Desde el imperio romano hasta nuestros días, la colonización se sustentó sobre la máxima “Divide y reinarás”. Puesta en práctica desde tiempos inmemoriales, fue una consigna utilizada por las potencias colonizadoras, una estrategia de poder basada en promover la desconfianza hacia el semejante. Es quizás uno de los dispositivos más antiguos de poder vigentes en nuestra sociedad que, todavía hoy, tiene una gran eficacia a la hora de anular la capacidad de respuesta.
La individualización, el poder negociar cosas diferentes con cada una de las partes, favoreciendo (aunque sea sólo un premio consuelo) con el sector más obsecuente y servil, es una táctica empleada para producir una competencia entre los dominados. Es a su vez, un modo de impedir la comunicación entre quienes sufren las mismas arbitrariedades. La fragmentación es un fenómeno de cristalización del poder, sucede cuando la potencia de la transformación se solidifica en instituciones, más o menos formales.
Fragmentación con máscara de pluralidad
La responsabilidad de asumir la representación de un colectivo no es poca cosa, sobre todo si realmente se pretende la participación. Sostener una dinámica de discusión interna vuelve lenta la respuesta de las organizaciones a las necesidades de sus participantes. Sostener estas dinámicas en el tiempo, permite conocer a los demás, sus necesidades, sus deseos y su forma de actuar en conjunto. Esa interacción impide la cristalización del poder y, por ende, la constitución de un liderazgo único. La construcción depende de los dispositivos puestos en juego a la hora de definir la cotidianeidad, de debatir las necesidades históricas y las actuales, así como de la clase de relaciones que fomentamos al interior y de que la democracia no se devore a la diversidad. Si le decimos «compañero» a alguien para luego darle una orden como si fuéramos el patrón, se generan contradicciones que afectan la cohesión interna.
Darle más importancia a la articulación macro con otros sindicatos, con otras centrales, con el Estado y las patronales implica en muchos casos postergar el mandato de las bases, si no se da la discusión correspondiente. Si se llega a la conclusión colectiva de la importancia de una estrategia política de alianzas con otros sectores, es probable que se produzca un crecimiento en la conciencia colectiva de la organización en todos sus niveles. La mutabilidad de las organizaciones es fundamental hoy porque desde el poder económico comprendieron que la rigidez de las organizaciones del campo popular que se les oponen tienen dificultades severas a la hora de comprender las nuevas coyunturas, y pierden operatividad y legitimidad al quedar desfasadas de las necesidades de la coyuntura.
La teoría del shock, que es la táctica más empleada por el poder concentrado mundial, tiene como objetivo generar nuevos contextos permanentemente, cada contexto peor que el anterior para las grandes mayorías. De este modo dejan fuera de la discusión a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que se oponen, por las dificultades para adaptarse a nuevos escenarios. Es en estas contradicciones que nos debatimos. Entre el fortalecimiento de la vida interna de las organizaciones y la vida política, entre la rigidez que se convierte en liderazgos tradicionales y en burocracia, y la mutación en tiempo real que nos hace sentir el vértigo del mundo que vivimos.
Un sujeto partido
La era digital provocó en las nuevas generaciones una sensación de velocidad y de inestabilidad que necesitamos frenar. Es una percepción generada por la forma de conocimiento que proponen, basada en la simultaneidad de contenidos, a veces contradictorios, y la volatilidad de una realidad construida por mentiras, ambigüedades y consumo. La velocidad de estos contenidos vuelve aburrida la vida cotidiana, que parece lenta y tediosa. La fragmentación de nuestras vidas hace que todo parezca inconsistente, y eso favorece el fetichismo del prestigio social de las marcas y las modas. La falta de planificación y de disputa simbólica en los procesos de subjetivación, de estrategias que apunten a construir actores autónomos, participativos, que tengan capacidad de decisión, herramientas analíticas y voluntad para llevar adelante lo que deseen, deja en mano de los medios, del celular, la construcción de sentidos, priorizando de esa manera lo superficial, lo material, y lo banal. Que no haya una continuidad entre lo que vivimos en cada ámbito (casa, trabajo, club), nos dificulta a la hora de saber cómo actuar. En la modernidad, la ética, o sea los valores, eran quienes definían nuestras acciones. Hoy, al no tener parámetros, sólo prima el interés individual.
La fragmentación impide la utopía, la bloquea tanto en nuestra vida personal como en lo social. A las organizaciones les pasa lo mismo. Si no logramos aceptar la heterogeneidad, y potenciarla, no vamos a construir una representación genuina, real. La vida de las organizaciones del campo popular, que son las únicas que pueden combatir al poder real, tienen ese mismo desafío. Potenciar la construcción en el disenso, para no acallar voces, dejar que los compañeros asuman responsabilidades, es decir, dejar de tutelarlos, y acompañarlos a resolver los errores que cometan. El aprendizaje reside ahí.
Movimientos y poder de transformación
Los movimientos han demostrado ser las organizaciones que más y mejor se han enfrentado al poder económico. Pudieron mantener una dinámica interna que funciona en el disenso, que respeta la diversidad y que no produce una sangría permanente de su militancia. El movimiento transfeminista y el de derechos humanos son un claro ejemplo de ello. La disputa es tanto a nivel individual como social. Politizar todas nuestras actividades es la respuesta que podemos darle a la fragmentación. Distanciarnos de los valores del neoliberalismo, salir de la evaluación cuantitativa y meternos de lleno en lo cualitativo, porque ahí se juega la ética, que debería ser en última instancia el límite que nos auto imponemos y con el cual nos vamos a manejar en cada una de las acciones que llevemos adelante. Dejar de pensar como piensan ellos es dejar de ser lo que no somos –objetos de consumo– y empezar a ser lo que sí somos: sujetos de transformación social.
Publicado en el semanario El Eslabón del 08/11/25
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.