La carrera de Ciencias de la Educación celebra cuatro décadas de su creación con la publicación del libro 40 años 40 voces: Memorias de experiencias de formación. Fue editado por la Facultad de Humanidades y Artes (UNR).

La carrera de Ciencias de la Educación cumplió 40 años y decidió celebrarlos con un libro que reúne las voces de quienes se han formado, enseñan y transitan sus aulas. Las narrativas se centran en las vivencias de estudiar en la universidad, de aprender de los encuentros en los pasillos y asambleas, de docentes que han dejado su marca pedagógica, pero sobre todo en el valor de la educación pública y la vida democrática.

La obra se llama 40 años 40 voces: Memorias de experiencias de formación en la Carrera de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR), compilada por Natalia Fattore y María Paula Marini. Fue editada por Humanidades y Artes Ediciones, y estará disponible en internet.

40 años 40 voces se presentó en las jornadas que se realizaron a mediados de octubre pasado por las cuatro décadas de esta carrera de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En las primeras páginas, el decano de la Facultad de Humanidades y Artes, Alejandro Vila, rescata que la creación de estos estudios se da “en un clima de fuerte esperanza durante el proceso de normalización universitaria iniciado con la recuperación democrática de 1983”.

Esa idea de asociar la bienvenida de Ciencias de la Educación (1985) a los tiempos posdictadura y de vuelta a la vida democrática es valorada –desde diferentes perspectivas– en muchos de los textos reunidos. 

La directora de la Escuela de Ciencias de la Educación, Natalia Fattore, describe al libro como “polifónico”, ya que “reúne un conjunto de voces plurales y diversas en las que es posible reconocer puntos de vista opuestos, registros que se contraponen y a veces incluso se responden entre sí”.

La mayor parte de las voces reunidas –incluidas las del Decano y las autoridades de esta escuela– destacan la importancia de la construcción colectiva en tiempos de desprecio por el otro, de negación de la diferencia y del «sálvese quien pueda». Nada más alejado de la tarea de construcción política que demanda la educación. 

La profesora María Paula Marini –quien integra el equipo de gestión de la Escuela de Ciencias de la Educación– compara la publicación de este libro con una “celebración”, “una forma de dejar huella y construir memoria colectiva”. “En tiempos en que lo público enfrenta amenazas concretas, donde los discursos oficiales buscan restringir voces y horizontes, editar un libro se convierte en un gesto tanto político como pedagógico”, dice para reafirmar esa mirada de resistencia.

Según explica Marini, la invitación a las y los graduados a escribir para este libro se hizo atendiendo a la diversidad de recorridos profesionales que hablan también de la amplitud de la formación.

Así, escriben quienes son docentes en distintos niveles del sistema educativo, “trabajan en organismos estatales vinculados a políticas públicas”, integran “sindicatos docentes y espacios de formación gremial”, “investigadores, gestores y diseñadores de propuestas en museos, bibliotecas, centros culturales o proyectos educativos no escolares”. Además de quienes han estado al frente de la Escuela. 

Las 40 voces

“¿Qué nos dicen las 40 voces? ¿En qué reparan? ¿Qué eligen subrayar?”, se pregunta Natalia Fattore en el prólogo. Cada texto tiene miradas propias y comunes. Hablan de cómo y cuándo se inclinaron por la carrera, de lo que les representó ser estudiante de la universidad pública, cómo se transformaron sus vidas. 

Así, Manuela Abuela comparte en el escrito que titula Bisagra que “la Facultad se volvió una escuela de formación política y existencial” y que entendió que cada biografía escolar era “también política, colectiva, tejida con otrxs” que como ella fueron a “buscar algo sin saber del todo qué. Y que ese algo, en el fondo, era el derecho a ser parte. A tomar la palabra”. 

Mauro Carbonari escribe –en Estar siendo– que “en el transitar los pasillos, ocupar las aulas, disfrutar el patio, conversar con amigos” descubrió “que estaba siendo, hice consciente lo vivido, y me percibí distinto”. 

De recuerdos y resistencias llama Carina Díaz a su aporte. Cuenta que se inscribió en 1985, apenas creada la carrera. Habla del impacto que le significó ingresar al edificio de Humanidades y “convivir cuerpo a cuerpo con el Siluetazo, que presentificaba ausencias”. “Si bien estábamos atravesados por la dictadura, el arte tiene esa potestad, y sobre mí se sintió fuerte. Tuve que salir a la vereda, reponerme y volver a entrar”, recoge entre sus recuerdos. 

Guillermina Fritschi dice que cuando comentó a su familia que se inscribiría en alguna carrera de Humanidades y Artes, su madre le sentenció: “Irás a una Facultad de hippies y ateos y ya no vas a ser la misma”. Lo escribe en un interesante texto que titula De las operaciones pedagógicas para devenir otra, inspirado en lo que Marteen Simons y Jan Masschelein llaman “operaciones pedagógicas”, “esas que permiten crear otros mundos posibles dentro y fuera de la escuela”. 

Carola Nin cuenta que la decisión de estudiar Ciencias de la Educación “resultó de la conjunción del legado familiar y el deseo de estudiar en la universidad pública”, lo que representó la posibilidad de involucrarse “en un conjunto de asuntos: la pedagogía y la política, dos campos apasionantes, si es que podemos decir que son dos campos diferentes”. 

En el texto que llama La piedra que cae al agua se pregunta: “¿Qué buscan hoy los que eligen estas Ciencias en plural? ¿Quieren saber sobre la piedra que cae al agua o les interesan las ondas circulares que se expanden y perturban la calma?”

Para María Silvia Serra la Escuela que la formó y la Facultad de Humanidades y Artes constituyen –así lo expresa– un pedazo de su vida y de su identidad. “He sido alumna, profesora y directora de la Escuela de Ciencias de la Educación. Cada uno de esos momentos y esas posiciones dejó sus propias huellas”, rescata en el escrito que nombra La educación, lo que hacemos, lo que nos hace.

Silvia Vaisman recuerda que cursó las carreras docente y de Ciencias de la Educación al mismo tiempo. Con voz propia: la Universidad Pública como espacio de lucha y construcción colectiva llama a su escrito, en el que agradece a la universidad no sólo haber obtenido un título, sino también “una manera de ver, pensar y hacer que transformó mi vida”. 

Trabajar, estudiar y militar en el sindicato docente, de esa experiencia habla Nora Lijtmaer en su escrito Debates y Resistencia de una docente con experiencia política y sindical. Repasa que cuando cursó la carrera era directora de un jardín de infantes público, y reivindica la militancia sindical como instancia de formación.

En 40 años 40 voces las autoras y autores convocados a compartir sus experiencias de formación también dicen del contexto político en que la carrera transcurrió; de las y los profesores que marcaron los aprendizajes. Se reiteran entre muchos otros nombres los de Ovide Menin, Marta Brovelli, Alberto Ascolani, Estanislao Antelo, Liliana Sanjurjo, Amanda Martínez, Rosita Postiglione, Sandra Nicastro y la querida Rosita Ziperovich.

Martín Acosta asegura que si tiene que rescatar algo del paso por estos estudios es “cómo enriqueció y profundizó” en él “las cuestiones teóricas, donde el pensamiento crítico aparecía como la estrella máxima”. Repasa lecturas, profesores y enseñanzas que “le abrieron la cabeza”. Para su escrito eligió como título Cómo gasto papeles recordándote (el inicio del tema de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés Te doy una canción).

Una voz entre memorias llama Gustavo Brufman a su texto en el que se reconoce como “testigo y protagonista del proceso de creación e institucionalización” de la carrera. A manera de un documento histórico, recorre diferentes procesos académicos, de leyes, de docentes y cambios institucionales que se dieron en esta formación.

Mariana Caballero describe como “maravilloso” el año común transitado en la carrera, porque ingresaban a las aulas autores nunca antes vistos, como Marx y Freud; y porque se debatía en esos primeros años de democracia “qué educación y qué país queríamos”. Resalta que entre los que se formaron en la carrera hubo quienes ocuparon cargos públicos y se comportaron dignamente, pero también “quienes se olvidaron de las luchas que permitieron que ellos mismos accedieran a la educación superior. Y buscaron, desde sus ministerios, sponsors privados para enseñar temas en las escuelas, castigaron con presentismos a los que llamaron «premios» o impidieron huelgas”.

Los relatos reunidos en la obra también rescatan la amplitud de campos laborales que tienen las y los cientistas de la educación. De eso escriben, por ejemplo, María Laura Capilla en El compromiso de una cientista de la educación con lo público; Guillermo Ríos en Democratizar, todo y Fabiana Elcarte en Pedagogía de las huellas, en el que narra su experiencia educativa en el Museo de la Memoria en Rosario.

También comparten sus experiencias Alicia Cámpora, Lourdes María Carullo, Julia Ceruti, Agustín Ferraretto, Natalia Forlín, Julia Funes Palacios, Natalia García, Laura Giorgiani, Claudio López, Lorena Lorenzo, Silvia Morelli, Agustina Mosso, Joaquín Paul, Micaela Pellegrini, Norma Placci, María Isabel Pozzo, María Luz Prados, María Susana Puebla, Ariana Revelli, Fernando Scalella, Julia Scialla, Georgina Silioni, Gustavo Terés, María Paula Tornero, Pablo Urbaitel y Verónica Zamudio. 

Cada texto tiene la singularidad del testimonio personal y lo común de proyectarse en un plural. Así propuesto, 40 años 40 voces resulta un valioso aporte a la historia de la carrera y a la formación de educadoras y educadores en la universidad pública.

Publicado en el semanario El Eslabón del 08/11/25

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

  • Tos

    “¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan
  • El fin de una era del trabajo

    La automatización avanza más rápido que la política. A medida que la inteligencia artifici
  • El año que viene

    Yo no sé, no. Laura estaba re contenta. Faltaba poco para que terminara el año. Había cump
Más notas relacionadas
Más por Marcela Isaías
Más en Educación

Un comentario

  1. Steal a Brainrot

    13/11/2025 en 6:37

    Qué hermosa manera de conmemorar 40 años de la Carrera de Ciencias de la Educación en la UNR. El libro «40 años 40 voces» realmente destaca el valor de la educación pública y la vida democrática.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sugerencia

Tos

“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan