La dirigente comunista Jeannette Jara ganó la primera vuelta, pero deberá enfrentar a un bloque ultra que quiere sumar Chile a la ola de gobiernos entreguistas de la región. El imperio se relame: ya tiene Argentina y Bolivia, le falta el último lado del Triángulo del litio.

Estados Unidos ya domina dos de los tres lados del “Triángulo del litio”: Argentina y Bolivia (en manos de gobiernos de derecha subordinados a Washington). Le falta solo uno. En Chile, el gobierno de Gabriel Boric actuó, en este tema, en detrimento de las inversiones chinas, que es lo que desea Estados Unidos. Pero el imperio quiere más. No confía en progresistas tibios. Prefiere un representante de ultraderecha sin culpas, un represor, pinochetista y entreguista orgulloso de serlo.

El futuro del litio chileno es una de los temas fundamentales en el marco de las elecciones presidenciales, pero no el único, claro. Acaso pueda tomarse como un símbolo, una síntesis de todos los intereses económicos, estratégicos y geopolíticos que están en juego. 

De ganar la candidata progresista de Unidad por Chile, la dirigente comunista Jeannette Jara (que triunfó en la primera vuelta), se abriría, es de suponer, un escenario distinto. 

De no ser así, un triunfo del ultraderechista José Antonio Kast, tendría un impacto no solo en Chile sino en toda la región. Y significaría un nuevo avance de las derechas, con todo lo que esto significa para la ciudadanía (ajustes, hambre, represión, militarización, pérdida de derechos).

De terminar Chile en manos de la derecha recalcitrante que representa Kast, el país trasandino se sumaría al ya numeroso pelotón de gobiernos antipopulares y pro-yanquis: Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana. 

Una segunda vuelta con mucho suspenso

En la primera vuelta electoral del 16 de noviembre, la dirigente comunista Jeannette Jara ganó con el 26,83 por ciento de los votos al ultraderechista José Antonio Kast, que logró un 23,96 por ciento. Ambos disputarán el balotaje el 14 de diciembre. 

La sorpresa se dio en el tercer lugar, que obtuvo el derechista embozado Franco Parisi con el 19,61 por ciento (lejos del 12 por ciento que le daban las encuestas), desplazando al libertario ultraderechista Johannes Kaiser, quien obtuvo el 13,93 por ciento. Evelyn Matthei, representante de lo que en Chile denominan “derecha tradicional” obtuvo el quinto puesto con el 12,56 por ciento de los votos. Matthei y Kaiser ya anunciaron su apoyo al ultraderechista Kast.

A Parisi se lo suele catalogar como “populista de derecha”, una expresión equívoca y confusa para ser aplicada en la región. “Bala o cárcel para los criminales”, y “Voy a sacar los militares a la calle”, son dos de sus frases que aclaran las cosas. El candidato repite, además, un lugar común de muchas vertientes de la derecha: hacer política desde una presunta antipolítica. “Chile no es facho ni comunacho”, suele decir, para intentar colocarse en el añorado y engañoso camino del medio, ese que sigue, tozudo, negándose a existir.

El economista de 58 años compitió para la presidencia en 2013 (obtuvo un 10 por ciento), y en 2021 (12,8 por ciento). En su segundo intento no pudo hacer campaña en Chile: fue condenado por “violencia económica de género” por no pagar la cuota alimentaria. En 2016 se desempeñaba como profesor en la Universidad Texas Tech (Estados Unidos). Fue echado tras la denuncia de una alumna por “acoso sexual”. 

O sea que, si nos atenemos a las frías matemáticas, y sumamos los votos de los candidatos de derecha más votados, Parisi, Kaiser y Matthei, llegan casi al 50 por ciento de los sufragios. Un número, en principio, difícil de alcanzar. 

Pero las matemáticas no siempre dan cuenta de los fluctuantes comportamientos electorales. No está todo dicho. 

“No dejen que el miedo congele sus corazones. No crean en soluciones imaginarias, cabezas que se esconden tras un vidrio blindado. Nuestro futuro está en nuestras niñas y niños”, dijo Jara a sus simpatizantes reunidos cerca del Palacio de La Moneda, tras conocerse el resultado. “Casi la mitad de los chilenos y chilenas no votaron ni por mí ni por Kast”, agregó. 

“A ellos los vamos a escuchar. Que sepan que son dos proyectos país y dos liderazgos distintos”, sostuvo la exministra de Trabajo, a la vez que anticipó que va a tomar propuestas de otros partidos por fuera de su coalición.

El sociólogo y profesor de la Universidad de Chile, Manuel Antonio Garretón, señaló a Página12 que lo que se comprobó con esta elección es que “los sectores de derecha democrática son minoritarios y la derecha chilena claramente definió su carácter autoritario sumando las candidaturas de Kast y de Kaiser. Matthei, por supuesto, se había comprometido a apoyar a los sectores que son estrictamente los representantes de Pinochet en la tierra y ya lo hizo”.

Para Garretón, el desafío para la izquierda de cara al balotaje es hablarle al votante de Matthei y al de Parisi. “La tarea principal hoy día para los sectores de izquierda es captar a un electorado que no está representado por las cúpulas de los sectores de derecha y a ese electorado hay que hablarle, hay que hablarle a la gente que votó por Matthei y por Parisi además de, por supuesto, mantener el discurso desde una posición de izquierda”.

“La votación de Parisi expresa un voto de descontento de un elector que no le gusta la política, que prefiere algo nuevo y que, sobre todo, no tiene una ideología coherente, el miedo a la incertidumbre, las demandas individuales la necesidad de un cierto orden”, agregó el especialista.

Kast habló a sus seguidores desde Barrio Alto, en el sector opulento de Santiago. “Doy las gracias a Dios”, dijo exultante. El candidato del Partido Republicano es ultracatólico, negacionista y ultraliberal en sus propuestas. “La oposición derrotó a un gobierno fracasado. La victoria real será cuando cerremos las fronteras a la inmigración ilegal. Un aplauso a nuestros carabineros, a gendarmes y fuerzas armadas”, dijo entre aplausos. Kast se mostró junto a Matthei y luego junto a Kaiser. “La unidad es fundamental y tenemos un mes para seguir trabajando”, anticipó.

El litio como símbolo de soberanía

El denominado “Triángulo del litio” se ubica en el límite de Argentina, Bolivia y Chile. Concentra entre el 60 y el 80 por ciento de las reservas de ese metal conocidas en el planeta. Se destacan el Salar de Uyuni en Bolivia, el Salar de Atacama en Chile, y diversos salares que se ubican en las provincias de Catamarca, Jujuy y Salta en Argentina. El litio comenzó a cobrar relevancia estratégica a partir de los años 90 del siglo XX, cuando el mundo empezó a tener en cuenta la transición energética y el uso de energías sustentables. Es uno de los minerales que empezó a considerarse estratégico cuando surgió la producción masiva de baterías de este metal blando. Es fundamental para la industria tecnológica, al igual que el magnesio, el acero inoxidable, el grafeno, y las denominadas “tierras raras”. 

Estados Unidos ya avisó que quiere el litio y los minerales de la región, a la que considera su “patio trasero”. Y, además, advirtió que quiere a China fuera de América Latina.

Argentina y Bolivia ya están gobernadas por gobiernos entreguistas y dispuestos a subordinarse a los intereses de Estados Unidos. El gobierno del actual presidente de Chile, Gabriel Boric, fue tibio en este sentido, y favoreció a los intereses yanquis en detrimento de los de China.

El interés de Estados Unidos en el litio chileno es parte de una estrategia más amplia para diversificar su cadena de suministro y reducir su dependencia de China en la producción de minerales críticos para vehículos eléctricos y otras tecnologías de energía limpia.

Aunque las políticas de ambos países pueden cambiar, la estrategia de Estados Unidos a largo plazo parece ser la de construir una cadena de suministro de litio segura y diversificada, fortaleciendo lazos con socios clave como Chile y desarrollando proyectos en su propio territorio.

Enojo de China con las políticas de Boric

A esta situación hay que sumar el portazo de las empresas chinas a invertir en el litio chileno. Pero este no es un episodio aislado ni producto de trámites y autorizaciones burocráticas. “Es, más bien, la consecuencia directa de una política exterior subordinada a los intereses de Estados Unidos. Y como toda subordinación en política internacional, tiene un costo. Chile ya empezó a pagarlo”, advierte el analista y coordinador nacional del Movimiento Soberanistas, Jorge Gálvez, en el sitio Resumen Latinoamericano.

En un contexto global marcado por la confrontación entre China y Estados Unidos, Pekín ha sido claro: no tolerará que terceros países cierren acuerdos con Washington si estos afectan sus intereses estratégicos. La advertencia fue explícita: “Tomaremos contramedidas enérgicas y recíprocas”, agrega el analista. 

“Dicho y hecho. Apenas 72 horas antes del viaje de Gabriel Boric a China, dos gigantes industriales –BYD y Tsingshan Holding Group– anunciaron su retiro de los proyectos de industrialización del litio en Antofagasta y Mejillones. No fue una coincidencia: fue una bofetada diplomática. Una respuesta directa al trato desigual, a veces hostil, que ha sufrido la presencia china en Chile en el último tiempo”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 22/11/25

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