Miguel Fullana, ex jugador y campeón con la Lepra, que ascendió como DT del fútbol femenino, cuestionó las políticas pasadas y actuales del club de sus amores. La falta de formadores, su principal preocupación.

La victoria ante Huracán en la fecha 15, sumada a resultados adversos de competidores en la lucha por no descender, apaciguaron el clima que se vive en Newell’s. Sin embargo, para socios y simpatizantes no culminó la etapa de sufrir-tolerar-aguantar-bancar. La crisis institucional continúa.

Esto quedó demostrado con la medida de fuerza que tomó el plantel profesional, por su parte, y los trabajadores del club nucleados en Utedyc, por otra. Ambos reclamos son por deudas salariales.

Ante este contexto, El Eslabón conversó con el Ciego Miguel Fullana, identificado con el club desde que a los 16 años se puso la rojinegra y nunca más se la sacó. Fue campeón como jugador y como técnico en el fútbol femenino, pero que se considera “un socio más”.

La foto de El Gráfico lo muestra cubierto de barro saludando a la hinchada rojinegra tras dar la vuelta olímpica en la Bombonera. Un pergamino suficiente para hablar de Newell’s. Además, el actual presidente Ignacio Astore, lo echó como DT luego de conseguir el histórico ascenso en el fútbol femenino.

Desde Gualeguaychú, donde dirige la primera y coordina las divisiones inferiores de Juventud Unida, el Ciego se hace un montón de preguntas y promueve un análisis profundo. “Que Newell’s haya jugado sin ningún jugador surgido de las inferiores entre los titulares es uno de los puntos más esenciales que amerita un análisis”, sostiene.

“¿Llegan los jugadores? ¿Quién los trae? ¿Se van antes los chicos de las inferiores? ¿Quién se los lleva? ¿Qué falló? ¿Los coordinadores fallaron? ¿Los dirigentes? ¿El sistema de captación?”, siguen las preguntas. Aunque no tiene las respuestas, Fullana considera que hay que seguir hurgando porque “la cosa no es que sólo no llegan jugadores o se van antes, o por los empresarios”. 

De la generación de Sensini y Balbo, Miguel fue a Newell’s a probarse como volante, pero quedó como marcador de punta por izquierda. En el contexto actual, considera que hay que ponerle nombre a quienes desatendieron las inferiores porque “no es de la última gestión, es de hace años”.

Para el Ciego, volver a las fuentes significa hacer una renovación general, preguntarse por qué se juega sin ningún chico. “¿Qué pasó? ¿La captación es buena, es mala? ¿Por qué muchos de esos jugadores que no llegaron en Newell’s sí llegaron en otro lado?” Las preguntas le brotan, las piensa y en el acto arma hipótesis de lo que sucede.

“Se te pueden escapar dos jugadores, tres, pero no se te pueden escapar veinticinco”, dice con dejos de bronca.. Y continúa: “No sé lo que pasó. Hace 35 años me dedico a la formación de futbolistas, trabajo con mi mujer que es psicóloga. Pero sigo sin entender del todo esto que le pasa al club”.

Aporta que para intentar una solución sobre el problema de las inferiores “es saber qué se hace y quiénes trabajan porque la formación cada día es más compleja. Se debería observar qué pasa en el mundo del fútbol que se ha puesto más difícil y menos humano. El que antes traía a los chicos a Newell’s, hoy va al mercado y dice que el de La Plata le da más plata y se lo lleva”.

“Se debe tener gente capacitada que resuelva si a un chico lo esperas hasta los veintitrés años y no hasta los veinte”, argumenta Fullana. “Yo no sé dónde se toman las decisiones. Creo que con Griffa la decisión era lo mejor”

Considera, también, que es importante el poder de lobby de los representantes: “Son los que manejan, porque se los llevan, los traen. Quien agarre la coordinación de las divisiones inferiores va a tener que hacer un trabajo importante y yo creo que de detective también”.

Dirigentes…

Fullana deja en claro sus dudas sobre los dirigentes actuales y los que lo precedieron: “Viene Juan y hace una cosa, viene Pedro y hace otra, viene el otro y hace un nuevo proyecto deportivo. En cuatro o cinco puntos tienen que estar todos de acuerdo”.

En la crítica pasa de lo general a lo particular: “Me parece que hay que ordenar todo, no puede ser que a mí me echen como un perro cuando atendí a este amigo que hace cinco años no podía atender, que dije cosas adentro que molestaron. Pero tiene que haber un salvoconducto o algo para esas cosas. Tanto para mí como para un montón de gente, como el caso de (Ricardo) Lunari, por ejemplo”.

“Uno acata, yo creo que las decisiones deportivas deberían ser de la gente de fútbol, de gente de Newell’s que haya estado en el club. A lo mejor no es tan fácil, uno desde afuera tiene esa visión”, cierra.

Newell’s de mi vida

Mira los partidos de la Lepra salvo que no se lo permita su labor en Juventud Unida en el Federal Amateur. Se siente identificado con la escuela de juego de Newell’s, pero admite que el actual equipo no le gusta. “Creo que a ninguno le gusta, porque si está en la situación que está, es porque no juega bien”.

“La ilusión de dirigir la Primera la tengo siempre. Yo vivo de mi trabajo, no puedo estar esperando que me caiga justo la oportunidad como pueden algunos. Obviamente que es mi casa, mi lugar, me encantaría formar parte de un proyecto deportivo”, afirma con convicción.

“En las difíciles, el Ciego está”, le mandó un mensaje a Lucas Bernardi expresando su apoyo. “Me gusta dirigir, hay algunos que tienen unas características un poco más atrevidas, yo no estoy dentro de ese sistema, no soy muy amigo de los empresarios, me manejo un poco más en solitario”, termina Fullana, también autor de Comadreja, historia de un suplente.

Publicado en el semanario El Eslabón del 15/11/25

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