El oficialismo y la oposición se verán las caras en los comicios, se disputa la profundización o el freno al modelo neoliberal. Lo que no termina el domingo es la puja por el sentido de la vida digna.

Las elecciones del domingo van a definir la relación de fuerzas para el próximo período en el Congreso de la Nación. Por un lado, una oposición en crecimiento; por el otro, un oficialismo en caída libre golpeado por la criptoestafa de $Libra, las coimas de Karina y las malas juntas de Espert. Luego el trotskismo y la lista de Stolbitzer y Randazzo que oscilarán alrededor del 5 por ciento.

La disputa por la hegemonía en ambas cámaras tiene por trasfondo un concepto que se puede ver muy claro en los últimos 20 años, pero que recorre la historia de nuestro país. Bajo los lemas de liberación o dependencia, de patria sí, colonia no, o sintetizada en la reunión del Unasur cuando Chávez dijo “Alca, Alca… al carajo”, se disputan dos proyectos de país antagónicos. Uno del poder real y otro nacido de luchas profundas del pueblo, de las y los trabajadores, que no siempre se traduce en una representación política clara en la reivindicación de sus intereses.

Sumar fuerzas

El frente Fuerza Patria atraviesa un momento de protagonismo que no había tenido desde el inicio del período presidencial. La figura de Axel Kicillof se va afianzando de cara al 2027. Se necesita una victoria, sin dudas. Un esquema de legisladores que puedan frenar las políticas contra los sectores populares y del mundo del trabajo. Que no dependa de alianzas espúreas con sectores como el de Provincias Unidas que, al responder a sectores concentrados de la economía, no van a apoyar políticas sociales, salvo que el costo sea muy alto. De la lista de Stolbizer y de Randazzo tampoco se puede esperar una alianza. Con el único sector que puede negociar el Frente Patria para poner límites al avance sobre los derechos laborales, sociales, y económicos, es con la izquierda, y con algunos diputados sueltos que votan coyunturalmente.

Quizás la gran deuda del peronismo y sus aliados sea contarles a los votantes cuál es el proyecto de país que invitan a construir. La historia del peronismo lo sitúa entre los partidos con mayor vocación de poder. Si bien tiene una doctrina clara, en numerosas ocasiones ha sido tergiversada sirviendo a los intereses de la oligarquía. Basta recordar la década privatizadora del menemismo. Aun así, pudimos vislumbrar una Argentina potencia, con una presencia estatal muy fuerte en la construcción de estrategias de crecimiento y desarrollo, de investigación y creación de valor agregado, con beneficios que llegaban a las capas más vulnerables de la sociedad. Ese proyecto de patria es el ADN del peronismo.

En cada momento histórico las necesidades son diferentes, no se pueden aplicar recetas de hace 80 años a la realidad de hoy, ni siquiera las de hace 15 años. No se enamora a la juventud sólo criticando el modelo neoliberal. Si bien frustra no conseguir trabajo, no poder estudiar, tener una vida fragmentada e individual, el mero reconocimiento de la imposibilidad de cambiar eso refuerza su ansiedad y genera depresión. 

La construcción de un nuevo proyecto con bases sólidas en la historia del pueblo, de los diferentes movimientos que lograron arrancarle derechos al poder real en base a militancia y movilización, tiene que ser debatido. Las personas de carne y hueso que convocamos a caminar rumbo a esa utopía tienen que ser escuchadas. No se puede representar lo que no se conoce. Y no se conoce si no se escucha.

La velocidad de los cambios que se producen socialmente es vertiginosa y la estrategia construida desde los polos tecnológicos se orienta hacia la imposibilidad de afianzarse en el uso de los nuevos lenguajes. El objetivo final de todas estas nuevas herramientas es el consumo. El eje de dirección de las estrategias de publicidad es la adaptación permanente, la percepción es que si no nos actualizamos nos volvemos obsoletos cuando lo obsoleto es construir un sistema cognitivo sólo para vender.

Hablar con jóvenes, con trabajadores, con jubilados, con mujeres, con pueblos originarios. Escuchar, dejar de bajar línea, dejar los dispositivos de poder del pasado en el ropero y buscar un sentido común, simple, sencillo, entendible. Una propuesta de país tiene que ser comprensible para todas y todos. Ser inclusivos es pensar la complejidad, soñar estrategias, diseñar planes de trabajo, que cada uno tenga una función definida y claramente delimitada en esa estructura. Construir organización. Ser sistemáticos y sistémicos. La fragmentación en política fue fatídica. La ausencia de espacios de intercambio entre representantes y representados, entre funcionarios y pueblo, provocó la sensación de que no pertenecían al mismo proyecto. 

Una disputa por el sentido común

La monetarización de las relaciones políticas, la cuantificación y la cosificación, hace perder de vista la importancia de los procesos, de los tiempos necesarios para construir conciencia, nos impide pensar en cómo disputar lo simbólico. Basta ver a los jubilados golpeados todos los miércoles para confirmar que entendieron perfectamente cómo socavar la construcción del imaginario social que intentó instalar el gobierno con la doctrina de la seguridad interna, traída de los diferentes momentos de dictaduras.

La disputa entre dos modelos de país diferentes es más clara que nunca. La subjetividad individual colapsada y resentida de millones de personas en una cultura para la cual lo más importante es tener, pero que no le permite a las grandes mayorías consumir esos bienes que les prometieron, tiene consecuencias directas en el mundo político. Los discursos disruptivos, llenos de odio y de venganza tienen sentido en tanto y en cuanto puedan seguir canalizando la frustración hacia la búsqueda de un culpable, de un enemigo que dé asco y al que se pueda odiar con todas las fuerzas de la misma frustración.

Cualquier discurso que simplifique en extremo la solución es la salida, por eso pierden sentido los argumentos. La discusión contra el poder es una pérdida de tiempo porque para quienes piensan desde la usinas de trolls y escriben las fake news, la política es el arte de crear fantasías. La emocionalidad es el eje de los mensajes que se construyen y buscan adhesión en el modo, en la narrativa. No se trata de que sea real, de que sea racional. 

En estas elecciones –y en las que sigan– se disputa el sentido común, la concepción de patria, de persona, de poder. Se disputa la idea de que es posible cambiar algo. Si no logramos instalar en el imaginario social que está bueno ser trabajador, que no es vergonzoso ser mujer, que los derechos humanos no son un curro, que hay que devolverles los territorios a los pueblos originarios y respetar sus modos de organización. Si no tenemos claro que es crucial proteger a las infancias y a nuestros viejos. Si no decimos que el consumo en sí mismo no tiene ninguna gracia, que es sólo un medio para poder juntar a los afectos, para comprar la comida que va a reunir a la familia, que hay miles de formas de disfrutar sin gastar un mango. Si no podemos dar esa disputa que nos deje de hacer sentir un individuo aislado, solo, con una vida fragmentada, se vislumbra un mundo sin perspectiva, sin futuro y lleno de resignación.

La comunidad sigue existiendo, seguimos conviviendo aunque no del mejor modo. Sentirnos argentinos, laburantes, orgullosos de serlo, amar a nuestra patria y a nuestro pueblo nos da un sentido para seguir viviendo, orienta nuestros esfuerzos hacia el bien común.

Dejarle otro mundo a los que vienen atrás es nuestro objetivo. Ganar estas elecciones es importante pero seguimos teniendo todos esos desafíos por delante. La disputa por el sentido, por instalar los valores que queremos, por generar las condiciones para que la diversidad pueda florecer por todos lados. Dejar de parecer soldaditos de plástico para poder cuestionar todos los parámetros culturales que enarboló la meritocracia.

El patriarcado, el machismo, el racismo, el desprecio a los pobres, a los viejos, a los inmigrantes, son el problema al que nos enfrentamos permanentemente, tanto en nuestras vidas individuales como en lo comunitario y en lo social. No reconocer nuestras debilidades sólo agrava el problema. Terminamos negando algo que es, a todas luces, parte de la realidad que nos circunda, y que sólo podremos transformar si tenemos la ternura necesaria para reconocernos con fortalezas y debilidades, y para descubrir la magia de lo singular en los demás.

¿Y si nos animamos a cambiar?

El proyecto del poder es el mismo en todo el mundo: sacar ganancias extraordinarias de las finanzas, de los laburantes y de los Estados. Lo primero se realiza en los mercados, condicionando con el movimiento de grandes capitales la suba o baja de las acciones para comprar o vender, según convenga. Lo segundo se opera a través de la modificación de leyes que defendían los derechos laborales y a partir de la pérdida de poder adquisitivo producto del congelamiento de salario y del aumento de tarifas y de la inflación. El último se produce cuando llegan al gobierno sectores del poder concentrado y se quedan con todos los negocios, concesiones, privatizaciones de empresas, de territorios, y recorte en políticas sociales.

Tenemos experiencias concretas, históricas, acerca de cómo construir en sentido contrario al que vivimos hoy. Desde el Estado, cuando las fuerzas del suelo –el peronismo de la mano de otros sectores políticos con bases populares– llegaron al poder, se generaron condiciones de vida, de desarrollo, de sentido de pertenencia que son un capital simbólico y organizativo muy valioso.

En todos los niveles del Estado, en las políticas proteccionistas, en el fomento de las Pymes, en el cuidado de las personas, hay experiencias que nos muestran que no es imposible. Para volver a construir lo social, empezar a vivir como nos gustaría que sea el mundo es de vital importancia. Animarnos a ser los locos de esta época, a romper estructuras, a dejar de lado esta obediencia a mandatos que nos anulan. Revolucionar el entorno, mover el avispero, porque en esta comodidad nos morimos todos.

Publicado en el semanario El Eslabón del 24/10/25

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