroborarlo, pero me daba cuenta en el pan y queso por ejemplo”, rememora sonriendo, y sigue:
“Cuando terminábamos de jugar en el campito, me iba a mi casa y agarraba una libretita que mi vieja me había cosido, un cuadernito, y hacía lo que en esa época hacía El Gráfico, que era ponerle puntaje a los jugadores y comentar el partido. Al día siguiente, sobre todo en vacaciones, les leía la crónica y me comía las puteadas de mis amigos. Y por supuesto era bastante poco humilde con mi puntaje” (risas).
“Después intenté ser médico pero no podía ver sangre que me descomponía, una pérdida de tiempo absoluta, así que me fui a Comunicación Social. Y ahí estaban Lo Ré, el Nene Molina, Elbio Córdoba, toda esa banda con la que empezamos a hacer algunas cositas, muy domésticas. Y al mismo tiempo acompañaba a mi viejo a la radio, porque si mi viejo hubiese tenido un taller de auto capaz que yo hubiera sido mecánico, y una vez que entré, me gustó. Al poco tiempo, año 81, Alberto Gonzalo, un periodista muy conocido en la ciudad, un tipo de derecha, pero honorable que iba al frente y se lo aguantaba, me ofreció laburo y acepté con muchas ganas porque era laburar fuera de la órbita de mi viejo. Ahí atendía teléfono, redactaba noticias que leían otros, toda la colimba. Iba al móvil, cubría las elecciones de los centros de estudiantes y ya con la recuperación de la democracia empecé a caminar solito, para decirlo de algún modo”.

Pablo estuvo en el Juicio a las Juntas en 1985: “Fui el único periodista de Rosario acreditado, algo que en su momento me daba orgullo y ahora me da tristeza porque vi los alegatos completos, vi el Nunca Más de Strassera, escuché la sentencia, fui a unas 70 sesiones y es una de las cosas que más atesoro de mi trabajo periodístico”.
Viajó a la vieja Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): “Era el Festival Mundial de Juventudes, tenía 22 años y me subió (Eduardo) Aliverti a ese avión porque Aliverti en esa época, año 85, era Mick Jagger. Y te digo más, (Alfredo) Leuco viajó al lado mío y besó los adoquines de la Plaza Roja” (más risas).
Y también compartió el avión presidencial con Néstor Kirchner. “Néstor me llamó en un momento y me dice: «Vení rosarino, decime, ese Reutemann ¿es o se hace?». Le contesté sin saber a qué se refería «Es y se hace» y me dijo «tenía razón Cristina, entonces», y me guiñó el ojo. Íbamos a Venezuela y estaba Leuco también. No digo que era chavista, pero estaba ahí nomás. Esas cosas no las termino de entender. Puedo comprender cambios de matices o de posiciones cuando uno se pone más viejo, pero los principios son los principios. Estos son marxistas pero por Groucho Marx que decía estos son mis principios, si no les gusta acá tengo estos otros. Un espanto”.
Ante la consulta de cómo se hace radio hoy, en este mundo nuevo del streaming, redes, en el que cualquiera dice o publica cualquier cosa, Pablo afirma: “No es casualidad que yo haya emigrado de un medio como Radiofónica aunque la habíamos puesto primera en audiencia. Yo después le puse Fachofónica y se enojaron los muchachos (risas). Me fui a Radio Universidad porque me convocó Gerardo Martínez Lo Ré, que era el director, y porque ya era insostenible. Lo hablé con mi mujer y coincidimos que era el momento ideal, que era algo organizado, armado, y mucho mejor que irme a los portazos o de emergencia. Y en Radio Universidad hago lo que siento, periodismo de autor, tratando de decir algo que otros no dicen. Y que lo puedas hacer de tal modo que sea atractivo y creíble. Creo que ese es el capital que queda en el periodismo”.
Por último, antes de despedirse, Pablo pone en palabras lo que significa el periodismo en su vida: “Es fundamentalmente un oficio, mucho mejor si lo estudiás y le agregás bagaje académico, formación. Y es un oficio tan digno y tan necesario como cualquier otro que esté vinculado con lo público. Es una profesión de servicio y aquel que no tenga vocación de servicio sólo la podrá encontrar como una salida laboral pero no no va a sentir la pulsión de ver qué estará pensando alguien cuando lea lo que escribís o de saber que desde una máquina de escribir, desde un micrófono, desde una camarita o ahora con los teléfonos y todo eso, podés generar en la gente una instancia de reflexión y en el poder una incomodidad que, estoy convencido, es lo que necesariamente debe generar el periodismo”.
Fotos: Gentileza revista Barullo
Publicado en el semanario El Eslabón del 13/09/25
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