Caída de salarios, de consumo, de actividad productiva, cierre de empresas y despidos de trabajadores, leyes vetadas. Pero menos inflación y un frágil equilibrio fiscal. Los datos macroeconómicos por sobre la sociedad, el axioma del neoliberalismo.
“Lo que ha logrado en este breve periodo de tiempo para reformar un país inmerso en una crisis crónica habría sido considerado imposible por casi todo el mundo hace dos años”. Así empieza la nota del doctor Hans-Dieter Holtzmann, de la Friedrich-Naumann Foundation For Freedom (la Fundación Friedrich Naumann para la libertad) al cumplirse dos años de la presidencia de Javier Milei. Esto evidencia una primera lectura de los sectores intelectuales que sostienen al Gobierno: para ellos este sistema, así como está, no sólo es el camino, sino que es ya un avance. La perspectiva macroeconómica de los técnicos neoliberales desprecia en su omisión a la vida de las personas: por la salud de los indicadores –algunos, elegidos arbitrariamente, y que además no pueden tener sostén en el tiempo– se entrega la salud de la sociedad.
“Gracias al desmantelamiento sistemático de la normativa y a la audaz liberalización desde el mercado inmobiliario hasta el transporte aéreo, así como a la reducción de los aranceles aduaneros y los controles de precios desde los productos importados hasta la bebida nacional, el mate, por parte del ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, los argentinos pagan ahora precios más bajos y disfrutan de una mejor selección, y las empresas nacionales y extranjeras vuelven a invertir en el país”, continúa la nota, en un alarde de optimismo que no parece condecir con la vida cotidiana que se expresa en las calles de Argentina. Pero tampoco en los datos que manejan observatorios económicos como el Cepa (Centro de Economía Política Argentina), el Mate (Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía) o el mismo Indec.
En términos estrictamente económicos, algunos de los caballitos de batalla del gobierno libertario fueron “bajar” la inflación y mantener el dólar estable, y el famoso “gastar menos de lo que entra”: el equilibrio fiscal. Sin embargo, una breve mirada histórica encuentra que, apenas asumió, el gobierno dispuso una devaluación del 118 por ciento, que el dólar pasó de 380 pesos a 800, hoy bastante lejos de los 1400 actuales. Lo que jamás le siguió fue una recomposición salarial correlativa. Por ende, la menor inflación mensual que se vio después no puede entenderse sin el principio de recorte que atravesó todos los bolsillos de cualquier trabajador.
El Cepa, en un informe que analiza datos hasta agosto de 2025, señaló que disminuyeron tanto la cantidad de empresas como de trabajadores registrados. 19.164 empresas, casi 30 por día, así como 276.624 puestos de trabajo se esfumaron en estos dos años. Por otro lado, el informe que mensualmente publica el Mate muestra claramente la caída de ingresos, focalizadas principalmente en el sector público (cuyo poder de compra real es un 19 por ciento menor que en noviembre de 2023) y en los jubilados (un 23 por ciento menor), que son el sector social más castigado por el ajuste libertario. En cuanto al sector privado, luego de una breve recuperación entre 2024 y febrero de 2025 –aunque siempre por debajo de los niveles de noviembre de 2023–, hoy se encuentra cinco puntos por debajo que al comienzo del mandato.
Sin embargo, el problema del salario reviste una particularidad. El economista de la Mate Lavih Abraham, en una nota con ARGmedios, explicó que no se trata sólo de la pérdida mensual, sino de la acumulada. “Si lo pensamos en números, para entender la lógica: si hoy ganas un millón de pesos te faltan unos 200.000 para compensar lo que perdiste desde diciembre de 2023. Tu sueldo debería ser de 1.200.000 para mantener el poder adquisitivo, pero es de un millón. Pero el mes pasado también te faltaron 200.000 pesos, y el anterior también. Si empezamos a sumar, un trabajador del Estado dejó de cobrar 8 millones de pesos que debería haber recibido para sostener el poder adquisitivo de diciembre de 2023. Son 8 millones que no están en el bolsillo de cada trabajador estatal”. Aquellas pérdidas salariales mensuales, al sumarse en el año, cobran una dimensión de otro orden. Y señala el economista de la Mate: “Son billones de pesos que no están circulando en la economía”.
Esta contracción de los salarios viene de la mano con una contracción de la actividad y del consumo. Según el Mate, tanto el consumo en bienes esenciales como en bienes durables –como electrodomésticos– cayó pronunciadamente entre 2023 y 2025, así como aumentó el nivel de endeudamiento en tarjetas de crédito personales.
Por otro lado, tampoco bajaron los precios de los alimentos. Según el INDEC, tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA) como la Canasta Básica Total (CBT) tuvieron aumentos significativos. Interanualmente, la tendencia registra un alza del 28,9 por ciento para la CBA y del 25,5 para la CBT.
En cuanto al sostenimiento del dólar, vale la pena no olvidar que este año se pidió un salvataje al Tesoro de los Estados Unidos así como un nuevo acuerdo con el FMI que implicó un préstamo de 20.000 dólares. El “gastar menos de lo que entra” se sostiene entre despidos de empleados públicos, contracción de sus salarios, y salvatajes en dólares de organismo internacionales.
La vía parlamentaria
Después de las elecciones de medio término, la vía parlamentaria para enfrentar a este Gobierno empezó a chocar con una realidad sombría: La Libertad Avanza se convirtió en la primera mayoría, ensanchándose la avenida del medio. Con la composición del Congreso actual, las alianzas que debe tejer LLA, así como las posibles concesiones para negociar, son mucho menores.
La primavera de las facultades extraordinarias que vivió Milei llegó a su fin. Pero esas facultades las consiguió con una posición muy minoritaria en el Congreso, aprobando la Ley Bases (allá por 2023), uno de los paquetes de leyes más ambiciosos de la historia argentina, y que incluyó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), bajo cuya órbita se aprobó el proyecto que permite la minería a cielo abierto en Mendoza, poniendo en riesgo el agua de la zona y sin dejar prácticamente un peso para el país.
La vida parlamentaria hasta 2025 estuvo signada por los vetos y los idas y vueltas. Leyes vetadas y luego vetos ratificados por el Congreso con el extraño fenómeno del panqueque: aquel que primero votó por una ley y luego le pareció bien que esa misma ley sea rechazada por el Ejecutivo, si es que se le da el aval. Y para clausurar toda posibilidad: leyes aprobadas, cuyo veto fue rechazado, pero que aún así siguen sin aplicarse.
En alguna de todas estas modalidades recién nombradas entran las dos leyes de financiamiento universitario presentadas en 2024 y 2025, la de emergencia pediátrica –que pretendía poner recomponer los insumos y los salarios de los trabajadores del Garrahan para garantizar el funcionamiento del hospital–, tres leyes que intentaron recomponer, paliar o cambiar el régimen jubilatorio –hoy la jubilación mínima toca pisos históricos–, la ley de emergencia para Bahía Blanca y una ley que afecta el reparto del ATN (el Fondo de Aportes del Tesoro Nacional, que corresponde al 1 por ciento de los impuestos coparticipables; es un fondo que se reparte según la voluntad del Ejecutivo, sin regir prioridad o criterio establecido de antemano). Todas leyes votadas por el Congreso pero que, a causa de vetos o de no aplicación, son letra muerta.

Todo eso sucedió con un Congreso con LLA en minoría, que tuvo que recurrir a alianzas –algunas inestables– y compras de diputados para hacer retroceder leyes que no iban en línea con su proyecto de país, aun cuando el porcentaje del PBI destinado para ellos en muchos era absolutamente miserable. El principal argumento fue que el financiamiento a las universidades o al Garrahan, y el aumento de las jubilaciones volverían a poner en la cuerda floja al equilibrio fiscal.
Con la nueva composición del Congreso, el sector libertario pisó el acelerador y reflotó propuestas que venían cocinándose hace tiempo. Una de los puntos de choque es una reforma laboral que apunta a la flexibilización –permitiendo contratos por tiempo parcial o a cambio de alimentos, en un movimiento que recuerda la experiencia de ultraexplotación que supuso La Forestal–, así como tiene entre sus puntos la eliminación de las indemnizaciones y su reemplazo por un “fondo de cese laboral”, a definir y que no podrá ser mayor a 3 veces el salario mensual, y la creación de un “banco de horas”, que permitiría hacer horas extra a cambio de un “saldo” que se compensaría con días libres o jornadas más cortas en el futuro, y no con un pago adicional. Además, la reforma pretende designar un periodo específico para tomarse vacaciones: del 1 de octubre al 30 de abril, y establecería la obligación del empleador de otorgar vacaciones de verano al menos una vez cada 3 años. Además de la reforma laboral, ya está circulando el texto de una reforma educativa que intenta subsumir la escuela a las lógicas de la oferta y la demanda, como señala Marcela Isaías en su nota en esta misma edición del periódico.
Esas leyes son algunas de las que intentará promulgar el Gobierno en estas sesiones extraordinarias del Congreso, que comenzaron el 10 de diciembre y se extienden hasta el 30.
Como un gato con muchas vidas, que cae pero parado, el gobierno de Milei acumula peso sobre los hombros de la población, pero sigue avanzando. Las repercusiones sociales y económicas que tendrá en el mediano y largo plazo aún están por verse, y dependerán en gran parte de las fuerzas –no sólo político-institucionales, sino fuerzas sociales– que salgan a su encuentro.
El mundo de Milei
La renovada Estrategia de Seguridad Nacional yanqui viene a formalizar una situación que hace tiempo venimos advirtiendo en este semanario. En esta nueva estrategia, calificada de “globalmente conforme a nuestra visión” según el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, el foco se corre definitivamente hacia América Latina, reorganizando su “presencia militar global para hacer frente a amenazas urgentes en nuestro hemisferio, y alejarnos de escenarios cuya importancia relativa para la seguridad nacional estadounidense ha disminuido en las últimas décadas o años”. Es decir: Estados Unidos acepta su lugar en este mundo.
¿Cuál es ese nuevo lugar? Ya no el del árbitro mundial, sino el de pata de una mesa con varias patas, en el que distintas potencias con similares capacidades destructivas (y autodestructivas) se reparten, implícita o explícitamente, a través de acuerdos y presiones, zonas de influencia mutables, en constante disputa y reposicionamiento, pero sin posibilidad a corto plazo de ocluir definitivamente a la otra.

Pero este debilitamiento a nivel global no implica una simetría de retirada de fuerzas. Es más bien un reposicionamiento: hay que recuperar lo propio. Que los ojos se nublen en el mundo coincide con enfocar hacia abajo, en el lugar donde la posible influencia puede ser aún muy factible, y aún así muy rentable. Ese lugar no es otro que América Latina. Como dice el propio documento: “Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental (…). Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.
Por esto, la retirada de la disputa global no es tanto una buena noticia sino una preocupación para todos los intentos soberanistas de este hemisferio americano. Ya habíamos expresado en este semanario la dificultad de Estados Unidos de pisar fuerte aun en los gobiernos que le son fanáticamente afines, como es el nuestro. En la Argentina de Milei, el mayor socio comercial es China, potencia comercial que es el principal elemento dinamizador del sistema capitalista a nivel mundial por sus bajos costos de producción y su exportación de mercancías y no tanto de deuda.
Sin embargo, a los pocos días de esa nota se dio a conocer un acuerdo de privilegio y cooperación comercial para con las empresas estadounidenses. Veremos allí si la política –y el fanatismo de groupie de un Presidente obsesionado con la libertad de empresa mientras lleve el sello del capitalismo estadounidense o europeo– se impone por sobre la economía.
Por lo pronto, es importante no pensar al fenómeno Milei aislado de un contexto de reordenamiento geopolítico mundial, así como de las emergencias de las ultraderechas a nivel global, claros síntomas de un momento de redefinición. Quizás desde las fuerzas populares sea necesario un contragolpe de similar contundencia, más allá del coyunturalismo electoral, para remontar una caída en picada que tiene su curva reciente en el 2015, pero similares causas estructurales que en 1976.
Publicado en el semanario El Eslabón del 13/12/25
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