El escritor y corresponsal en Londres de Página 12 Marcelo Justo pasó por Rosario para presentar El regreso de la noche, su primer libro de cuentos. La militancia, el horror de la dictadura, la huida y el exilio.

La gran mayoría de los textos que componen El regreso de la noche fueron publicados previamente en la contratapa de Página 12, medio del que Marcelo Justo es corresponsal en Londres. Son relatos ficcionados, pero a la vez no. Nacieron de los sueños y la necesidad los volcó en el papel. El libro se presentó en Rosario el pasado jueves 25, en el espacio cultural Mística QTP. Se puede conseguir en las librerías Mandrake (Rioja 829) y Homo Sapiens (Sarmiento 829).

Más allá del pasado, que se le sigue apareciendo por las noches, el presente –sobre todo el de nuestro país– también lo desvela. “Nadie sabe cuánto va a durar Milei pero todos sabemos que tiene fecha de vencimiento, sea ahora o un poco más tarde. El problema es que va a dejar tierra arrasada”.

Siempre se vuelve

“El momento de la pandemia fue un momento especial en el que todos nos enfrentamos con la muerte. Y en el caso de un argentino, claro, ese enfrentamiento remite inevitablemente a la época de la dictadura militar”, repasa Marcelo Justo y marca el tiempo en que surgieron los textos de su ópera prima. Prosigue: “Se activó algo que pasaba indudablemente por el plano del inconsciente, porque me sucedían los sueños, me despertaba y eso salía inmediatamente como escrito, con una historia. Eso pasó con las contratapas que fui publicando en Página 12. Después hay otros cuentos que vienen de otro lado, que tienen que ver con un proceso más diurno, de imaginaciones. Lo que procuré en el libro es que hubiera una especie de arco narrativo que llevara desde los cuentos que tienen que ver con la dictadura y con toda esa época hasta el presente”.

“El cuento que le da nombre al libro tenía un significado muy específico cuando lo escribí, en el 92, porque es la historia de un protagonista que vuelve al país de visita después de 10 años de exilio y en ese regreso físico se enfrenta a la vez con un regreso temporal: el regreso de una noche traumática que fue la que lo obligó a huir. Y tenía que ver con el regreso a la democracia pero también con el indulto dictado por Carlos Saúl Ménem, que era una especie de negación a la posibilidad de verdad y justicia”, refiere Justo, pero advierte: “Para cuando finalmente se publica, que es el año pasado, ya tiene otro significado que tiene mucho más que ver con el regreso de las ultraderechas, con toda esa posibilidad que se veía de que regresara todo lo que pasó en las entreguerras europeas, con el fascismo, el nazismo, etcétera. El regreso de que se volvieran a poner en tensión los temas de la dictadura acá en Argentina. El regreso de la noche que se visualizaba en Javier Milei, en Jair Bolsonaro, en Donald Trump, en Giorgia Meloni, en todo un movimiento de ultraderecha a nivel mundial que todavía lo estamos viendo. Es decir que todo se resignifica a través del contexto social, histórico y político”.

—Qué tema el del regreso, o los regresos, porque pasa a ser en plural: tu regreso en algún momento desde el exilio, el regreso de la democracia, el regreso de las derechas.

—Sí, exactamente. Es que de alguna manera somos todos hijos de una época y por supuesto la dictadura es también un poco uno de los temas que une a los textos. Son 14 cuentos y con los cuentos pasa algo diferente que con la novela y es que cada historia puede ser totalmente autónoma, distinta y diferente a los otros. Creo que encontré a posteriori, porque no fue algo intencionado y deliberado en la construcción de los sueños, que había un hilo central en el cual aparece la relación entre el sujeto y la historia. Cómo el sujeto está moldeado y hecho por la historia, cómo eso que los lacanianos llaman «el otro», que es la historia, la nacionalidad, es en definitiva lo que uno es.

En ese sentido, los cuentos, a pesar de la época que tocan, esa época francamente oscura que se vivió en la Argentina, tienen también esperanza, hay vida. En esa época no había nada más que secuestros, torturas, sino que también ocurrían los eventos que ocurren en toda sociedad. Se ve muy bien eso en uno de los cuentos, que se llama Año Nuevo Militar, en el que está el Año Nuevo, que es un hecho que ocurre siempre, con dictadura, en democracia, en el pasado, en el presente. Es un hecho tradicional, ritual, pero que en este caso viene con el adjetivo militar. ¿Cómo era un Año Nuevo en plena dictadura? ¿La historia también se metía ahí y podía destruir un momento que era de simple celebración? De eso trata ese cuento, de cómo era la vida cotidiana en toda esa época y cómo en esa vida cotidiana que todos vivimos, que vamos al fútbol, que festejamos, que salimos a cenar, la historia se mete y en ese momento se metía con la brutalidad que tenía la dictadura militar. 

—Incluso en los tiempos del horror los compañeros y las compañeras tenían hijos, formaban familia, poblaban la patria. 

—Exactamente, y eso muchas veces no se refleja. Uno lo entiende, el horror fue tanto y había tanta necesidad de que ese horror realmente saliera a la sociedad y la sociedad en su conjunto lo reconociera que se hacía centro total en eso. Si bien era perfectamente legítimo todo eso, también es positivo mostrar un retrato más completo. La gente tenía familia, salía con los chicos, los llevaba al parque. Lo que pasa es que la historia estaba presente y nos determinaba de una manera muy brutal.

—Era totalmente necesario contarlo, remarcarlo, hacer hincapié en el horror y la brutalidad de los crímenes. El paso del tiempo abre la posibilidad de modificar ese discurso, ese relato en una cuestión más política. Y más esperanzadora si se quiere.

—Totalmente. Si se quiere, un primer recuento de todo lo que realmente había pasado fue el libro de Miguel Bonasso Recuerdo de la muerte. Era como decir, bueno, esta fue la brutalidad que nos ocurrió en toda su dimensión. Ahora existe una mirada si se quiere un poco más superadora. El cuento El regreso de la noche es el más trágico de todos, pero hay otros con finales que uno podría llamar felices a su manera. Un final feliz en aquella época era una huida exitosa, la posibilidad de continuar viviendo y construir un nuevo destino, algo que a muchos obviamente eso les fue negado. 

—El hecho de hacer periodismo como corresponsal para un medio argentino de alguna manera te hacía estar presente y seguir de cerca todo lo que pasaba en la Argentina desde el exilio. 

—Eso me mantenía en un diálogo contínuo con la realidad argentina, de alguna manera las corresponsalías tienen ese fenómeno bastante peculiar en el cual tratás de relatar la historia de lo que está pasando en otro país, pero también lo tratás de conectar con algo que haga clic con la realidad nacional. Los temas que suceden allá y que suceden también en la Argentina son de particular relevancia para un lector argentino y sirven además para ver cómo cosas que parecen particulares son también universales. Igualmente van casi 50 años que estoy afuera y sin embargo debo haber venido al país unas 48 o 49 veces. 

—¿Cómo ves a la Argentina de hoy, al mundo en general, sobre todo con los avances de la derecha? 

—Es extremadamente preocupante todo lo que está sucediendo. Estoy seguro de que esto no va a durar, en eso tengo una visión optimista, pero el problema es que va a dejar un poco de tierra arrasada detrás. Nadie sabe cuánto va a durar Milei pero todos sabemos que tiene fecha de vencimiento, sea ahora o un poco más tarde, con o sin el rescate de Estados Unidos, es algo que no se va a sostener. Hay una reconfiguración del mundo que en el momento, mientras sucede, es bastante dramática. Pasó en el siglo pasado, en la entreguerra, que todo se resolvió con otra guerra, la peor guerra realmente mundial que vivió la humanidad. Vivirlo no es un proceso que motive el optimismo justamente pero tengo la certeza de que vamos a salir y que la salida como siempre será colectiva.

Publicado en el semanario El Eslabón del 27/09/25

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