El colectivo Planeta X festeja 30 años con la tercera edición de un festival que celebra el amor y la autogestión de una grupalidad que marcó la escena artística local. El evento será el sábado 6 de diciembre, entre las 17 y las 23, en la explanada del museo Macro.
A mediados de los 90 un grupo de compañeros del Instituto Politécnico de Rosario editaba una revista que se llamaba Planeta X. “Contenía material de literatura, filosofía, política. De alguna manera ese fue el germen de lo que después iba a ser el colectivo Planeta X”, relata Juan Manuel Checho Godoy, miembro de ese planeta décimo o planeta incógnito, más conocido por ser el cantante y compositor de Matilda.
Este año se cumplen tres décadas de los primeros pasos de ese grupo. En ese tiempo, Planeta X se fue transformando. “Fue primero una revista, después se agregó lo del sello discográfico, los mismos que hacían la revista también tenían una banda que se llamaba Sumergido y creyeron que el camino para poder seguir haciendo música era juntarse con otras personas y poder trabajar de manera colaborativa y organizarse de manera horizontal”, destaca Checho.
Desde aquella época se empezaron a juntar en lo fue la Biblioteca Ghiraldo, conocida como la biblioteca anarquista, ubicada por calle Paraguay casi Riobamba. Allí hacían asambleas todos los lunes para decidir la próxima revista o qué próxima edición iban a grabar en el sello.
“Una de las ideas que hubo para poder costear esos gastos, de la revista por ejemplo, fue hacer una fiesta, que sea de carácter un poco más popular, que era la fiesta de los 80”. Aunque ya eran fines de los 90, la idea fue tomando forma. A todos les gustaba la música de la década anterior. “Fueron fiestas muy exitosas en ese momento. En el que algunas llegaron a ir mil personas”.
De pronto se encontraron con fondos no sólo para hacer la revista sino también para alquilar una casa. Ubicada en Urquiza al 1600, Planeta X empieza “a tomar su forma más virtuosa”, recuerda Godoy.

El sueño de la casa propia
A partir de tener la casa empiezan a suceder otras cosas. Se transforma en escenario de encuentros múltiples y variados. “Empiezan a circular muestras de otras personas, recitales de otras bandas, charlas. La casa también funcionaba para los integrantes de Planeta X que se organizaban de una manera asamblearia y horizontal, no había jefe ni presidente ni nada por el estilo. También se usaba como un lugar social, como una especie de club o cooperativa donde nos juntábamos a comer, a tocar, a ensayar o simplemente a pasar el tiempo”, rememora Juan Manuel.
Entre 2001 y 2011 Planeta X tuvo varias sedes, todas con diferentes características, todas con mucha vida. “A cada casa también se fueron agregando otros grupos como Indymedia (una red de periodismo independiente, con presencia en distintas partes del mundo) y ahí el proyecto empezó a enriquecerse y a ser cada vez más virtuoso. Se empezaron a solventar no sólo el alquiler sino que pudimos comprar equipos, aire acondicionado, computadoras, todo trabajando de manera cooperativa. Y en algún momento hasta pudimos sacarnos un pequeño sueldo de las actividades que hacíamos”.
En paralelo también crecía el sello discográfico, se iban agregando proyectos musicales de artistas, tanto de rock como de música experimental, cantautores. A la actualidad lleva publicados más de 120 ediciones.
De qué Planeta viniste
Juan Manuel Godoy conoció a Planeta X por las fiestas de los 80 a las que asistía con amigos. Cuando abrió la casa de Planeta X ya estaba con Matilda: “Recién habíamos empezado a tocar”. En aquel planeta aprendieron a compartir herramientas para trabajar la música, pero sobre todo: formas de organizarse.
“Planeta X era un lugar donde ocurrían sucesos musicales y fuimos en algún momento a ver unos recitales de música experimental, entonces era muy loco, porque por un lado Planeta X era la fiesta de los 80, que era re popular, que había un montón de gente, y por otro lado era algo mucho más extraño y de gueto, que era la música experimental en un lugar con poca gente”.
“Entonces –continúa– eso me llamó mucho la atención, me pareció que estaba buenísimo. Mi relación con Planeta X obviamente que marcó mi vida como la de todos mis compañeros y compañeras. Yo creo que esa forma de trabajar, de alguna manera no dejaba de ser una agrupación con una idea política, pero llevada directamente a la práctica”.
Planeta X fue un laboratorio en el que se juntaban todos los lunes de manera asamblearia para decidir, de manera consensuada, qué hacer. Las tareas se repartían equitativamente, no había jerarquías.
“Fue como una escuela, nos marcó la forma de trabajar, nuestra ética de trabajo. Así que hasta el día de hoy, cuando tengo que definir cuestiones laborales (por ejemplo, con Matilda), trato de tener esas mismas convicciones, relacionarme con la gente más que nada de manera afectiva, de ser tolerante, de poder ubicarme en cada situación, que no todo es lo mismo”.
En esos 10 años en que Planeta X tuvo casas, los miembros y una amplia comunidad tuvo un lugar donde encontrarse. “También esa época coincidió con un período de nuestra vida, éramos jóvenes, teníamos entre 20 y 30 años, entonces teníamos mucho tiempo, la mayoría no teníamos familia, teníamos tiempo para estar ahí, para pasar el rato, para experimentar con música, para hacer eventos, para hacer todo lo que nuestro deseo tuviera ganas”.

Bailemos
Cuando dejaron de tener la casa –“porque al estar todos más grandes, las energías también se iban diluyendo, cada uno también tenía su trabajo, su familia, entonces ya se hacía muy difícil sostener eso”–, de todas maneras, el grupo nunca dejó de estar vinculado y tampoco dieron un cierre a Planeta X. Siguieron conectados, tratando de hacer música, editar discos y eventualmente, en algún momento sintieron la necesidad de revincularse con el público otra vez.
“Con el concepto de las fiestas o de los eventos musicales –dice Checho al respecto–, pero con una idea de lo público, no que fuera en un lugar cerrado que de alguna manera limita, sino que fuera en un lugar abierto, en un horario apto para todo público, donde la gente también pudiera ir con sus hijos e hijas a disfrutar, a comer algo, socializar, a bailar”.
Así surgió Planeta Público Bailable. Los primeros se hicieron al lado del Planetario. El evento trata de continuar lo que supieron hacer en algún momento con las fiestas de Planeta X, “que eran fiestas en trasnoche en lugares más oscuros” pero llevándolo a su realidad actual, siendo “gente grande con hijos” y que todos pudieran disfrutar en familia ese momento con DJs, bandas, “poder comer, poder juntarse con amigos que hace mucho que no ves”.
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En el marco de los 30 años del colectivo, habrá celebración con un Planeta Público Bailable especial, “con mucha producción, todo trabajado y costeado de manera autogestiva, sin aportes de ningún tipo de Estado, simplemente con el permiso para poder hacer el evento ahí”, en la explanada del Museo Macro (Oroño y el río).
“El evento se está costeando con dinero que recolectamos de otros eventos que hemos hecho, más lo que esperamos recaudar esa noche. Es importante remarcar que se va a costear y a poder financiar con lo que la gente vaya comprando esa noche o donando al QR que vamos a poner como entrada simbólica. Hay que pagar las luces, el escenario… es toda una movida hecha por gente con ganas de hacerlo, por el amor que nos une de todos estos años, las ganas de encontrarnos y el gusto por la música y el baile”.
PPB 2.025
Muchos cambios se dieron desde aquel 95 de fines del siglo pasado hasta este 2025. “Pasamos de una era analógica a una era digital e hiperconectada, a una época sobrecargada de información”, dice Checho Godoy. “En el año 95 hacíamos una revista, hoy sería impensado. Pero, de alguna manera, Planeta X fue protagonista de esos cambios, estuvo ahí también en esa bisagra que fueron principios de los años 2000, podemos decir que utilizamos esas herramientas que aparecieron, como internet por ejemplo, para poder editar de manera libre nuestros discos cuando todavía no existía ni Spotify ni Youtube ni ninguna de esas plataformas de streaming, que todavía no existía”.
Planeta X supo aprovechar varios de esos cambios. “Ya tempranamente empezamos a subir nuestros discos a lo que era archive.org y la gente se la podía descargar de manera gratuita. En ese momento, a principios de los 2000, teníamos una discusión interna, en la cual creíamos que la música tenía que circular libremente y que ese trabajo artístico en realidad no tenía un valor monetario, era otra cosa”.
De alguna manera, internet y demás herramientas les facilitó el proyecto musical, dándoles acceso a programas “para hacer música, samples” –remarca Juan Manuel–, o comunicarse a través del mail con personas de otras localidades, y poder viajar.

“Fue una época linda de lo que era internet que no estaba tan controlado como hoy. Hoy es mucho más difícil para una banda poder desarrollarse entre tanto ruido digital, porque hay tanta información que la gente no sabe muy bien para donde agarrar”, reconoce.
Planeta X sigue orbitando. “Nunca dejamos de estar vinculados todos los integrantes a través de grupos de Whatsapp, de encuentros en casas nuestras, en cada Planeta Público Bailable, en recitales, en eventos que hemos desarrollado ya sin tener casa, y ahora últimamente como vienen estos 30 años, estuvimos juntándonos en un lugar, para nosotros muy simbólico, que es donde estaba la casa de calle Urquiza, la primera casa. No en la planta alta donde funcionó originalmente sino abajo, donde ahora está la librería Mal de Archivo y el bar Post, de Oscar Favre”.
Allí volvieron a juntarse puntualmente todos los lunes para armar la organización y logística de lo que va a ser el próximo Planeta Público Bailable por los 30 años de Planeta X en la explanada del museo Macro.
Desde las 17 y hasta las 23 habrá feria y bandas en vivo: Juani Favre + Nata Rangone y Elis Rangone, Matilda, Sinapsis, Oscar Favre y Andrés Mantello+Luko y el Colectivo de Djs de PX: Emi Boero, Marita Cutx, Audiodélica, Charly Egg, Henry y Lukas.
Publicado en el semanario El Eslabón del 29/11/25
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