El martes 7 de octubre, la Intersindical de Derechos Humanos colocó una baldosa en la puerta de la Secretaría (ex Ministerio) de Trabajo de la Nación, con la leyenda “Los 30 mil son parte del movimiento obrero”. Una baldosa que refleja la historia y sintetiza en una frase la pertenencia de los desaparecidos a la clase obrera, por derecho propio. Frase que sintetiza, además, el plan que orquestó la dictadura para la destrucción de la organización obrera en Argentina. La intersindical que nuclea a la CTA de los trabajadores, a la CGT y a la CTA Autónoma, a través de los representantes en sus sindicatos de base, organizó la colocación de un símbolo de estos tiempos, la instalación en la vereda –al lado de la entrada– de una baldosa en conmemoración a los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos. A su vez, es un modo de homenajear a quien fuera uno de sus impulsores, Victorio Paulón, mi viejo.
La Intersindical responde a una necesidad histórica y coyuntural: la necesidad de que la unidad no sea sólo un planteo sino que se efectivice en la articulación entre los secretarios, las comisiones internas, los delegados de todos los sindicatos y de todas las centrales sindicales que militan los derechos humanos. Este espacio fue creado en la intemperie del macrismo. Su primera actividad fue la participación en la marcha del 24 de marzo de 2016. Desde entonces, y en articulación con los organismos de DDHH, se han organizado infinidad de actividades, político, culturales, sindicales que fueron afianzando los vínculos y el compromiso entre sus militantes.
La actividad del martes incomoda al poder, es un grano en el culo para quienes trabajan para esos sectores. El negacionismo, las políticas neoliberales de empobrecimiento para grandes sectores de la población, la concentración de la riqueza en pocas manos a través de mecanismos de transferencia del capital del bolsillo de los sectores populares hacia los sectores concentrados de la economía es el objetivo recurrente al que quieren llegar, ya sea con dictaduras o en democracia. La persecución y estigmatización de los sectores más vulnerables de la sociedad, el aceleracionismo, la iniciativa permanente de gobernar con decretos y destruir el marco jurídico que ampara los derechos de las y los trabajadores son algunos de los mecanismos que vienen utilizando, desde el macrismo para acá, para declararnos como su enemigo, y utilizar todos los medios a su alcance para callarnos, reprimirnos, golpearnos, invisibilizarnos, y judicializar la protesta.
Tenían decidido amedrentar e impedir la colocación de la baldosa. Por eso, un momento antes de empezar el acto, un cordón policial se paró sobre la calle, mirando hacia nosotros. Cuando la actividad comenzó, un par de compañeros, Pablo y el Pipi, se escondieron detrás de los oradores y comenzaron a romper la vereda con maza y cortafierro. Las y los oradores hablaban fuerte para tapar el sonido característico de los martillazos. En ese momento, las autoridades del Ministerio pidieron hablar con algún responsable y Daniel Tano Catalano se hizo cargo de la situación. Esto permitió que pudiésemos continuar con el acto (¡Gracias, Tano!).
Los discursos de Kelly Olmos y de Carlos Tomada, ex ministra y ex ministro de Trabajo de la Nación, frente al propio organismo que supo albergarlos y al que lograron poner al servicio de las y los laburantes, le dieron un marco general a la situación de desocupación y pusieron el eje sobre la necesidad de ganar las elecciones que se vienen para poder ponerle condiciones a Milei y compañía y frenar los decretos regresivos con los que pretende gobernar el oficialismo. Por su parte, las tres centrales sindicales participaron designando a sus representantes como oradores. Al finalizar las participaciones, la militancia se abrió y allí quedó instalada la baldosa, ante la mirada orgullosa de la concurrencia y la cara de sorpresa de los federales.
La memoria molesta. Los grupos de poder en nuestro país no salen bien parados en la foto de los últimos 50 años. Fueron responsables, junto a las fuerzas armadas, de un plan sistemático de destrucción del movimiento sindical, la ejecución de un genocidio y la instalación de una sociedad silenciada a través del terror. Además, les incomoda el hecho de que algunos responsables civiles hayan sido juzgados porque eso habilita a seguir investigando hasta dónde llegan las responsabilidades. Sabemos lo difícil que ha sido llevar a juicio a los Rocca, los Macri, Fortabat, Peña Braun, Bullrich, Blaquier, Acevedo y otros responsables empresariales. Sin embargo, tenemos claro que lo que les molesta es ser desenmascarados, el repudio social al que puedan ser sometidos por sus actos aberrantes, por la falta de humanidad y porque representan a un poder mundial en decadencia que hoy parece no tener ninguna voluntad de frenar la catástrofe ambiental, humana y bélica que se cierne sobre nuestro planeta.
Esta baldosa es una más que viene a recordarnos que la memoria evoca al pasado, que permite traer al presente y actualizar la ética que queremos que siga viva. Algo así como recordar a Victorio, que no sólo fue mi viejo y me dio una lección de vida mostrándome cómo se construye comunidad sin dejar de cuidar a los afectos, a la familia, a los amigos. Eso también es identidad, porque tengo el mismo apellido pero sobre todo porque no dejo de pertenecer a la clase trabajadora. Hay certezas y dudas. Hay incertidumbres profundas también, porque la historia sigue, porque también somos padres de otros. Porque si bien construimos mitos y hacemos acontecimientos, a veces construimos estatuas que se quedan quietas en medio del camino y estorban el movimiento de los que vienen pidiendo pista. Siento mucho orgullo de mi viejo porque fue un tipo que construyó afectos y escribió un par de capítulos en esta historia. Sin embargo, ¿rendirle homenaje sería hacer lo que él hizo? ¿Sería cargar la mochila de valores y caminar a la intemperie, conocer otros caminos?
Esa identidad, construida por la memoria no puede ser homogénea, tiene que aceptarnos y querernos a todos adentro. La memoria nos enseña que estamos en construcción, que para leer el presente debemos aprender de los errores pasados, que la organización debe entrar en resonancia con los actores que la integran, con sus intereses y necesidades, que no podemos seguir haciendo oídos sordos a la demanda de participación. La lógica de la representación se va muriendo. ¿Estamos en condiciones de construir otra cosa? Esta baldosa planta memoria activa en las veredas del Ministerio de Trabajo a través de la Intersindical. Viene a recordarnos que las cabezas, los libros y los paraguas sólo sirven si se abren y construyen conociendo la historia para conquistar el derecho a soñar con un futuro que nos incluya a todos.
Publicado en el semanario El Eslabón del 11/10/25
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.