La denuncia de la detención injusta de un cadete que quedó en medio de un asalto a un local de zona oeste reabrió el debate sobre una actividad de gran precariedad laboral que aunque está a la vista de todos es invisibilizada y negada.
Una marea de repartidores precarizados crece al calor de los nuevos tiempos de aplicaciones y de locales con take away una modalidad de servicio que se impuso en tiempos de pandemia y quedó para siempre.
En mayor parte, son jóvenes, muchos de ellos que se quedaron sin trabajo y ante la falta de oportunidades optaron por salvarse con su propia moto o bici. Están bajo la lluvia, el sol o el viento serpenteando peligrosamente entre el tránsito, son cada tanto noticia por algún accidente, porque los robaron o simplemente porque los maltrataron.
El último hecho que colmó el vaso fue la detención preventiva de Junior Davis Ariste un cadete de 20 años que tuvo la mala fortuna de quedar en el medio de un robo a un local, y a pesar de que él mismo fue maniatado junto a los encargados, las autoridades decidieron que el joven, aún sin tener antecedentes, quede detenido en la Seccional Segunda de Policía.
El Sindicato de Cadetes de Rosario salió esta semana en reclamo para pedir su inmediata libertad con una movilización frente al Centro de Justicia Penal. Denunciaron discriminación y estigamtización, que se suman al yugo cotidiano en el que no tienen cobertura social, vacaciones ni derechos laborales. Son como los viejos peones de campo de principios del siglo XX pero ahora en las urbes y sin estatuto que los ampare.
Nicolás Martínez, titular del Sindicato de Cadetes de Rosario, tiene 33 años y cuenta que desde hace ya unos años el reparto es su fuente principal de trabajo. Como muchos de sus compañeros tuvo otras ocupaciones que se fueron cayendo, como empleado de un comercio que cerró, y operario de una fábrica textil también malograda.
Sin poder encontrar un empleo formal, empezó “a cadetear como para hacer algo” con su moto, y con el paso del tiempo esta actividad se transformó en su principal fuente laboral.
Cuando se menciona la reforma que plantea hacer el gobierno de Javier Milei sonríe con ironía ante la falta absoluta de derechos laborales en este sector. Los repartidores no sólo tienen que enfrentar condiciones precarias en la ley de la selva que es la calle, sino que además denuncian que sufren “discriminación y estigmatización” como lo demostró el caso del joven cadete detenido la semana pasada al quedar en medio de un robo y ser apresado “sólo por la sospecha de ir en moto y usar un celular”, una injusticia que, señala Martínez, “no es un caso aislado”.
Esta situación derivó en un marcha de los trabajadores el martes pasado y sirvió para volver la mirada sobre una actividad que es una postal de las grandes ciudades, de la que Rosario no escapa, en donde se ven a toda hora repartidores con sus cajas-mochilas en moto y bicicleta.

—¿Cuál es la situación actual de este tipo de trabajo?
—La verdad es que la situación es bastante difícil. Primero, es una actividad que si bien no es nueva, se transformó y creció sobre todo con la pandemia. Pero el reparto en moto o en bicicleta, explota con la crisis, cuando al que tiene trabajo no le alcanza y lo hace como un extra, o cuando la gente se queda desocupada. En el 2001 era el remis trucho. Hoy es un Uber, y el que tiene una moto o una bicicleta se pone a trabajar de cadete. Pero encima, ahora cada vez hay menos consumo, los negocios cada vez venden menos y cada vez hay más gente, más compañeros haciendo esta actividad. Entonces hay cada vez menos trabajo y rinde menos. Es un problema.
—¿A cuántos trabajadores representa el sindicato de cadetes?
—En el sindicato –nosotros recién estamos en nuestros primeros pasos–, tenemos un poco más de mil afiliados, pero en Rosario no hay una cantidad (oficial) exacta de cadetes trabajando, por la informalidad, pero creemos que somos entre 7 y 8 mil cadetes. En el país se estima que hay unos 100 mil. Estamos pidiendo un registro para ver exactamente cuántos somos a nivel local. Sólo la empresa más grande, que es PedidosYa, tiene unos 2500 cadetes en Rosario.
—¿Están afiliados al sindicato?
—Algunos sí, pero hay muchos que no, porque ese es otro tema, aún no tenemos el gremio reconocido, no tenemos la personería. Entonces si bien afiliamos, tenemos una mutual y damos beneficios, estamos limitados en un montón de otras cosas. No tenemos un convenio colectivo para masivamente afiliar a los compañeros, sino que el que quiere se acerca y se afilia por su propia voluntad. Venimos pidiendo el reconocimiento de nuestro gremio para poder tener un convenio colectivo de trabajo. Ahora que se viene el tema de la reforma laboral y hay borradores dando vueltas, por lo que vimos legalizaría el trabajo en plataforma pero sin derechos a los trabajadores.
Nuestra actividad no está contemplada en la legislación laboral actual, entonces hay que avanzar en materia de leyes para evitar la precarización que ya hay. A lo mejor nuestro trabajo no se puede pensar como un trabajo de hace 70 años, capaz que tiene que ser un convenio aggiornado y con algunas flexibilidades porque nuestro rubro es distinto, pero no podemos seguir trabajando precarizados como lo estamos haciendo y menos que legalicen esa precarización.
—En algunas aplicaciones piden datos y pago de monotributo pero me imagino que también hay personas que trabajan en la informalidad absoluta.
—Claro. Primero decimos que en estas empresas, en particular las aplicaciones, hay una relación laboral encubierta de hecho. En otros países ya se ha avanzado sobre eso. En España obligaron a registrar todos los cadetes a estas empresas de aplicaciones y en Uruguay se están cobrando los primeros juicios laborales. Porque es una relación laboral. Aparte que les hacen usar la ropa a los compañeros con la publicidad de la empresa, les dan las tarifas, cuánto valen los viajes, te imponen un montón de cuestiones o te sancionan “si no trabajas bien”. Entonces hay una relación laboral, que es una relación laboral del siglo XXI. Nuestra leyes laborales muchas son del siglo XX, pero los niveles de precarización con los que nosotros trabajamos son del siglo XIX.
Después sí hay algunos cadetes que trabajan por su cuenta, algunos están en negro, pero la mayoría trabaja para las aplicaciones o son cadetes de un negocio o de una cadetería que tiene 20, 30, 40 cadetes. Es un trabajo que está totalmente precarizado e informal, por eso venimos organizándonos ya hace tiempo y peleando el reconocimiento de nuestro gremio para cambiar esa situación, porque somos trabajadores como cualquier otro.
—Y en su mayoría también son jóvenes…
—Hay muchos jóvenes. Pero ojo con la idea de que “es joven, estudia y lo hace como un laburito”. Hay muchas personas que lo toman como su principal ingreso. Quizás en un principio lo tomaron como una estrategia de conseguir un extra y se terminó convirtiendo –como en mi caso– en un oficio, porque cada vez hay menos trabajo formal y en el mercado laboral llega un momento en que no ingresás, y si quedaste expulsado ya quedaste afuera y es muy difícil encontrar un laburo.

— ¿Y cuánto gana de promedio una persona que se dedica exclusivamente al reparto?
—Depende de la cantidad de horas, depende de la modalidad donde trabaje, varía mucho, pero estamos por debajo de una canasta básica. Un compañero que trabaja 8 o 9 horas por día apenas puede llegar con suerte a un millón de pesos mensuales, por eso hay compañeros que están trabajando 12, 13, 14, 15 horas por día. También eso aumenta la cantidad de accidentes. Siempre está esa cuestión de que los cadetes andan rápido y es verdad, porque hay compañeros que con tal de llevarse un mango más arriesgan su vida, tenemos compañeros que han fallecido en accidentes, y tiene que ver con lo que promueven este tipo de empresas, que mientras más productivos sos, mejores viajes te tiran, mejores horarios, pero claro, tenés que tirar más cantidad de viajes. Promueven eso, la mayor cantidad de viajes, lo más rápido posible. Y eso no le hace bien a nadie porque el cuerpo lo ponemos nosotros, la sociedad lo ve todos los días, el repartidor apurado corriendo entre los autos, es una vida que va arriba de la moto. Es un problema social porque todavía no hemos tenido un gobierno con capacidad de decisión en ese sentido, gente que se ponga a trabajar seriamente en esta cuestión.
—En ese marco, lo del cadete preso movilizó bastante al sector.
—Es que él fue víctima junto con el resto de personas del local. Lo golpearon, lo maniataron y después de víctima pasó a ser sospechoso y terminó preso. ¡Le dictaron prisión preventiva hasta el 4 de diciembre! Entonces nos movilizamos junto a la familia, a sus compañeros de trabajo, al gremio, al Centro de Justicia Penal. Pedimos hablar con la Fiscalía General de la provincia. Como no tuvimos respuesta, realizamos un corte que no lo íbamos a levantar hasta que no nos recibiera alguien. Bueno, nos terminaron recibiendo de la Fiscalía General y pudimos llevarle una serie de elementos y plantearle unas cuestiones.
Lo que lo hace sospechoso a Junior es que estuvo 15 minutos hablando por teléfono en la puerta antes de entrar al lugar. Cosa que los cadetes hacen porque tienen al celular como herramienta de trabajo. También él entregó el PIN de su celular desde el viernes que lo detuvieron para que lo revisen, y les dijo con quién estaba hablando. En el día de la audiencia (que fue el lunes pasado), todavía no le habían abierto el celular. Y después dicen que dejó la puerta abierta, que fue el último que entró, él entró con una horma de queso en la mano, y como al minuto o dos del ingreso de los delincuentes, es como si él hubiese dejado la puerta abierta. Esas son las pruebas que tiene la Fiscalía. Se hizo presente la cooperativa donde él trabaja desde hace más de un año. Es un trabajador responsable, no tuvo ningún inconveniente. Planteamos que hay una cuestión de discriminación, de estigmatización.
Nosotros salimos a oponernos hace poco contra una ley en la Provincia de Santa Fe que dice que tiene que haber un registro de los cadetes y repartidores en el Ministerio de Seguridad. Seríamos el único rubro del mundo del trabajo que lo tiene que regular el Ministerio de Seguridad y no el Ministerio de Trabajo. Nosotros presentamos otro proyecto de ley que ni siquiera se trató, tenían que tratarlo en la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados. Queremos la regulación, pero creemos que tiene que ser del Ministerio de Trabajo, que es el que regula las relaciones laborales, y no del Ministerio de Seguridad. Entonces hay una cuestión de estigmatización, nos confunden con motochorros, nosotros venimos llevando adelante propuestas concretas que nadie las ejecuta, por ejemplo, que se le ponga GPS a las motos. Nos serviría porque cuando nos roban podríamos recuperar nuestras herramientas de trabajo, y les sirve la seguridad porque muchas veces se disfrazan de nosotros y siguen cometiendo hechos delictivos, ya lo vimos varias veces, se ponen la mochila, la caja, la campera y siguen robando disfrazado de cadete. Hay un montón de cuestiones que hemos planteado municipalmente, provincialmente, y no nos han dado la importancia. Nunca nadie invirtió en una política pública para eso. Queremos simplemente que este trabajo se regularice como cualquier otro y tener condiciones básicas de dignidad.
Publicado en el semanario El Eslabón del 15/11/25
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