Flamante campeona de la Copa Santa Fe con Social Lux, Ayelén Simiani repasa su historia con la pelota en dos clubes pioneros. Sentido de pertenencia, militancia y formación de las más chicas, las otras victorias.
—Aye, no sabés la cantidad de chicas que había jugando.
Ayelén Simian escuchó eso de su hermana Lara, que volvía de su primer partido con Villa Mitre de Villa Constitución, su tierra natal. “Eran como 20 equipos, no podíamos entender cómo eso estaba pasando”, recuerda ahora en diálogo con El Eslabón.
El término pionera, a Ayelén le sienta muy bien. Contagiada por su hermana, arrancó a jugar en ese equipo de amigas que desde 2013 se transformó –personería jurídica mediante– en el Club de Fútbol Femenino Villa Mitre, el primero con papeles en la provincia. A la par, pero en Rosario, Social Lux empezaba a abrir las puertas de Pascual Rosas 403 a las mujeres que querían ser futbolistas. Allí también jugaron juntas las hermanas Simiani. “El título de pionera en Social es algo hermoso, y así fue como también lo sentimos en Villa”, remarca Ayelén.
El título que la enorgullece ahora es el de la Copa Santa Fe que Mercadito, como se conoce al club de barrio Ludueña, consiguió el domingo 14 de septiembre. Le ganó por penales (tras el 4 a 4 en el global) a Unión en una final épica: a 15’ del final perdía 2 a 0, y logró la remontada para forzar los penales. En esa instancia ganó 3 a 2. Ayelén convirtió el suyo: “Hoy, con el diario del lunes, ganar así es soñado”
Estoy Verde
Uno de los dos hermanos que fundaron el club en 1940 era carnicero. Y el almacén donde ofrecía sus cortes se llamaba Mercadito Lux. El nombre de la entidad social y deportiva convivió con el nombre del local hasta 1959, cuando debió cambiarlo por una exigencia legal. Así nació Social Lux, y lo de “Mercadito” quedó de apodo.
Entre los jugadores más destacados que vistieron la camiseta verde (y el buzo) están el Patón Nahuel Guzmán y Vanina Correa. Ambos con pasado en la Selección Argentina, uno siguió su carrera en Newell’s, la otra en Rosario Central. El club también se dio el lujo de incluir en su equipo de veteranos al Trinche Carlovich. “Hay algo maravilloso que tiene Social que es el sentido de pertenencia. Yo lo veía desde afuera y no lo entendía. Cuando crucé esa puerta, te cambia absolutamente”, reconoce Ayelén, que se vino a Rosario a estudiar Ciencia Política, y que también llegó al club invitada por su hermana.

“Hay y hubo muchísimas jugadoras en Primera de AFA y en el exterior que salieron de acá. Antes había que hacer otro tipo de paso”, recuerda esta referente. Los clubes grandes de la ciudad aún no se hacían eco de aquello que proponía Social Lux en la víspera de la popularización del fútbol femenino. Y muchas tuvieron que emigrar.
Al respecto, la futbolista comenta que “nuestra tarea es preparar mejor a las nenas para que lleguen a esa instancia con muchísimas más herramientas de las que nosotras tuvimos, más preparadas en todo sentido, más listas en cuanto a saber sobre lo que implica la vida del fútbol femenino”. Y añade: “Muchas veces nosotras pasamos por cosas que no están tan buenas, pero como no había experiencias previas nadie nos pudo contar. Hoy contamos con esa experiencia, con jugadoras que tuvieron pasos por distintos clubes, y podemos contarles a las más jóvenes para que vayan más preparadas para vivir todo eso. Eso tratamos de hacer día a día con las inferiores de nuestro club”.
Mercadito tiene ese qué sé yo
Desde México, donde vive y juega, el Patón Guzmán mostró en sus redes sociales cómo vivió la definición por penales del club que fue su primer amor. Tal como el arquero estampó en su buzo y guantes alguna vez las imágenes de las Malvinas y el pañuelo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las camisetas verdes de Social Lux también han apoyado las causas del colectivo LGTB, de derechos humanos, Pocho Lepratti.
Ayelén Simiani asegura sentir el palpitar “de las familias que se involucran, particularmente en el fútbol femenino. Llevan a las nenas de todas las edades, se hacen amigos, grupos de trabajo maravillosos”. Y sigue: “Quizá no cuentan con un montón de recursos materiales, pero se compensa con un hambre de gloria infinita, que hace que todos hagamos cosas por amor”.

En lo personal, asegura que el Verde “es un club que te llena, te enamora. A mí me cambió la vida absolutamente. En Villa Mitre fui muy feliz, pasé por otros clubes en los que fui feliz. Pero Social me trajo una felicidad jugando a la pelota que yo en algún momento había perdido”.
El club, que tras los festejos por Copa Santa Fe busca enderezar el rumbo en la Liga Rosarina, tiene aproximadamente a unas 100 niñas jugando a la pelota. Acorde a la demanda y al protagonismo de las mujeres en su historia reciente, hace dos años creó la Subcomisión de Fútbol Femenino.
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“Hay una conexión con jugar desde el deseo, desde la construcción colectiva que no se ve en muchos lugares. El fútbol femenino de Social tiene una dinámica tan distinta a lo que viví, que creo que eso fue lo que me trajo hasta acá”. Ayelén eligió estos colores para compartir cancha con su hermana, y por la historia de la entidad: “Sabía de esta construcción, esta lucha de tantos años. Tratamos de honrarlo todos los fines de semana en la cancha, y por fuera de la cancha”.
Cuenta que desde la nueva área dedicada el femenino “trazamos líneas de trabajo fundamentales, para llevar el proceso formativo de la manera más amorosa y respetuosa posible”. Y explica: “Lamentablemente, al fútbol femenino también le llegan muchos vicios del masculino. Como tiene cosas maravillosas el fútbol que amamos, también tiene cosas feas, y muchas veces termina viciando al femenino de eso. Entonces, es una tarea diaria que eso no ocurra”.
Copadas
“La verdad que fue un partido muy duro”, admite Ayelén Simiani. El buen resultado (empate en dos) que se trajeron de Santa Fe en la final de ida ante las tatengues, se caía a pedazos en la revancha en casa. “El primer tiempo nos costó aplicar lo que habíamos entrenado en la semana. Por momentos se sentía lejano el empate, por cómo se daba el trámite del partido”. No era para menos. A los 16’ del complemento Unión ganaba 2 a 0 y se encaminaba al título. Pero una ráfaga de goles locales entre los 31’ y los 37’ llevó la definición a los penales.
“Todo el tiempo que estuvimos abajo –aclara la protagonista– el equipo tuvo mucha personalidad. Fue una muestra de carácter”. Y esa inyección anímica se transformó en confianza desde los doce pasos.
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Le digo que si les daban a guionar la final, no distaba mucho de lo que pasó. “Hoy, con el diario del lunes, es soñado. Pero ayer nos reíamos y decíamos «qué necesidad de sufrir tanto». Pero en Social es así, si no se sufre parece que no llega. Y fue de esa forma. Hoy es mágico pensar cómo se dio todo, como lo fuimos viviendo, el trámite del partido. Es realmente maravilloso”.
En los momentos complejos del partido revela que pensó “en la historia que representa” la camiseta que lleva puesta, y hasta que esa final se perdía. Esta militante política y feminista que empezó a jugar al fútbol a los 18 años, (“tarde, por lo injusta que ha sido la historia con las mujeres”) asegura que siempre se está a tiempo para jugar: “Que cualquier mujer de cualquier edad se junte con cinco amigas y se ponga a patear una pelota porque es maravilloso”.
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Publicado en el semanario El Eslabón del 20/09/25
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