Cronista histórico del diario Clarín y docente, Daniel Lagares publicó el libro Confesiones de la pelota, “una suerte de legado sin pretensiones”. El debut de Messi, el off de Grondona y el Fútbol para Todos. Asegura que detrás de la redonda “siempre hay vida”.

“Ojalá mañana pueda jugar aunque sea un minuto”. Esa pudo ser una de las tantas frases de casete de Lionel Messi. Pero como la dijo en la víspera a su debut con la Selección Argentina, ante Hungría en Budapest, quedó en la historia. Duró apenas 50 segundos por la rigurosidad del árbitro alemán que lo expulsó. Ahí estuvo el ojo clínico y el grabador de Daniel Lagares.

Confesiones de la pelota (Ediciones Al Arco) también se pudo llamar “Memorias de un viejo choto”, según revela el autor entre risas. “La idea, aunque pueda sonar pretenciosa, era dejar un legado, algo que a mí me tocó vivir. Que alguna vez alguien que tome este librito, que tenga 19, 20 años, que lea estas historias chiquitas y le puedan servir”, le dice a El Eslabón

En el prólogo, su colega Ariel Scher lo define como un acariciador de detalles: “Caricia más caricia y detalle más detalle es que labró este libro”. En la contratapa, otro colega suyo como Ezequiel Fernández Moores destaca que “a los recuerdos, claro, hay que saber contarlos”.

Y a eso se lanzó Lagares en las setenta y pico de páginas de textos breves. Vio en la cancha jugar a Pelé, con quien nació la mística de la camiseta 10. Vio a Diego Maradona, que alguna vez lo quiso “cagar a trompadas” por una nota que no le gustó. “Soy un convencido de que detrás de la pelota siempre hay una historia de vida”.

Pecados de juventud y de veteranos

En la frase «todo tiempo pasado fue mejor», Daniel Lagares ve “pecados de veteranos”. En el libro también cuestiona a quienes ignoran la historia. “Pecados de juventud”. Prosecretario de redacción y editor de Deportes en Clarín desde 2003, refiere a sus “luchas diarias con los más chicos en las redacciones”, aunque aclara: “Se dan naturalmente, a mí me pasó lo mismo. Es etario: uno cree que la vida empieza cuando uno nació. Y con el paso del tiempo se da cuenta  que no, que antes hubo otros. Y que si ahora hay algunos es porque antes hubo otros”. 

Las canas delatan que es uno de los mayores de esa histórica redacción. Agradece charlas y cafés con Adolfo Pedernera, el haber visto a cracks del deporte, los de su generación y los de ahora, como Franco Mastantuono. “Pero en River –retoma–, antes hubo un Beto Alonso. Y hay que conocerlo para tratar de entender a Mastantuono, esa es la idea. No para compararlos, sino para entender el espíritu de lo que significa ser el 10 de River. Pero también podría hablar del 9 de Boca, de los defensores de Independiente”.

De su charla, o intento de charla con Lionel Messi en la previa a su debut albiceleste, recuerda: “Costaba mucho hablar con Messi a sus 18 años, era casi mudo. Lo tenía a Pablo Zabaleta al lado que era casi su traductor. Es que el chico era tremendamente tímido. Jamás vi a alguien tan tímido”.

De la época de la Olivetti y la hoja en blanco que “te obligaba a escribir bien ya que no había posibilidad de corregir”, este docente en Deportea sostiene que “hoy es más fácil: borrás todo y volvés a escribir, o copiás y pegás”. Su teoría es que por eso “escribimos mejor que los jóvenes” y también porque “al tener más edad hemos leído más”.

“En definitiva, lo que está detrás de todo esto –dice al respecto– es la lectura”. Y cita a Borges: “Uno no es lo que ha escrito, sino lo que ha leído”. Todo esto que lo diferencia de los más pibes y pibas, resalta, “es una medalla tonta que nos colgamos los viejos”.

Disputar la pelota

En la puerta de la ferretería de Sarandí donde recién había entrevistado a su dueño y titular de AFA Julio Grondona, Daniel Lagares esperaba el remise que lo devolvería a su casa. Era 1982. Don Julio le confesó que ahí mismo pero la noche anterior había contratado a Bilardo como DT de la Selección. “Pero no podés decir nada”, le dijo con ese hablar pausado y cansino.

“Hoy, a la distancia, celebro haber respetado ese off the récord”, dice el cronista. “Fue como un amigo que te cuenta un secreto. Me estaba probando a ver qué hacía. A partir de ahí tuve buena relación con Grondona, más allá de los chispazos”.

Esos desencuentros se produjeron, sobre todo, en épocas de disputa por la pelota entre el gobierno nacional de entonces (con Cristina Fernández de Kirchner presidenta) y el Grupo Clarín. En el marco de un amistoso Argentina-Brasil en Londres, Grondona atacó a gritos a Lagares “como si yo fuera Héctor Magnetto”, dueño del grupo empresario-mediático. 

Recuerda esa como una etapa “muy complicada para los que trabajábamos en Clarín porque naturalmente la empresa quería defender lo que consideraba su derecho”, en referencia al acuerdo firmado con AFA para televisar el fútbol, que luego Grondona rompió para acordar con el Gobierno.  

“Creo que Clarín tenía razón en una parte. Si vos rompés un contrato de manera unilateral te da derecho al pataleo. No hablo del dinero que perdieron o ganaron. De eso me río, porque nosotros de todo eso no vemos un mango. Tenían derecho a la protesta, pero también Grondona tenía derecho a romper ese contrato debido a que vio un negocio mejor. ¿Fue la mejor forma? No lo sé, fue la que encontró, la que tuvo”, opina. Y sobre el programa estatal Fútbol para Todos que nacía, remarca: “Fue un buen intento, pero fallido”. 

Sobre el trato periodístico del tema, admite: “Recibíamos, no digo presiones, pero sí recomendaciones de tratar con dureza todo eso. Dentro de la sección tratamos de mantener una línea, no hacer «periodismo de guerra» como decía mi querido amigo Julio Blanck, no entrar en eso”. Y añade: “Quizá tuvo consecuencias puertas adentro. Hubo gente separada de la sección, otra que fue invitada a irse. Fue un momento difícil”.

Con pasos por Goles Match, La Razón, La Voz, Página 12, Olé, Lagares sostiene que “cuando uno trabaja en los grandes medios, sabe dónde está. No hay que perder de vista dónde se está trabajando. Está la posibilidad de irte si no te gusta, aunque sé que hoy es difícil irse de un laburo en el que tenés un salario”. Y en ese sentido, agrega: “A partir de eso, ver qué puede uno hacer para defender sus principios éticos, filosóficos, ideológicos”. 

El mejor del mundo

Con una pelota de cuero, los Reyes Magos inauguraron las visitas a su casa cada 6 de enero. Todavía había que pasarle grasa a la costura para que no se reseque. De día, la pelota rodaba en la vereda o por algún potrero vecino. De noche, descansaba con él en la cama mientras padre, madre o abuela le leían un cuento. “De esa poción milagrosa, de ese brebaje de pelota y letras”, escribe Lagares, aprendió –entre otras cosas– este oficio. “No deja de ser una ironía que todavía me gane la vida escribiendo sobre fútbol”.

“El periodismo es mi vida. Es lo que siempre quise hacer desde los 7 u 8 años. No sé hacer muchas otras cosas que no sea escribir notitas, titularlas y editar páginas”, cuenta, y sigue: “Lo entiendo no como una profesión sino como un oficio. Es como el zapatero, el sastre”. Por eso apunta en el libro su coincidencia con la frase de Gabriel García Márquez, aquella que dice que el periodismo es el mejor oficio del mundo.

Publicado en el semanario El Eslabón del 27/09/25

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