El presidente Donald Trump intimida, humilla e insulta a periodistas desde sus redes sociales y su ejército de trolls. Obligó a levantar programas, y presentó demandas millonarias contra multimedios que no lo apoyan. Un comentario que fastidie al magnate puede costarle a quien lo emitió 15 millones de dólares o más.

Una característica muy marcada en los líderes de la ultraderecha mundial, además del uso permanente de la mentira, es el cinismo, y la tergiversación perversa de las palabras para hacerlas significar lo que les conviene, entre otros muchos ataques a la razón, la verdad, los consensos cognitivos, y el orden simbólico. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, suele decir de sí mismo que es “un firme defensor de la Primera Enmienda”, la que protege la libertad de expresión y de prensa. Como suele suceder: no sólo es falso, sino que la verdad está en las antípodas de las palabras del falsario.

Trump “redefinió” el concepto de “libertad de prensa” de manera perversa: para su particular mirada, propia de un dictador, es el poder de decidir qué periodistas tienen acceso a la Casa Blanca, retirando las credenciales a medios críticos, y reemplazándolos por trolls, blogueros, podcasters e influencers alineados con las facciones más de ultraderecha del Partido Republicano.

Además, insulta, amenaza y humilla a periodistas y opositores desde su propia red social (Truth Social). Otro ejemplo de cinismo: “truth” significa “verdad”. El mismo que patentó la expresión “hechos alternativos” para ocultar sus mentiras, el mismo que utilizó como pocos las “fake news” (noticias falsas, operaciones de prensa, puestas en escena) buscó ese nombre como una forma de lograr que la realidad toda bese su ya añejo trasero, un deseo que expresó claramente y sin eufemismos.

Pero hay más: también demanda sistemáticamente a los informadores que son críticos con él, o simplemente amenaza con hacerlo, a sabiendas de que los elevados gastos legales disuaden a otros de cuestionar a Trump y constituyen un perfecto mecanismo de autocensura. 

A esto se suman las reformas legales que impulsa su gobierno con tal de minimizar la transparencia y controlar el discurso mediático sobre su figura y sus presuntos logros, que a menudo los datos no respaldan.

El presidente de EEUU, Donald Trump, “lidera la represión gubernamental más severa de los tiempos modernos contra las instituciones mediáticas”, según The New York Times

“Donald Trump no está haciendo América –como acá llaman a EEUU– más grande. La América de Trump es cada vez más estrecha y oscura”, asegura el corresponsal de DiarioAR en Washington, Andrés Gil, en la nota titulada “Periodismo en riesgo: Trump amenaza la libertad de expresión en EEUU con su acoso a las voces críticas”.

Contra Associated Press

En enero de 2025, Trump exigió que los medios usaran el término “Golfo de América” en lugar de “Golfo de México”. La agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) se negó y, entonces, como represalia, a sus periodistas se les revocó el permiso para cubrir las actividades presidenciales en la Casa Blanca. La agencia presentó una demanda por violación de la Primera Enmienda

La Justicia falló a favor de AP, ordenando su reincorporación de sus periodistas, y declarando la exclusión como “represalia inconstitucional”. Intervinieron en el caso el Tribunal Federal del Distrito de Columbia, la Oficina del Asesor Legal de la Casa Blanca, y el equipo legal de la agencia, encabezado por Floyd Abrams.

AP fue reincorporada, y el gobierno se comprometió a no condicionar el acceso a la Casa Blanca por su línea editorial. “La exclusión de AP fue una represalia directa por negarse a adoptar una narrativa oficial impuesta por el Ejecutivo”, consideró Abrams.

Contra el New York Times

Trump presentó una demanda en Florida contra The New York Times, cuatro de sus periodistas, y la editorial Penguin Random House. Exigió al menos 15 mil millones de dólares “por difamación y calumnia”. El escrito judicial acusa a los demandados de publicar artículos y un libro en 2024 que, según Trump, dañaron gravemente su reputación personal, empresarial y política.

Entre las publicaciones cuestionadas se encuentra el libro titulado Un perdedor afortunado: cómo Donald Trump despilfarró la fortuna de su padre y creó la ilusión del éxito (“Lucky Loser: How Donald Trump Squandered His Father’s Fortune and Created the Illusion of Success”), además de una nota editorial que lo calificaba como “no apto” para gobernar. 

Los abogados del mandatario aseguraron que estas obras provocaron pérdidas millonarias, incluyendo un impacto directo en el valor bursátil de Trump Media and Technology Group (TMTG).

“Un juez federal de Florida desestimó el viernes la demanda por difamación presentada por el presidente Donald Trump contra The New York Times cuatro días después de haber sido interpuesta, calificándola de «improcedente e inadmisible» en su forma actual”, publicó el diario demandado en la nota titulada “Un juez desestima la demanda de Trump contra The New York Times’’.

El diario neoyorquino agrega que el juez dio 28 días a los abogados de Trump para presentar una demanda modificada.

“La demanda, en la que se pedían 15.000 millones de dólares por daños y perjuicios, acusaba al Times y a cuatro de sus periodistas, así como a la editorial Penguin Random House, de menospreciar la reputación de Trump como hombre de negocios de éxito”, agrega el diario estadounidense.

“Pero el juez Steven D. Merryday, del Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Medio de Florida, dijo que la demanda de 85 páginas del presidente era innecesariamente larga y divagante. Criticó a los abogados de Trump por esperar hasta la página 80 para presentar una acusación formal de difamación, y por incluir, antes de ella, decenas de páginas «floridas y enervantes» en las que se prodigaban elogios al presidente y se enumeraban una serie de agravios”, agrega The New York Times.

“Una demanda no es un foro público para vituperios e invectivas”, escribió Merryday. “No es una plataforma protegida para despotricar contra un adversario”, dijo el magistrado, al tiempo que puntualizó que “cualquier denuncia debe limitarse a 40 páginas”.

La nueva demanda se produce tras amenazas recientes contra el New York Times por un artículo que vinculaba a Trump indirectamente con Jeffrey Epstein, el financiero acusado de pedofilia y fallecido en 2019 en las extrañas circunstancias en las que suelen fallecer los que saben demasiado, y encima tienen una lista. Trump insiste en que cortó lazos con él mucho antes de que sus delitos salieran a la luz.

El 27 de mayo de 2020, Netflix lanzó la serie documental Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico (en inglés: Jeffrey Epstein: Filthy Rich). Se basa en el libro 2016, del mismo nombre, escrito por James Patterson, John Connolly y Tim Malloy. 

Contra el comediante Jimmy Kimmel

El programa nocturno de Jimmy Kimmel fue suspendido “indefinidamente” por la cadena ABC tras comentarios del comediante sobre el asesinato del activista conservador Charlie Kirk. El presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), Brendan Carr, sugirió que Jimmy Kimmel debía ser suspendido y dijo: “Podemos hacer esto por las buenas o por las malas”. 

Trump celebró la suspensión en su red social Truth Social: “Felicidades a ABC por tener finalmente el coraje de hacer lo que había que hacer”. 

En cuestión de horas, ABC suspendió el programa de Kimmel, una medida sorprendente que ha suscitado serias preocupaciones sobre la Primera Enmienda.

“Los funcionarios de Trump están abusando repetidamente de su poder para detener ideas que no les gustan, decidiendo quién puede hablar, escribir e incluso bromear”, dijo la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) en un comunicado citado por el portal CNN en español. 

“Las acciones del Gobierno de Trump, junto con la capitulación de ABC, representan una grave amenaza para nuestras libertades de la Primera Enmienda”.

En el monólogo del lunes por la noche, Kimmel dijo que la “pandilla MAGA” estaba tratando de sacar provecho político del asesinato de Kirk. MAGA, siglas del eslogan Make America Great Again (en español, hacer a Estados Unidos grande de nuevo), es el nombre que se le suele dar al grupo de seguidores del presidente Donald Trump.

Según el sitio de noticias del Reino Unido BBC, Kimmel afirmó en su monólogo del lunes 15 de septiembre por la noche: “La pandilla MAGA está tratando desesperadamente de caracterizar a este chico que asesinó a Charlie Kirk como cualquier cosa que no sea uno de los suyos y haciendo todo lo posible para sacar provecho político de ello”.

A diferencia de otros casos, no hubo demanda formal contra Kimmel, pero Carr insinuó que la FCC podría revocar licencias de emisoras que transmitieran el programa.

Las estaciones locales transmiten por el espectro público, por lo que la FCC se encarga de otorgar licencias a las estaciones de televisión y radio y de garantizar que operen en “interés público”. Si bien la renovación de licencias puede ser un proceso que consume mucho tiempo para las estaciones, y que se produce cada ocho años, generalmente no genera inconvenientes: la FCC no ha negado ninguna renovación de licencia en décadas. 

“Décadas de captura regulatoria han creado jurisprudencia que favorece fuertemente a los licenciatarios actuales”, dijo el abogado de interés público Andrew Jay Schwartzman a CNN el año pasado.

Pero Trump amenazó repetidamente a los titulares de licencias de televisión mientras hacía campaña para la reelección, y ha continuado haciéndolo desde su escritorio en la Oficina Oval. 

Carr es el ariete trumpista en su ataque a la prensa y ya abrió varias investigaciones, y demandó ante la Justicia, a empresas de medios que Trump no aprecia.

Cuando criticar cuesta muy caro

En 2024, la cadena ABC acordó pagar 15 millones de dólares para cerrar una demanda de Trump por difamación, según informó el diario El País de Madrid el 14 de diciembre de 2024. El caso giraba en torno a unas declaraciones del presentador estrella de la cadena, George Stephanopoulos, en vivo durante un programa.

“La cadena de noticias ABC y su principal presentador George Stephanopoulos han acordado pagar a Donald Trump 15 millones de dólares para resolver una demanda por difamación, interpuesta por el presidente electo por los comentarios hechos por el comunicador sobre el caso de la escritora E. Jean Carroll”, informó Swissinfo.

La demanda, interpuesta el pasado 15 de julio en la corte del distrito sur de Florida, acusa a Stephanopoulos, de hacer las declaraciones con malicia y conociendo que eran falsas.

En la querella legal, Trump acusaba a Stephanopoulos, presentador del popular programa This Week With George Stephanopoulos, de haber declarado falsamente en varias ocasiones que el presidente electo había sido declarado culpable por violar a Carroll.

En mayo de 2024, un jurado condenó a Trump, por entonces presidente electo, por abuso sexual (por insertar sus dedos en la vagina de Carroll sin consentimiento en un episodio sucedido en los años noventa en los vestuarios de unos grandes almacenes), así como por difamarla posteriormente. El jurado declaró a Trump responsable de abuso sexual, pero no de violación, y lo obligó a pagar 5 millones de dólares a Carroll. 

El acuerdo con ABC requiere que la empresa de medios pague los 15 millones a una “fundación presidencial y museo que se establecerá por o para el demandante”, según documentos judiciales. Además, la cadena tendrá que pagar 1 millón de dólares en honorarios de abogados de Trump y junto a Stephanopoulos emitirá declaraciones de “arrepentimiento”. Con el acuerdo la cadena de noticias, el periodista y el presidente electo evitan un juicio que estaba próximo a empezar.

El censor

Según CNN en español, Carr es un miembro de larga trayectoria de la FCC que este año se ha convertido en un defensor cada vez más visible del Gobierno de Trump. Es un abogado que se unió a la FCC como empleado en 2012 y se convirtió en comisionado, designado por Trump, en 2017. 

Tras la reelección de Trump, el presidente electo lo designó para presidir la agencia reguladora. Carr ha sido un habitual en Mar-a-Lago así como en Fox News, y a principios de este año mostró su lealtad a Trump usando un pin dorado con el rostro del presidente en la solapa.

Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones

Desde la elección de Trump, Carr ha pasado a la ofensiva, amenazando a las cadenas con acciones de cumplimiento e investigaciones por supuestos agravios contra Trump y el movimiento MAGA. También tiene una presencia activa en redes sociales y no teme mostrar sus preferencias: Carr reaccionó inicialmente a la noticia de la suspensión del programa de Kimmel en ABC con un GIF de baile celebratorio de la serie The Office. El jueves por la mañana, escribió en X que estaba “contento de ver que muchos radiodifusores están respondiendo a sus televidentes como se pretendía”.

Saltó a la fama en 2024 después de escribir el capítulo sobre la FCC en el plan conservador conocido como Proyecto 2025, un manual de estrategia elaborado para Donald Trump por la Heritage Foundation (una usina de pensamiento ultraconservador) y colaboraciones de más de un centenar de grupos de la extrema derecha religiosa y decenas de exfuncionarios del por segunda vez presidente norteamericano. El primer día de gobierno, Trump sostuvo que solo hay dos géneros y son los asignados al nacer. Y luego ordenó el cierre de todas las oficinas de Estado federales que se dediquen a diversidad e inclusión. Prohibió los tratamientos médicos para menores de edad trans, entre una avalancha de medidas y anuncios antiderechos.

Publicado en el semanario El Eslabón del 27/09/25

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Un comentario

  1. Bryson Hogan

    23/10/2025 en 3:42

    You can use Melons to build buildings that aren’t possible, rockets to attach to furniture, vehicles to build, or bombs and switches to Melon Sandbox set off complicated chain reactions.

    Responder

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