Ruperta Pérez, de la comunidad qom local, y Viviana Ayilef, de la población mapuche de Trelew, compartieron una de las mesas del 33° Festival Internacional de Poesía Rosario. Ambas conversaron en el “Foro sobre poesía y lenguas originarias”.
La semana pasada cerró la edición del 33° Festival Internacional de Poesía Rosario, un encuentro ya tradicional de la agenda cultural de la ciudad que nuevamente tuvo una gran convocatoria de público en sus diversas actividades en el Centro Cultural Fontanarrosa y en distintos espacios de la ciudad.
La apertura estuvo a cargo de la escritora y periodista María Moreno. Entre lecturas, charlas, presentaciones de libros y revistas hubo, en una de las jornadas, un homenaje al creador y editor del histórico Diario de Poesía, Daniel Samoilovich, fallecido recientemente. Además de talleres y clínicas, el festival se destacó por ofrecer un espacio para las lenguas originarias con la presentación de Mapic. El árbol que estuvo siempre, un poema-libro dedicado al algarrobo, basado en relatos orales de la comunidad qom en Rosario, recopilados por la referente originaria Ruperta Pérez junto a la escritora Lara Pellegrini. También estuvo presente una poeta representante de la comunidad mapuche, Viviana Ayilef.
Ayilef y Pérez, ambas representantes de las comunidades originarias conversaron, en el “Foro sobre poesía y lenguas”, bajo el título “Lengua Madre”, con la coordinación de Pellegrini.
Partir o llegar desde una lengua originaria y salir al cruce de los idiomas urbanos de los inmigrantes europeos que se abren en abanico es un gran desafío. Así transmitieron esa experiencia dos mujeres que son referentes de sus comunidades, mapuche y qom, y que a la vez navegan por las mareas del lenguaje con una nave nodriza particular: la de los idiomas ancestrales.
Lafkenche, la zona del mar
“Vengo del sur, nací en Trelew, en la zona Lafkenche, decimos nosotros, la zona del mar. Escribo desde hace más de 30 años”, arranca la poeta mapuche Viviana Ayilef. “Lo que hace que esta poesía se vincule con el pueblo al que pertenezco tiene que ver con una profunda sensibilidad en relación con el territorio, territorio antiguo en el que sin embargo no hemos crecido las personas que nacimos en las ciudades. Es una característica muy habitual, por lo menos en Patagonia, que las personas hayan migrado, que hayan sido históricamente despojadas de su territorio y que sus familiares hayan debido migrar a las ciudades y extraviar en ese camino un montón de cosas, entre ellas su lengua, por cuestiones persecutorias y de prohibición. Y con ella, debido a esa pérdida, la pérdida de la lengua, también queda desmembrada su espiritualidad”, señala Ayilef.

“Es decir, no se concibe que haya espiritualidad completa y recíproca sin la existencia de una lengua. Quienes crecimos en las ciudades, crecimos fuera de la lengua, despojados de ella, porque nuestros padres sufrieron el aparato de censura en sus propios cuerpos. Imagino que es similar el relato en todo el Estado nacional, de las torturas físicas legitimadas por las instituciones educativas, donde cualquier niño que osara saludar, así como yo saludé recién «Mari mari» (saludo en mapudungun), ya automáticamente estaba condenado a la tortura física”, cuenta la poeta.
“No exageramos, nuestros mayores tienen innumerables testimonios que dan cuenta de esa realidad. Nosotros, entonces, nacimos en español y estamos haciendo un lento camino de regreso hacia esa lengua. Hablo de mi generación, que es una generación intermedia, y por suerte las generaciones más jóvenes ya están creciendo en mapudungun. Están creciendo en la lengua, son hablantes bilingües, pasan de una lengua a otra según la situación comunicativa y ellos son quienes nos la enseñan. Es hermoso el camino de la circularidad de la memoria”, describe la autora del libro Choz Rayen.
Un crisol de idiomas
“Hoy podemos estar acá y escuchar estos relatos que tenemos en común entre los pueblos indígenas en nuestro país. Mis padres forzosamente me habían enviado a una escuela donde solamente se hablaba el castellano”, cuenta la referente qom Ruperta Pérez. Así aprendió a hablar el español en una región del monte del Impenetrable chaqueño en donde hasta el día de hoy sólo se habla el qom la’aqtaqa.
“Lo hice con la constancia y perseverancia de mi familia, porque ellos decían que era importante que nosotros podamos hablar el castellano”, relata la mujer que agrega que en ese espacio escolar no les dejaban hablar en su propia lengua: “Era una escuela católica, el padre y las hermanitas monjas nos enseñaban a leer y escribir. Y siempre mi papá estaba muy agradecido”.

Pero su lengua originaria seguía siendo el refugio de su intimidad, de sus creencias y su comunicación familiar, y de rituales y rezos. “Donde yo nací y crecí hay muchas poblaciones indígenas. Están qom, wichí, pilagá, guaraní y mocoit y otras, cada una con sus lenguas”, destaca Ruperta. Y agrega sobre las lenguas de los inmigrantes europeos que llagaban al Chaco. “El italiano, el alemán, todas esas lenguas yo creo que las tengo en mi cabeza”, dice y se ríe.
La ventaja de poder hablar en español propició que se transformara en una traductora para intentar unir los mundos distantes. “Empecé a trabajar con la comunidad porque me buscaban, era la única que era bilingüe, la única que podía hablar, la única que sabía leer, era como una herramienta especial. En un paredón yo agarraba y hacía afiches y daba clase. Nos sentábamos en el piso porque las hermanas, había mocoit, guaraní, no entendían el castellano”, recuerda la referente qom.
Latidos ancestrales
“La poesía me contuvo y me fue guiando de modo tal que pude encontrarme en mi ser mapuche, en mi persona mapuche, en esta forma de existencia que tenemos, gracias a la poesía”, sintetiza Viviana Ayilef. “Porque mi generación tiene una generación anterior, que es la generación con la que yo crecí y me formé estética, ideológica y políticamente, que es la generación de una poeta que ustedes deben conocer, que es Liliana Ancalao”.
Y continúa: “Entonces mi acercamiento, como no pudo ser familiar, porque nosotros somos diaspóricos, somos gente mapurbe, se usó mucho tiempo esa palabra, gente de los barrios, gente que nació en las periferias urbanas, porque el despojo territorial conlleva un despojo de clase también, ¿no? Entonces, esas personitas que nacimos en las ciudades, en los barrios no teníamos una comunidad ancestral, no teníamos un idioma”.
“La poesía mapuche cumple una función específica, que ahora yo ya grande y habiendo andado tanto camino en este trabajo que es la poesía, me doy cuenta que funciona, que sirve y es lo que a su vez hizo la poesía de Liliana conmigo. Que tiene que ver con ese despertarse algo que se sabe, algo que está latiendo, pero que yo siempre digo es algo que son esos ancestros que estaban esperando a que volviéramos a ser gente”, remarca.
Al respecto, la escritora y profesora universitaria mapuche aclara: “Se puede ser persona, pero no todos somos gente, menos en el presente, ustedes saben, está muy complicada la cosa con la humanidad. Y entonces, eso hizo que mi forma de vincularme con la escritura haya tenido una serie de modificaciones que tienen que ver con la toma de conciencia de la enorme responsabilidad que tiene la poesía”.

Río de palabras
Ruperta Pérez cuenta que llegó a Rosario desde el Chaco en 1985 y tuvo que adaptarse a una realidad muy diferente. Pero descubrió un hilo de familiaridad cuando vio el río Paraná, y vio la posibilidad de encontrar en la zona, incluso, los materiales para seguir con sus actividades ancestrales de la cestería. Era un modo de seguir ligada a la tierra, como es el modo de seguir comunicándose en la lengua qom en el seno familiar, a pesar de tener que comunicarse con un universo en español y con otra visión del mundo.
“En la educación formal todo está dividido, pero para nosotros la educación no es una división, no hay una materia, para nosotros es el todo. Siempre nos decía mi abuelo que las divisiones territoriales como Formosa o Chaco para nosotros no existían, tampoco ni Bolivia ni Paraguay, no. El todo era a través de los relieves, a través de las montañas, el todo, eso lo tenemos presente”, grafica.
Sobre la comunicación entre los más jóvenes, admite que la lengua original en Rosario va menguando en su uso pero ella toma el guante y como otros referentes mayores de la comunidad, la sigue transmitiendo. En este sentido destaca el trabajo de dos escuelas bilingües interculturales en las comunidades que se encuentran en Rosario.
“Parece que los jóvenes y los niños sí que van perdiendo su lengua. Pero la gente mayor como yo la tenemos vigente todavía. Hoy por hoy, algunos chicos la hablan. Chicos que surgieron de nuestras escuelas bilingües de los barrios y que están estudiando para antropólogos, abogados, enfermeros y tenemos varios recibidos, Yo creo que hay un avance de la comunidad en Rosario. Y de eso muy poco se habla”, resalta la artesana.
De Mapic, el árbol que estuvo siempre (Ara’ará mapic toGoshapéc), de Ruperta Pérez y Lara Pellegrini
el mapic es el árbol
que estuvo siempre
una sombrilla gigante
que nos cobija
es semejante a nosotros
y la respetamos
ella nos da el alimento
no tenemos que pagarle nada
nos brinda su sombra
cuando hace calor
sus chauchas para comer
su tanino para teñir
su madera prende el fuego
llega el primer aroma
del brote del mapic
anuncia el lavoGó
nos regala su perfume
y ese regalo no es para uno
es para todos por igual
para quien lo quiera tomar
Permiso, Lawen (de Viviana Ayilef, fragmento)
te nombramos
lawen kushe lawen fücha
lawen üllcha zomo lawen weche wentxu
kuyfike lawen, les nombramos
para que los nietos de los nietos de los nietos nuestros sepan
que aquí hubo mucho lawen
que en Puelmapu utilizamos diariamente todo lo que brota
maqui
boldo
chilco
quilimbay
que donde la mancha negra por el fuego crece en su locura dirigida
antes subía el lawen
que cada parte curaba algún mal
y no otro:
las raíces
el tallo
sus hojas,
las flores también
que incluso la tierra y las piedras de su entorno tenían allí
sus funciones
el barro
la greda
los pantanos,
el txayenko,
las aguas diversas en su inmensa propiedad…
- La charla completa y otra intervenciones del Festival de Poesía Rosario se pueden escuchar en la página Sonidos de Rosario
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