Yo no sé, no. María vino con una propuesta que nos entusiasmó a todos: festejar el cumple de Manuel. Nadie sabía a ciencia cierta la fecha del cumpleaños, pero seguro que eran los primeros días de octubre. “Se lo festejamos cerca del diez para no errarle, y ya está”, concluimos. Quedamos en el primer domingo de octubre.
Graciela pensó en voz alta: “Está bueno porque para esa fecha ya voy a cobrar y le puedo comprar unos vaqueros en Biedma y Francia, en la tiendita”. “Yo le voy a regalar un perrito blanco, chiquito, que se parece mucho al Vicki, el perro de Manuel que está bastante viejito y que cuando parta, Manuel va a sufrir mucho. En cambio si tiene otro perrito, el dolor no va a ser tanto”, decía la Moni.
José dijo: “Yo le voy a preparar, con unas cañas lindas que tengo, una mojarrera, así larga definitivamente la gomera que tanto problema le trae. Y le voy a enseñar a pescar mojarras como se debe”. Tiguín propuso: “Yo le voy a pintar el cuadro de la bici y le voy a poner un canasto de reparto así Manuel, que hace tantos mandados, tiene una bici como la gente”.
La Eva decidió hacerle dulce con la planta de membrillo que tenía su abuela en el fondo. “Le voy a hacer también una pastafrola de membrillo y le voy a poner un cartel que diga: «Así se come membrillo, Manuel, no de la planta directo que siempre te agarra descompostura». El membrillo se come hecho dulce o en pasta frola”, decía la Eva.
Pichuco dijo que le iba a regalar una docena de aceritos, y uno más grande que le sirva como punchi, para que juegue a las bolitas. “Yo los consigo fácil ahí por la fundición en la que trabajo, ahí por Lagos cerca de Biedma”, puntualizaba. Carlos, que manejaba el equipo de fútbol, dispuso: “Yo le voy a dar la cinta de capitán y el primer penal que haya para nosotros lo va a patear Manuel”.
La Laura que siempre veía a Manuel renegando con los pantalones que se le caían decía: “Hasta que aprenda a usar el cinto, Manuel va a usar tiradores, yo se los voy a preparar”. Pedro vio que en una disquería del centro había un longplay de los Wawancó que estaba de oferta y pensó en comprárselo a Manuel así en la próxima juntada ponía esa música que tanto le gustaba. La pequeña Susi dijo que iba a hablar con su papá, que trabajaba en la 52 (lo que hoy es la 128), para que le hiciera un pase gratis durante un mes para que pudiera ir a pasear al centro. Entre todos nos pusimos de acuerdo en poner unos pesos y regalarle diez entradas para el cine Heraldo, ese que daba dibujitos en la pantalla gigante y estaba por San Martín donde hoy hay un banco.
Llegó el sábado, estábamos todos en la placita y pintaba para comer algo. De repente sonó la corneta del churrero y Manuel, que estaba cabeceando del sueño, saltó y gritó: “Muchachos, chicas, ¿saben que estaba soñando? Que tenía unos pantalones Far West que me habían regalado para mi cumpleaños. Y que tenía un perrito nuevo, que tenía cañas y una bici con canasto para repartir. Que estaba comiendo dulce de membrillo en pasta frola, que en los bolsillos tenía un montón de aceritos y que estaba bailando una cumbia cruzada que tocaban los Wawancó con la piba del barrio Acindar. ¿Y saben qué vi?, vi en la pantalla del cine que yo estaba por patear un penal con la cinta de capitán. Pero la corneta del churrero me despertó. Al final era un sueño”.
“Para él habrá sido un sueño”, pensamos más de uno. Esa corneta que sonaba los primeros días de octubre nos estaba avisando que hay sueños en octubre que se cumplen, porque es el mes de los cumpleaños más hermosos, como el de Manuel. Todos sabíamos que octubre es un mes en el que la mayoría de los sueños se convierten en realidad, aún los sueños de cumpleaños.
Publicado en el semanario El Eslabón del 11/10/25
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