El desgaste del mileinato acentúa el salto a un perfil opositor que gobernadores y candidatos de Provincias Unidas asumen de cara a las elecciones de octubre, pese a respaldar las políticas de ajuste y entrega reeditadas desde diciembre de 2023.
“Se levanta en la faz de la Tierra/ una nueva gloriosa Nación/ coronada su sien de laureles/ y a sus plantas rendido un león”. Ni en los de Blas Parera ni en los de Vicente López. Seguramente no estaba en los planes de ninguno de los patriotas de entonces que de aquellas estrofas originales del Himno Nacional se pase a un presidente argentino que dice ser él un león y rinde pleitesía al imperialismo occidental de turno, al que pide auxilio en su pataleo desesperado por llegar a por lo menos la mitad de su mandato.
Seguramente también estremece el oído de aquellos patriotas otro pataleo notorio, que es el de algunos capitanes de la opoamiga electoral para alejarse de la flota libertaria y ocultar sus complicidades con la reedición recargada del modelo de saqueo de los recursos y riquezas nacionales que sufre la Argentina desde fines del 2023, pero expresa un proyecto de país con raíces y precedentes de aplicación históricos.
Tal parece ser el caso de los referentes de Provincias Unidas, el espacio impulsado por gobernadores provenientes del PRO, la UCR y el peronismo cordobés, que remiten a aquellos “Oportunistas del Conurbano” creados por Pedro Saborido y Diego Capusotto para su programa de humor.

Cómica resultaría, si fuera ficción, la transformación de mensajes y actitudes de popes de Provincias Unidas como el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro y Gisela Scaglia, su vicegobernadora y primera candidata a diputada nacional, respecto de la gestión de Milei y sus medidas de gobierno.
El intento de despegue se acelera frenéticamente ante la inminencia de las nuevas elecciones y la debacle libertaria, cada vez más pronunciada y directamente vinculada a lo que se presentaba como fortalezas de la gestión nacional y la imagen positiva presidencial.
Ya ni “los mercados” responden al rumbo de Milei; y los escándalos de corrupción llegan al esperpento, lo que acrecienta el descontento ciudadano que también se manifiesta en las calles cotidianamente.
En este marco es que Pullaro puja por completar lo mejor posible un año que transita en modo electoral zigzagueante desde su inicio.
Tras directamente postularse al frente de la lista para la de convencionales constituyentes, que era en abril y lo tuvo como ganador pese a obtener 500 mil votos menos que dos años antes, se cargó al hombro el despliegue proselitista para las generales locales de junio, enfocado en la puja rosarina, en la que hizo brillar como oro un bronce más bien opaco de la funcionaria municipal Carolina Labayru y se autopercibió ganador en toda la provincia contando pueblos y ciudades en vez de votantes.
Para las que se vienen, juntó en una sola las listas en que se partía Unidos para cambiar Santa Fe cuando de elegir cargos nacionales se trataba. Ahora, que garpa cada vez más declamar cambios también en la Rosada, con el paraguas geopolítico de Provincias Unidas y la carta de la reelección provincial en mano, logró satisfacer también para la puja legislativa nacional necesidades electorales de especies tan disímiles como el PRO y el Partido Socialista.

La volatilidad de los posicionamientos, el sabor a mero oportunismo del salto del coqueteo a las críticas abiertas, las evidencias de diferenciación ocasional y no de fondo con el modelo del mileinato, volvieron a exponerse estos últimos días en los actos en los que participó el gobernador santafesino en Puerto Madryn y en Rosario.
En la Patagonia, tras repudiar que el debate nacional se limite a las “miradas de un extremo hacia el otro extremo” y afirmar que “esa dicotomía permanente nos ha llevado al fracaso”, reafirmó su preferencia por uno de los extremos: “No somos la tercera vía, somos la única posibilidad que tiene la República Argentina para que no vuelva el kirchnerismo a gobernar nunca más en nuestro país”, denostó por un lado, para agregar que lo de Milei ya no vale “porque no alcanza con hacerse el loquito y andar gritando y andar peleándose con todo el mundo”.
El otro caballito de batalla discursivo de Provincias Unidas para diferenciarse del mileinato es autopercibirse como representantes del “interior productivo” contra la plaga del “porteñocentrismo”, que Pullaro no mencionaba cuando destacaba el apoyo del mismo gobierno nacional en materia de seguridad como ejemplo del cambio que hacía falta.
El nuevo perfil de caudillo federal del mandatario provincial tiene entre sus principales cultivadoras a Scaglia: “Mi jefe no está en Buenos Aires, mi jefe es este gobernador”, bramó la vicegobernadora y candidata, que preside en Santa Fe el PRO conducido nacionalmente por Mauricio Macri y aliado electoral de La Libertad Avanza en varias provincias donde las cosas no están tan unidas.
Entre tanto ida y vuelta y tanta abstracción, lo más entendible y creíble del Pullaro en campaña es su prédica en favor del ajuste, el equilibrio fiscal y la generación de divisas a través del extractivismo y la exportación de granos, minerales y recursos energéticos.
De impulsar un cambio trascendente, no se aprecia nada. Pero como todo, eso también puede cambiar.
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Publicado en el semanario El Eslabón del 04/10/25
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