En una reunión ante 800 generales, Trump comprometió a los militares a luchar contra toda forma de progresismo, wokismo, feminismo, disidencias de géneros (y de cualquier otro tipo), dentro y fuera de EEUU. “Y al que no le guste, que se vaya”.
Contra toda forma de progresismo e ideología “woke”. Contra todo lo “políticamente correcto”. Contra las universidades. En favor de la “masculinidad tóxica”, elevada a la categoría de estándar a alcanzar. Una exaltación, en realidad, de todo aquello que los progresistas califican con este adjetivo, al que la derecha quiere desterrar. Contra las mujeres y los feminismos, que corroen la sociedad y debilitan el liderazgo del imperio. Contra el colectivo LGTBIQ (hablaron de personas con “delirio de género”), y toda forma de disidencia para recuperar “estándares masculinos”. Abominaron asimismo de todo aquello “excesivamente sensible”, léase la empatía y comprensión como forma de relación civilizada entre los seres humanos. Así lo dijeron: “Eso de andar pensando en no herir los sentimientos de otros, no va más. Y al que no le guste, que se vaya”.
Y, al igual que los nazis (la comparación apareció reiteradamente en los medios estadounidenses), expresaron un énfasis muy marcado en determinados “estándares físicos”, de aptitud y de belleza.
Toda rebeldía, fuera y dentro de EEUU, será aplastada por la fuerza. No sólo se invadirán y atacarán los países que no se sometan a los designios imperiales, sino que también se atacará (con fuerza letal, como se ataca al enemigo externo) las ciudades estadounidenses que no cumplan con los dictados de la ultraderecha (“ciudades progresistas o gobernadas por demócratas”, según la mirada neofascista). Nada de esto es nuevo, pero ahora se lo grita con fuerza y en tono amenazante, mientras se ejerce la violencia imperial en todos los continentes y en el contexto de un crecimiento de las formas más criminales del capitalismo. Definiciones como estas se escucharon en un lugar muy particular: en el centro mismo del poder militar de EEUU, ante 800 jefes de las Fuerzas Armadas.
EEUU sigue siendo una potencia mundial, pero sólo en el plano de la fuerza bruta, letal, de sus Fuerzas Armadas esa que ahora el magnate mesiánico quiere elevar hasta lo inimaginable. Es socio y apoyo fundamental de Israel en el genocidio en Gaza. Está atacando barcos venezolanos y asesinando ciudadanos de esa nación, por sólo tomar dos ejemplos del país que tiene más bases militares en todo el mundo. Pero, además, Trump se erige como uno de los máximos referentes de la denominada “batalla cultural” de la ultraderecha y el neofascismo. Si antes, EEUU mantenía su hegemonía a base de fuerza bruta (fundamentalmente) acompañada de otras formas de dominación, la estrategia del magnate mandatario parece ser supeditar, cada vez más, todos los demás instrumentos de dominación a la amenaza de aniquilación. Trump replicó métodos de la mafia (esa organización a la que tanto le debe el desarrollo del capitalismo). “Le haré una oferta que no va a poder rechazar”, dijo Vito Corleone en la película de 1972, El padrino. Porque en realidad, no hay oferta ni propuesta alguna, sólo una amenaza de muerte: si no se hace lo que manda el Imperio, aniquilación.
El encuentro fue calificado como “sorpresivo” e “inusual” en los medios de prensa de EEUU. Y para muchos analistas y ciudadanos, ominoso y con oscuras intenciones. Fue el martes 30 de septiembre de 2025 en la Base del Cuerpo de Marines en Quantico, Virginia, EEUU. Fueron convocados, en un hecho con pocos precedentes históricos, más de 800 generales y almirantes de EEUU, provenientes de zonas de conflicto en Asia, Europa y Medio Oriente. Los oradores fueron el presidente Donald Trump y el secretario de Guerra Pete Hegseth. El funcionario está desde enero al frente del Departamento de Defensa, que fue rebautizado a principios de septiembre como “Departamento de Guerra” por Trump.
Si bien ni siquiera los convocados sabían a ciencia cierta los objetivos de la reunión, la versión oficial decía: “Revisión estratégica del rol del ejército y presentación de nuevas directrices culturales y operativas”
El presidente Trump prometió hacer que las fuerzas armadas sean “más fuertes, más duras, más rápidas, más feroces y más poderosas que nunca”.

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, dijo que “hay que prepararse para la guerra”, advirtió que “los enemigos se están agrupando”. El funcionario se comprometió a arreglar “décadas de decadencia» en el ejército, de las que culpó a «políticos tontos e imprudentes”.
Con una retórica cargada de belicismo, Hegseth dijo a los comandos militares que deben recuperar el “ethos guerrero” y los “estándares físicos masculinos”, porque “los enemigos se están agrupando y las amenazas están creciendo”.
“La era del Departamento de Defensa ha llegado a su fin. A partir de ahora, la única misión del recién restablecido Ministerio de Guerra es librar la Guerra”, aseveró Hegseth.
“La era del liderazgo políticamente correcto, excesivamente sensible y que no quiere herir los sentimientos de nadie, se termina ahora mismo en todos los niveles” agregó. “Nos convertimos en el Departamento Woke. Pero ya no más”, insistió el secretario de Guerra de EEUU.
“Todas las pruebas de aptitud física se ajustarán a parámetros masculinos”, aseveró, siempre en tono arrogante y amenazante. Y con un subtexto permanente: al que no le gusta se va. “Si las palabras que estoy pronunciando hoy hacen que sus corazones se hundan, entonces deberían hacer lo honorable y renunciar”.
Trump también ofreció su especial interpretación de los sentimientos humanos desde la lógica imperial: “El propósito del ejército de Estados Unidos no es proteger sentimientos, es proteger fronteras”.
El magnate mandatario, que utilizó las ventajas de niño rico para no servir jamás en el Ejército, trató con displicencia y humilló a los militares, intentando que se sumen al trumpismo y hagan campaña para él. En realidad, actuó como un capataz, como un kapanga, como el personaje del programa televisivo que lo lanzó a la fama. En The Apprentice (El aprendiz) se representaba a sí mismo: un jefe brutal, abusador y autoritario que sentía un goce particular al despedir a alguno de sus empleados (especialmente empleadas), que consideraba sus esclavos, con la frase “¡Estás despedido!”.
“Si no les gusta lo que estoy diciendo, pueden salir de la sala. Por supuesto, ahí va su rango, ahí va su futuro”, les dijo a los militares. “Voy a reunirme con generales y con almirantes y con líderes, y si no me gusta alguien, voy a despedirlo en el acto”, agregó.
La prensa de su país consideró que Trump propuso usar el ejército para fines internos, como entrenamiento en ciudades “inseguras”. Criticó la cultura woke, la corrección política y el liderazgo militar actual, y reiteró su intención de despedir oficiales que no compartan su visión y se refirió a conflictos internacionales con tono personal y provocador.
The Washington Post señaló que “la reunión fue convocada sin explicación clara y generó especulación sobre purgas en el liderazgo militar”.
CNN y The New York Times calificaron el discurso de Trump como “divagante” e “inconexo”, con afirmaciones engañosas sobre conflictos resueltos.
El American Enterprise Institute declaró: “Es impactante ver al presidente y al secretario involucrados en este tipo de incitación peligrosa y politizada”.
Por su parte, Le Grand Continent analizó el discurso de Hegseth como una restauración de la estética MAGA en el ejército, con ataques a mujeres, diversidad y expresión individual.
Comparado con Hitler
La extraña reunión de alrededor de 800 generales organizada por el Secretario de Defensa Pete Hegseth fue comparada con una “asamblea sorpresa en Berlín” en 1935 organizada por Hitler.
La comparación reproducida por Yahoo noticias, la hizo Ben Hodges, un oficial retirado del Ejército de EEUU que se desempeñó como comandante general en Europa. Es asesor principal de Human Rights First desde junio de 2022 y también se desempeña como encargado principal de Logística de la OTAN.
Para Hodges, la reunión “fue como la “asamblea sorpresa en Berlín, en 1935, durante la cual los generales alemanes debieron hacer un juramento personal al Führer Adolf Hitler”.
El medio estadounidense CNN aseveró que la escena ejemplificó la presión política que enfrentan los líderes militares mientras Trump avanza con el despliegue de las Fuerzas Armadas en suelo estadounidense e incluso declara que las ciudades estadounidenses podrían ser utilizadas como “campo de entrenamiento” para los soldados. “Su notable discurso ante generales y almirantes militares en Quantico, Virginia, llevó las cosas a otro nivel”, señala la nota titulada “La inquietante maniobra de Trump para reclutar generales y almirantes a su causa política”, firmada por Aaron Blake.
¿Aceptan sin cuestionamientos los líderes militares una táctica extraordinaria que los críticos –incluidos altos ex funcionarios militares del primer mandato de Trump– han temido que pueda resultar en una militarización constitucionalmente corrosiva del país?, se pregunta CNN, al tiempo que agrega que incluso muchos estadounidenses parecen tener reservas sobre esa posibilidad. “Una encuesta del New York Times-Siena College publicada el martes mostró que más votantes registrados temían que Trump utilizara los soldados para intimidar a sus oponentes políticos que los que temían que el crimen se descontrolara sin el uso de la guardia”, agrega el medio estadounidense.
“Para Trump, al menos, la ocasión parecía tratarse de sumarlos a su programa político. En un discurso extenso y a menudo divagante ante los funcionarios militares, Trump pronunció una serie de frases que habrían sido mucho más apropiadas para un mitin de campaña –pronunciándolas incluso mientras los funcionarios permanecían sentados en silencio, como dicta el protocolo. Profundizó en sus afirmaciones, a menudo exageradas, de haber terminado más de media docena de guerras y sus esperanzas de recibir un Premio Nobel de la Paz. El presidente enalteció sus propios logros y atacó repetidamente a los demócratas. Nada de eso encajaba con la ocasión al dirigirse a una audiencia que se supone apolítica. Pero lo más llamativo y significativo fue que Trump pareció intentar reclutar a los generales y almirantes para su represión interna. Él y Hegseth intentaron enfrentarlos a los demócratas, la academia, supuestos radicales de izquierda y los medios de comunicación”, asegura CNN.
Trump sugirió que los generales y almirantes serían cruciales en su lucha contra el “enemigo interno” y podrían usar el país como “campo de entrenamiento”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 11/10/25
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.