Hinchas del reciente ascendido Lobo de Mendoza canalizaron la pasión de la tribuna en un espacio cultural que edita libros, dicta talleres y recupera la identidad del club. Entre poesía, música y memoria, construyen comunidad.

“Juegan al fútbol como si jugaran a la pelota”. Rodolfo Braceli para la revista Gente. Octubre, 1970.

“Empezó como un experimento social, a ver qué pasaba si tirábamos un libro a la tribuna”. Bajo esa premisa, un grupo de hinchas de Gimnasia y Esgrima de Mendoza –de ascenso reciente a Primera– comenzó en 2016 a canalizar por el club su pasión por las distintas ramas del arte. Llevaron el proyecto para crear una Comisión de Cultura. “Y prendió”, le dice a este medio Gabriel Jiménez, escritor y referente de ese espacio que ahora ofrece talleres de literatura, ajedrez, fotografía, teatro, música y hasta visitas guiadas.

En octubre pasado, cuando la ilusión del ascenso estaba intacta pero no consumada, lanzaron Tinta, toque y tablón, un libro que surgió del ciclo literario. “En Rosario ustedes lo tienen a Fontanarrosa y hay una historia más fuerte. Pero acá no había muchos referentes y era mal visto combinar literatura y fútbol”. 

Cultura en ascenso

En partidos entre semana, reprogramados y de tribunas semivacías, el escritor Gabriel Jiménez usaba el tiempo muerto previo al ingreso de los equipos para apuntar ideas en su cuaderno. Al lado, observó que otro hincha como él repasaba apuntes de una fotocopia. “Me preguntaba qué hacía este y era que estaba estudiando un guion para una obra de teatro”. 

Al poco tiempo descubrieron que también allí había músicos, poetas. “Nos dimos cuenta de que éramos bastantes los que hacíamos cosas culturales, cada uno por su lado. Así que nos propusimos el club como lugar de encuentro, para darle una vida social más activa”, remarca el poeta de Vidrio molido (2009), Coso (2013) y Motín (2015).

El paso siguiente fue armar el proyecto y presentarlo a la comisión directiva. “Al principio no nos entendieron mucho de qué hablábamos –reconoce entre risas Jiménez– pero de a poco fuimos haciendo actividades diversas”. Comenzaron los talleres, pintadas de murales de viejas glorias del equipo. “Se fue sumando gente, y ya nos ubican, saben lo que hacemos”, destaca. Historia, identidad y cultura.

La última producción del espacio fue Tinta, toque y tablón. Historias de hinchas contadas por hinchas, que se presentó en la pasada edición de la Feria del Libro de Mendoza. “Esto surge del interés de la gente que se sumó al taller literario. Hacemos ejercicios, leemos autores, escribimos y corregimos nuestros propios textos”. En los tres años que lleva el ciclo, también se publicaron fanzines con producción propia “para mostrarle a la gente lo que estaba pasando en ese grupo”.

Define al libro como “una construcción coral, de muchas voces”. Entre sus páginas conviven diversos registros: poemas, relatos, crónicas, cuentos. Sobre el contenido, aclara: “Está todo relacionado a Gimnasia, pero desde la voz de los hinchas. Son ellos los que cuentan las historias, que muchas no tienen que ver con lo deportivo, sino con un abuelo que los llevó por primera vez a la cancha, con una camiseta que consiguieron en algún momento, con un hijo que debutó en Primera. Son distintas historias en las que lo principal no es el fútbol sino el modo en que se vincula el hincha con el club”.

Historia en blanco y negro

Le pregunto a Gabriel por qué hacer todo esto en el club y no en otro lado: “Sí, seguramente sería más prestigioso hacerlo en otros lugares. Empezó como un experimento social, a ver qué pasaba si tirábamos un libro a la tribuna. Y prendió”. El trabajo de esa área también incluye charlas en pretemporada con el plantel profesional. Le cuentan, dice, qué es Gimnasia. 

Espacios como este, añade, “también posibilitan que de distintos sectores del club la gente se encuentre en torno a la literatura, a la cultura, que empiecen a generar sentido de pertenencia e identidad en los textos que elaboran, que van contando su propia historia, y eso también va creando un efecto en el resto, que lee esas historias y se identifica en recuerdos, vivencias”. 

“El origen de los clubes tiene que ver con los movimientos sociales en Argentina. La idea es volver a esos orígenes. Sobre todo hoy en tiempos en los que está todo tan cuestionado, cerrado en lo individual, todo tan marketinero, esto es una actividad a pérdida, pero que genera cosas interesantes”.

Gimnasia y nada más

Lejos de encandilarse con las luces que salen de la tele con los poderosos equipos porteños/nacionales, Gabriel Jiménez es hincha de Gimnasia y de nadie más. Socio 3.927, conoció la pasión por el club gracias a un amigo de la primaria. Eran los 90 –me aclara– años en los que “el fútbol estaba totalmente desarticulado y todos los equipos de Mendoza habían quedado afuera del circuito” de AFA.

Su primer acercamiento fue una prueba de jugadores. Quedó, hizo inferiores, y llegó hasta la Reserva. Después cambió fútbol por estudios, y canalizó su amor al equipo desde la tribuna.

“De chiquito no era hincha de ningún equipo. Así que cuando apareció Gimnasia me identifiqué mucho con su tradición, el estilo de juego. Adquirí mucho sentido de pertenencia con el club, cuando aún no había nada”. Por eso, admite: “Hoy no creo estar en Primera”, categoría en la que jugará desde la próxima temporada.

Foto: Santiago Tagua

Del Lobo lo enamoró las historias que le contaban viejos hinchas que vieron al equipo de los años 70 y 80 en torneos nacionales. “Tenía una tradición en el fútbol. Eso me enganchó a mí también, en toda esa mitología”. Y se lamenta: “Pero cuando yo llegué al club ya no había nada de eso”.

Una crónica de 1970 escrita por Rodolfo Braceli (“top de escritores mendocinos. Un ídolo”) –publicada originalmente en la revista Gente, luego incluida en su libro De fútbol somos– recuerda a aquel equipo como un grupo de muchachos que deambulaban por clubes chicos de la provincia y que decidieron juntarse “para divertirse un año más”. Y que el DT de River de entonces “ganaba más del doble que todo el plantel”.

Sigue la nota: “Juegan al fútbol como si jugaran a la pelota. El exceso de edad y de alcohol etílico y la escasez de oxígeno los compensan zurciendo muy sosegadamente jugadas que terminan por adormecer a los mejores equipos profesionales. Obedecen una estrategia suprema: hacen lo que les da la gana dentro de la cancha, con una relajación que les viene de la alegría”.

El emblema de ese plantel fue Víctor Legrotaglie, una especie de Trinche Carlovich nuestro, que bailó al Santos de Pelé y rechazó al Real Madrid. El estadio hoy lleva su nombre. La Comisión de Cultura estampó su rostro en las paredes del club.

Camino dantesco

“Yo siempre hacía el chiste de que el ascenso argentino era como los nueve círculos del infierno de Dante (Alighieri), que nunca parece que vas a salir, que siempre hay otro círculo, y otros pecadores y gente más arriba”. Gabriel Jiménez subraya ese camino de Gimnasia: “Venimos de ganar, primero, la Liga Mendocina. Después, ascender y descender del torneo regional/federal, incluso cuando todavía eran los viejos Federal A y B”.

Así, él con el Lobo recorrió remotos rincones del país. Desde el norteño Altos Hornos Zapla, “donde hubo que ir en trafic porque no llegaban los colectivos por el camino de montaña” hasta la Patagonia “donde una vez nos hicieron un gol olímpico culpa del viento”. En tren, en bondi. “Nos acostumbramos a esa aventura de jugar ante equipos que ni sabíamos quiénes eran”.

Ya en la B Nacional “todo era un sueño”, dice. Categoría profesional, equipos grandes, partidos televisados. Ganar ese campeonato y ascender a Primera, reconoce, no estaba en la imaginación ni de la mejor obra de ficción. “No sé cómo vamos a hacer cuando sea el primer partido”. Parece toda una divina comedia.

 

Laberinto de ecos

Por María Elena Palavecino

El fútbol es un rumor de ausencias
cada partido
un duelo de recuerdos que se esfuman
la tribuna
un lienzo en blanco dónde busco tu silueta
esas gradas
gritan tu nombre en silencio
esos jugadores
se mueven como una coreografía perfecta
pero yo,
sólo yo, veo un vacío
en ese fútbol que una vez
fue nuestra pasión compartida.
Ahora, la pelota rueda sola, como yo.
Y el “Victor”, nuestro estadio,
convertido en un laberinto de ecos
dónde cada grito de gol es un recordatorio
de que ya no estás.

Publicado en el semanario El Eslabón del 22/11/25

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