Desligarse de la gestión de Milei que apoyaron hasta acá, es lo más común que puede apreciarse en las fuerzas amuchadas por Provincias Unidas, junto con el interrogante sobre el resultado de su próximo debut en las urnas.
Que Maximiliano Pullaro y los principales referentes de la alianza que conduce desde la Gobernación hayan asumido posturas y acciones que aportan a poner freno al deterioro de la calidad de vida de la gran mayoría de los argentinos y argentinas, acentuada al son del mileinato, es una novedad que vale celebrar pero también cuestionar y repudiar.
A cuenta de lo celebrable va la mencionada funcionalidad a los recientes traspiés legislativos que abonan el continuo debilitamiento del gobierno nacional, pero el contapreso que inclina la balanza para el lado de los cuestionamientos y repudios no es menor: por lo reciente, repentino y brusco, el viraje huele más a oportunismo y especulación electoral que a revisión genuina y duradera del enfático apoyo al gobierno de Milei y su modelo que lo precede.
De hecho, llega en plena campaña para el próximo 26 de octubre, cuando se complete en todo el país el turno electoral que comenzó en Santa Fe muy tempranamente, en abril pasado. Por entonces, Pullaro oficiaba de amigo fiel del Presidente incluso cuando estallaba el caso Libra. Y su vicegobernadora Gisela Scaglia celebraba las señales de entendimiento entre su jefe partidario Mauricio Macri y los libertarios, que esperaba ver plasmado en Santa Fe. “Si hay un acuerdo nacional, en la provincia podríamos ir juntos con LLA para diputados nacionales”, consideró a fines de enero pasado.

Nueve meses después, no mece la cuna de la criatura que finalmente parieron Macri y Milei. Prefirió ponerle ovarios a otros vínculos, de los que nació la bautizada Provincias Unidas, cuyo alumbramiento revirtió la dispersión que se preveía de cara a la compulsa del mes que viene en la familia que gobierna Santa Fe. Así, Scaglia renovó su acatamiento a la autoridad de Pullaro, que la eligió como primera dama para este nuevo tablero electoral.
En el anterior para la misma categoría, en 2023, Unidos para cambiar Santa Fe jugó dividido. Pese a haber contado para saldar diferencias internas con la herramienta de las Paso, radicales y macristas fueron por un lado y socialistas y afines por otro.
Que ahora, sin primarias de por medio, esas tres fuerzas hayan confluido, es llamativo y seguramente incidió en legisladores y legisladoras que las representan en las cámaras nacionales, como por ejemplo los que el año pasado fueron parte de los que Milei calificó como “héroes” de su tropa, de la que ahora desertaron.
En ese sentido, un ejemplo bien ilustrativo es el de Germana Figueroa Casas, encuadrada en el PRO santafesino presidido por Scaglia, ante las iniciativas en favor de las universidades públicas aprobadas en el Congreso pero rechazadas por Milei. En 2024, avaló el veto presidencial que quedó firme.

Ahora, tras abstenerse en la votación de la sesión del mes pasado en la que fue aprobada, en la del último miércoles votó en favor de la ratificación de la ley impulsada por la comunidad universitaria que Milei también había vetado.
Claro que se registran hace décadas y en todos los espacios este tipo de incongruencias. Pero si se cotejan las de las listas que se presentaron en la provincia de Santa Fe para las elecciones de octubre, ninguna emparda las apreciables en la apadrinada por Pullaro y encabeza por Scaglia, con el socialista Pablo Farías y la radical Melina Giorgi como escoltas.
Esta última semana, la decisión del gobierno libertario de repartir ATN a Santa Fe y otras tres provincias expuso nuevamente lo confuso y cambiante de las opiniones de Gobernador y Vicegobernadora, cuyos tonos de oposición a la administración libertaria fueron menores a los de otros funcionarios, como el ministro santafesino de Obras Públicas Lisandro Enrico: “Es un gobierno que absolutamente no tiene sentido del valor de la palabra. No tienen registro de la realidad, viven encerrados en una oficina de Buenos Aires, desconocen que más allá de la General Paz hay un país”, fustigó. “Me cansé de que nos boludeen como gobierno provincial, como santafesinos”, testimonió después.
El empeño por presentar como modelo de consenso contradicciones y ambivalencias tan pronunciadas y evidentes no cesa. Y si se pregunta Provincias Unidas por y para qué, una respuesta creíble es la necesidad de encontrar un buen escondite para la adhesión al mileinato y sus políticas que, si no lo único, es lo más coherente del derrotero de los socios de esa alianza en los últimos dos años, en los que apostaron a ser los mejores exponentes del credo que adora ajuste, equilibrio fiscal, apertura de importaciones y otros mandamientos en la misma línea y con los mismos efectos devastadores de la calidad de vida de la mayoría de los habitantes del territorio nacional.
Publicado en el semanario El Eslabón del 20/09/25
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