El Director del Superior de Comercio analiza el desfinanciamiento y los cachetazos a la educación en general y al establecimiento que conduce en particular. “Si hay que definir una palabra que explique la realidad es: complejo”.

Hace muchos años cuando llegué desde mi ciudad natal, San Nicolás, e ingresé a la facultad de Ciencia Política para seguir la carrera de Comunicación Social, las personas que iba conociendo me llamaban Jero. Un diminutivo de mi nombre que por cierto es largo. Pero los nicoleños que me conocían de antes volvieron a instalar en Rosario el seudónimo que llevo desde purrete: Peco. Sin embargo, uno de los pibes que conocí en los pasillos de la Siberia continuó llamándome Jero. Treinta y cinco años después vuelvo a escuchar su saludo con esa abreviatura, ya no en los pasillos de una facultad sino en el despacho de Director de la Escuela preuniversitaria Superior de Comercio. Ese pibe es Pablo Alessandroni y para él gestionar una escuela es resolver cosas complejas y fascinantes.

Hoy conduce una escuela de referencia en la educación de nuestra provincia, preexistente a la Universidad del Litoral, creada en 1919, y a la Universidad Nacional de Rosario, que nació en la década del 50. No obstante, Alessandroni habla sobre la situación política de las universidades nacionales como si estuviera en el patio de su casa natal, en Pergamino.

“Complejo. Si hay que definir una palabra que explique la realidad es esa”, dice Pablo, y argumenta: “Sobre todo este año, porque como nunca tenemos que maximizar los recursos que no son sólo económicos sino hasta de mucha atención al personal, a la gente que trabaja, a no perder entusiasmo porque se está viviendo un desprecio al sistema público en general, a todo lo que sea estatal”, afirmó.

La oficina de Alessandroni es grande y cómoda, detrás de un vidrio posee una gran mesa para reuniones, incluso el ventanal que mira al patio genera sensación de mayor amplitud. Allí destacó: “Estamos en un momento complejo en el que tenemos que trabajar con mayor inteligencia y cuidado de recursos. Esa es la situación”.

Luego detalló que, a diferencia de las facultades, en la escuela es más sencillo ver los ataques concretos, como la pérdida del poder adquisitivo del salario docente y no docente, las dificultades para conseguir profesoras y profesores reemplazantes porque la educación y el profesorado ya no tienen el mismo prestigio social a partir de lo que se gana. También mencionó que se les hizo cuesta arriba sostener toda la práctica del bienestar estudiantil.

Sin embargo, valoró que ante la adversidad se fortalece lo interno: “Hay comunidad cuando uno se siente atacado y sale a defender algo que considera valioso”.

Desprecio explícito

El gesto o la mueca en el rostro del director del Supe denota la bronca que le genera el desprecio del Presidente de la Nación: “Sí, es explícito”, responde, y agrega: “Creo que muy pocas veces se tuvo tanta oposición hacia las universidades. Porque las han desfinanciado como un mecanismo de sujeción, pero ahora, aparte de desfinanciarte te cachetean”.

“Es un modelo totalmente diferente a lo que ha sido la tradición argentina en educación, o lo que ha significado para Latinoamérica a partir de sus avances, no sólo en la universidad sino también con la Ley 1420 en su momento”, explicó Alessandroni, haciendo referencia a la normativa promulgada el 8 de julio de 1884 que establecía la educación primaria común, gratuita y obligatoria.

Política infra muros

Las escuelas son instituciones políticas, por lo tanto la disputa de sentido es a escala, reflexiona Alessandroni: “Uno tiene, dentro de un marco normativo en el cual debe cumplir un montón de situaciones, la posibilidad de redefinir algunos espacios con el sentido que quiere. Hay un perfil que lo vas a marcar con tu práctica”.

“Creo que la educación –continúa– tiene mucho que ver con eso. La escuela secundaria no deja de ser un modelo de lo que uno aspira que sea la sociedad”. 

Luego de definir el marco, Pablo se mete con gusto en la conversación y sostiene que “hay una construcción de un lazo en el que si nos va bien a todos, obviamente a cada uno también. Esa cosa que parece muy abstracta, en la escuela la podés llevar adelante debido a que tenés actividades en común, toma de decisiones que uno dispone y conciencia del otro porque está cerca”.

“El tema de esta empatía que tanto se habla, es algo que hay que trabajarlo, hay que desarrollarlo, y eso es fantástico en una escuela. Ahora, si pensás que la institución va a ser una burbuja cometés un error”, aclaró enfáticamente.

El director sostiene que el desafío es mostrar que “se puede hacer otra cosa si se entiende cómo es la sociedad, porque si no vas a estar educando chicos para un mundo que no existe”. “Demostrás que otra cosa se puede hacer, un modelo distinto, que se pueden debatir ideas, que hay que argumentar, que hay que respetar. Pero después tenés que entender que estamos en una sociedad en la que la crueldad aparece con mucha más fuerza, en la que el individualismo prima sobre lo colectivo, en la que las ideas a las cuales uno se va a enfrentar no necesariamente son afines a lo que creés, porque muchas veces tu punto de vista es totalmente distinto a la corriente. Esas cosas son complejas y son fascinantes. Eso es lo lindo de la gestión” 

En la historia

En 1896 se funda la Escuela Superior de Comercio. Próxima a cumplir 130 años, su director piensa que la escuela tiene un lugar ganado, que está muy enraizada, muy desparramada a nivel social, profesional y de todo tipo. “Un lugar distinto”, resume, y ejemplifica mencionando los encuentros multitudinarios de los graduados y graduadas que celebran 25 y 50 años del fin de su paso por el establecimiento ubicado en Balcarce 1240. 

Sostiene que entre quienes pasaron por el Superior “hay un código, un ser compinches entre un egresado, que no importa si terminó hace 50 o 60 años, y un estudiante actual. Siempre tienen algo en común. Hay algo que los distingue, como una marca en el orillo, creo que tiene que ver con una valoración de la escuela”.

Lo analiza y continúa explicando: “Es una forma de ver el mundo, de convivir. Muchos de los lazos que se crean en la escuela tienen que ver con desafíos académicos, determinadas evaluaciones, contenidos, trabajos que se hacen”.

Experiencia Superior

Por estos días, en la última semana de septiembre, se llevó a cabo en la institución el programa Experiencia Superior, el cual conecta a diferentes profesionales graduados de la escuela con estudiantes de quinto año que quieren estudiar esas carreras. “Es la segunda vez, ya lo hicimos el año pasado y se anotaron alrededor de ciento treinta estudiantes y setenta profesionales para compartir parte de la jornada laboral y poder intercambiar experiencias. Es una situación muy rica para el egresado que recibe a alguien de su escuela unos cuantos años después.

Con la política se educa

Como dije anteriormente, con Alessandroni compartimos facultad, pero no carrera. Él es Licenciado en Ciencias Políticas. En la década del 90, mientras estudiaba, ingresó al Superior como preceptor. En las escuelas preuniversitarias hay uno por curso, por lo tanto, es un trabajo de observación, de apoyo y de contención muy cercano a las y los estudiantes. “Esa forma de empezar a trabajar se fue transformando a lo largo de los años. Luego pasé a ser secretario extracurricular, más tarde secretario de extensión, regente, que es una especie de jefatura de preceptores de un turno, pasé por la vice dirección, y ahora tengo a cargo la dirección del establecimiento”.

Convencido, Alessandroni argumentó que “se fueron redefiniendo muchos perfiles a lo largo de los años. Y ahí es donde encontré la forma de estar en el mundo. Sentí que me gustaba lo que estaba haciendo, que era valorado en el sentido de que era valioso”. Fue tajante a la hora de hablar sobre su futuro: “Estoy muy ocupado y con la cabeza muy metida en ser director, no tengo otro anhelo, no me imagino más ascenso”, y se despidió nombrándome Jero, como siempre.

Publicado en el semanario El Eslabón del 04/10/25

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