El “Tricentenario” volvió a primer plano con la actuación de Nicki Nicole en el Monumento, pero la excusa del festejo sigue cuestionada como “un invento”. “No se aprovechó la oportunidad para profundizar”, analizó la historiadora María Pía Martin.
El masivo show de Nicki Nicole en el Monumento Nacional a la Bandera el pasado 7 de octubre recorrió el mundo. La figura de relieve internacional le dio impacto a la celebración. “Actuó en su ciudad natal que cumplió 300 años”, decían algunos títulos de agencias extranjeras. Así muchos, incluso ciudadanos rosarinos se enteraron del llamado “Tricentenario”, aunque la mayor parte no sabe por qué son 300 años y no 350 o 200, si se supone que la ciudad no tiene fundador.
A poco de raspar un poco aparece que se trata de un mito creado hace cien años cuando se dijo que había sido fundada en 1725 por un tal Francisco de Godoy, que parece tampoco existió. El “invento” de hace un siglo atrás, como define María Pía Martín, doctora en Historia por la Facultad de Humanidades y Artes e investigadora del Centro Interdisciplinario de Estudios Sociales Argentinos y Latinoamericanos en la Facultad de Ciencia Política y de Investigaciones Socio-Históricas Regionales CONICET, volvió al ruedo y causa debates y polémicas entre el mundo de la academia histórica. Y pone de nuevo en vigencia una interpretación de élite, como la de principios de siglo XX, de una cultura blanca europea como la gran hacedora del progreso de la ciudad en desmedro del resto del contexto social.

—Me imagino que para la academia, para la historiografía, la rigurosidad de los investigadores, debe ser difícil de asimilar todo esto del “Tricentenario”.
—En realidad, para los historiadores no es tan complicado aunque surgió como un desborde de gente que quiere hablar del tema. Hace un tiempo, como siete años, escribí un artículo en el cual investigué más el tema de las representaciones sobre la ciudad y trabajé precisamente esto: la invención de los 200 años (en 1925). Ya había un trabajo previo hecho, un seminario de una historiadora que ahora vive en el exterior, que lo había hecho en Humanidades. Como yo investigué también los temas de la Iglesia, cómo esto de los 200 años también le había permitido reposicionarse a la Iglesia, dije que era una gran invención que aprovechaba una determinada coyuntura, o que servía a un determinado momento político. Tiene más que ver incluso con la decisión del Concejo Deliberante de la Ciudad de entonces y con las élites intelectuales de la ciudad que con el propio intendente. Había habido un escándalo y había renunciado en el mismo mes que se estaba discutiendo esto, marzo-abril. El nuevo intendente (Manuel Pignetto), que asumió en abril, era además un hombre que venía de una fuerte militancia liberal anticlerical vinculada al radicalismo. Entonces, ¿qué querían hacer en 1925? Querían celebrar el crecimiento de la ciudad, la expansión. Rosario creció en una forma terriblemente acelerada, no era ciudad capital pero era una ciudad que se quería contraponer con Santa Fe en algún sentido, y sentía que había crecido demasiado y el progreso en términos económicos, comerciales, incluso en términos de un campo cultural o un espacio cultural que se había ido creando, era importantísimo. Y quieren celebrar a estos concejales y a estas élites intelectuales. Empieza o se dispara la discusión sobre eso en 1923, porque se celebró que en 1823 se había declarado Villa.
—Dos años antes
—Si. Y poco después de la celebración de los 100 años de la Villa, empiezan a discutir sobre el origen de la ciudad. Incluso se publican cosas y desde Buenos Aires, la Junta Histórica, intelectuales e historiadores como (Manuel María) Cervera, (Juan) Álvarez, toman como fuente a los Carrasco (Eudoro y Gabriel), a Pedro Tuella, y las discusiones se dan entre intelectuales de ese momento como Álvarez, Calixto Lassaga, Fausto Hernández, Antonio F. Cafferata, que en realidad es el autor del proyecto que se aprobó en 1925. Entonces quieren celebrar el progreso de la ciudad, hay todo un imaginario. A la élite rosarina le preocupó siempre esto de mostrar la grandeza de la ciudad.
—La necesidad de darse un lugar de importancia
—Diría que desde el texto de Tuella, que es el primer cronista de Rosario, un vecino de la ciudad que fue funcionario también, y que escribe la primera crónica y la publica en Buenos Aires en el Telégrafo Mercantil. Es el mismo Tuella quien plantea –y Rosario es una aldea cuando lo escribe a principios del siglo XIX–, que Rosario es una «promesa». O sea, ya hay como una especie de delirio de grandeza que cuando después, en la segunda mitad del siglo XIX, ese crecimiento se da en una forma que es bastante espectacular, queda marcada esta necesidad de inventar un origen y de legitimarse desde un origen que muestre cierta grandeza de la ciudad. Y como no hay una fundación colonial, que en cierto sentido daba una grandeza a ciudades como Santa Fe, Buenos Aires, Santiago del Estero, Córdoba, hay que buscarla por otro lado.
—¿Por qué eligen octubre de 1925?
—En realidad el proyecto original era de Calixto Lassaga y era que se celebrara el 27 de febrero. O sea, buscaban una fecha que pudiera identificar a la ciudad. Y entonces el 27 de febrero, el izamiento de la bandera por Belgrano, parecía significativo. ¿Qué pasa? Ellos empiezan a discutir eso en marzo o abril (de 1925). Digo para que se vea bien cuál era la estrategia, que no era nada más que oportunismo político. Y que ahora se repitió. Entonces sale Cafferata, que era el concejal católico, y dice: «No, hay que celebrarlo en octubre, y hay que hacerlo en la primera semana que es el día de la Virgen del Rosario que tiene que ver con los orígenes de la ciudad». Las otras opciones eran hablar de Francisco de Godoy. Pero no todos concuerdan. Otra cosa es el año 1725 que es cuando Tuella dice que llega Godoy con unos indios calchaquíes y entonces crea una capilla. Pero todo eso es un relato de un cronista que era un vecino de la ciudad, que tenía cierta relevancia pero no hay fuentes que puedan convalidar eso, hay mucho de mito. Lo que molestaba a algunos era la idea de que en la fundación estuvieran vinculados los indios, dicho mal y pronto. Entonces, lo que logra Cafferata es este corrimiento. «Está bien, acordamos 1725, que es el tema de Godoy, lo que contaba Tuella. Pero la fecha tiene que ser octubre. Primero, porque febrero ya pasó, no la podríamos celebrar este año», argumenta Cafferata. Segundo, porque era más representativo incluso el mismo Juan Álvarez (autor de la Historia de Rosario) –que era un intelectual, digamos, laicista–, y Cafferata agrega: «Antes de que se justifique la fundación de la ciudad con la presencia de cuatro indios, más vale que sea la capilla y la piedad, en torno de una capilla o de una figura religiosa». Entonces eligen octubre porque octubre les da tiempo para preparar una celebración importante. Y a mí me parece que ahora también pasó lo mismo.
—Se repitió la invención…
—Alguien descubrió este dato y dijo «estamos en 2025, vamos a hacer una gran celebración del tricentenario». Si vos te fijás, el primer decreto que sacó el intendente (Pablo Javkin) estaba plagado de errores, y salieron todos los historiadores a cuestionarlo. Entonces después se fue corrigiendo un poco, porque en el decreto parecía que había fundador, que había fecha precisa, que había de todo. Nuevamente este año decidieron proponer una gran celebración para mostrar a la ciudad también como un gesto político, un gesto de oportunidad política, en un buen sentido, que le venía bien a la Intendencia y a la gestión. Pero la diferencia es que son dos ciudades, la de 1925 y la de 2025, totalmente distintas. Aquella celebración hizo que se pusieran también a discutir sobre los logros de la ciudad en el plano de la industria, del comercio, en el plano del desarrollo portuario, en el plano de la cultura. Y me parece que ahora se hicieron muestras, se hizo divulgación de la historia de Rosario, incluso a través de cursos, redes, de influencers, pero se desaprovechó la oportunidad –que a lo mejor no tiene que ver con el interés político de la celebración–, para pensar qué está pasando con esta ciudad que está muy complicada. Aquella también lo estaba, porque tenía el conflicto obrero, niveles de pobreza y condiciones laborales complicadas. Pero hoy tenemos una ciudad que está hackeada por delitos económicos, crímenes, narcotráfico, recesión. Y no discutimos nada de eso.
—¿Y alimenta el mito de que hace cien años éramos potencia como dice Milei?

—Eso es una lectura torcida, decir que Argentina fue potencia mundial. Sí, el puerto de Rosario fue un gran exportador y en algún momento ocupó el primero o el segundo lugar a principios del siglo XX. Pero no se puede decir que a fines del siglo XIX o a principios del XX la Argentina o la ciudad de Rosario eran potencias. Sí, tenían un nivel de crecimiento que generaba expectativas positivas que después se cayeron. Es un momento de crecimiento que queda concentrado sobre todo en determinados sectores económicos y que convalidan estas élites. En el caso de Rosario es bastante claro, hay una necesidad para estas élites rosarinas de legitimarse a través de la legitimación de la ciudad porque ellas se ven a sí mismas como las hacedoras de ese progreso.
Álvarez hablaba de la ciudad que se hizo «con su propio esfuerzo», que es algo que estaba muy arraigado en la cultura rosarina. Y esa necesidad, que es una construcción del siglo XIX para todo el país, se basa en mostrarla como una ciudad blanca, más europea que criolla o indígena. A tal punto que me ha preguntado gente graduada de la universidad con determinado nivel de cultura en el campo de las ciencias sociales, ¿dónde había indios acá?
—Hay otra historia…
—Hay producción académica sobre la historia de Rosario, tenemos un proyecto en la universidad que cumple cerca de 30 años y hemos ido publicando un libro cada dos o tres años sobre el tema. Nosotros hicimos una historia de Rosario hasta 1930 que se hizo en la facultad de Humanidades. Hubo una especie de relanzamiento para discutir sobre los orígenes de la ciudad, pero no se aprovechó. Hicieron un relanzamiento de gestión, vinculado a un tricentenario que no es realmente un tricentenario. Los orígenes de la ciudad son de fines del siglo XVII, y a lo mejor con data más precisa tenés 1730 que se crea el curato o 1731 con las primeras actas parroquiales que dan la documentación de la población que existía acá. O 1852, cuando se crea como ciudad, o 1823 cuando se la instituye como villa y deja de llamarse Pago de los Arroyos. Tenés otras fechas que son mucho más comprobables porque tenés la documentación. Con todo esto, al menos se descubrió que Rosario tiene una cierta antigüedad, pero quedaron un montón de cosas que indagar y que con la excusa de esta celebración podrían haberse planteado.
Publicado en el semanario El Eslabón del 11/10/25
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