Aquel militar que, por orden del entonces presidente Néstor Kirchner, descolgó los cuadros de los jerarcas genocidas en la Casa Rosada, hoy es casi un desconocido para las nuevas generaciones. ¿Quién fue Roberto Bendini?
Roberto Bendini, oficial del arma de Caballería egresado en 1968 con altas calificaciones y jefe del Estado Mayor General del Ejército entre 2003 y 2008, se definía como católico, nacionalista y peronista.
Pero no tenía nada que ver con ese nacionalismo heredero de la Guerra Fría, de malambo, sacristía, conspiración mundial y paranoia, de los que alucinan con que el comunismo es un peligro a la vuelta de la esquina en pleno siglo veintiuno.
La primera vez que nos vimos, me dijo que había leído mi libro Tacuara, la pólvora y la sangre, y que había hecho comprar varios ejemplares para repartir entre algunos tenientes y capitanes. Me contó que en su adolescencia, en los años 60, había sido amigo de muchos militantes de la Resistencia Peronista y de la Juventud Peronista.
Cumplió varias misiones en el exterior y vio otras realidades. Durante todo 1988 estuvo en el Grupo de Observadores Militares de la ONU en Irak. En 1993 fue jefe de un batallón del ejército argentino en Croacia, integrando una Operación de Mantenimiento de la Paz, también de la ONU.
Ese mismo año fue representante en la Reunión para la Organización de las Fuerzas de Paz en Bosnia-Herzegovina. De junio de 1998 a julio de 1999, se desempeñó como agregado militar en Estados Unidos y fue delegado ante la Junta Interamericana de Defensa. En 1996 codirigió un ejercicio militar de las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica.
El 24 de marzo de 2004, en acatamiento de una orden del presidente Néstor Kirchner en el Colegio Militar, Bendini descolgó los cuadros de los ex presidentes de facto Videla y Bignone. El hecho generó polémica.
Dieciséis años después, ya retirado, el general relató en una entrevista con la radio de las Madres de Plaza de Mayo que Kirchner le había planteado unos meses antes que quería quitar los retratos, pero no mencionó una fecha. Durante los preparativos para el 24, el general le sugirió aprovechar la ocasión para hacerlo.
Bendini impulsó la desvinculación de la Doctrina de Seguridad Nacional impuesta por Estados Unidos a países latinoamericanos durante la Guerra Fría, fomentó la integración del ejército al proceso democrático, la recuperación de su prestigio ante la sociedad y eliminó algunos gastos innecesarios de comandantes militares.

La nueva orientación quedó plasmada en las placas, mármoles e inscripciones que exhibían la memoria oficial del ejército. En un mármol del hall de entrada del Edificio Libertador, sede del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor Conjunto, donde se leía “Murieron en la lucha contra la subversión”, se cambió por “Murieron para que la patria viva”.
En el link In Memorian de la página web del ejército se titulaba a la lista de oficiales como “Caídos en la lucha contra la subversión”; se sustituyó por “Caídos en los enfrentamientos internos de las décadas del 1970 y 1980”.
Entre los nombres escritos en bronce en el Hall de las Glorias del Ejército en el Colegio Militar de la Nación, donde decía “Lucha contra la subversión”, se cambió por “Enfrentamientos internos”.
El ejército comenzó a revalorizar figuras de su historia, como los generales Juan Domingo Perón, Manuel Savio y Enrique Mosconi, para destacar el rol del ejército en el desarrollo científico, tecnológico y productivo de la nación.
Bendini participó activamente en la conmemoración de la batalla de la Vuelta de Obligado de 1845 contra la flota naval anglo-francesa, algo que el ejército liberal jamás celebró, y fue nombrado presidente honorario de la Comisión Nacional de Homenaje Permanente a esa gesta.
Ordenó la construcción en Campo de Mayo de un monolito que recuerda a los fusilados peronistas en junio de 1956 y un busto del general Juan José Valle en la Plaza de Armas de la Escuela de Ingenieros. En esa ocasión recibió de Daniel Brión –hijo de Mario Brión, uno de los fusilados en el basural de José León Suárez– el sable de Valle, que hizo colocar en el Salón de Honor de esa escuela.
También impuso los nombres de Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego a regimientos. Además, bautizó a la Compañía de Cazadores de Monte 12, con asiento en Misiones, con el nombre de Andrés Guacurarí, el “comandante Andresito” guaraní, hijo adoptivo y lugarteniente de José Gervasio de Artigas. La Compañía fue desactivada en 2018, bajo el gobierno de Mauricio Macri, para “recortar gastos”.
Por todas estas medidas, Bendini tuvo que pagar un alto precio, generó muchos enemigos y terminó renunciando tempranamente a los 62 años.
En 2003, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) denunció que el jefe del ejército había mencionado, en una charla ante capitanes del curso de la Escuela Superior de Guerra, que “grupos israelíes se hacían pasar por turistas interesados en los recursos naturales de la Patagonia” y que estaban siendo investigados. La DAIA lo acusó de “antisemita” y la oposición planteó que, si se verificaba la información, el presidente Kirchner debía removerlo de su cargo.

Prensa Obrera, semanario del trotskista Partido Obrero, en un artículo titulado “Bendini, el general de Kirchner”, lo calificó de “genocida, antisemita y aventurero”. Quienes conocieron al militar, saben que ninguno de esos adjetivos le calzaba.
La presencia en la Patagonia de jóvenes pertenecientes al ejército de Israel no era algo nuevo. Había sido mencionada, desde mucho antes, por habitantes y comerciantes de lugares de turismo en el sur del país y por varios medios de información.
Pero ante el escándalo de las presuntas afirmaciones de Bendini, el gobierno creó una comisión investigadora, compuesta por militares y funcionarios del ministerio de Defensa. En septiembre, ese grupo emitió un dictamen que aseguraba que el titular del Ejército no había dicho frases con contenido discriminatorio o antisemita.
Después, trascendió que los supuestos dichos de Bendini habían sido divulgados por una fracción militar disconforme con su pertenencia peronista, la remoción de medio centenar de altos oficiales del “viejo régimen”, la nueva orientación del Ejército y la quita de cuadros en el Colegio Militar. Pero el daño ya estaba hecho.
Los ataques continuaron. En septiembre de 2008 fue acusado de malversación de fondos en Comodoro Rivadavia –dada por cierto por la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré– y Bendini presentó su renuncia.
La entonces presidenta Cristina Fernández demoró 48 horas en aceptarle la dimisión para disuadirlo, pero no lo logró. Fue investigado durante cinco años y en 2013 fue absuelto. “Pero en el subconsciente colectivo quedó mi responsabilidad de haber sustraído bienes del Estado”, dijo el general.
Todas estas intrigas y acusaciones falsas deterioraron su salud. El 13 de abril de 2022, enfermo de un cáncer de páncreas que padecía desde varios meses atrás, solicitó la presencia de un capellán militar para confesarse y recibir la extremaunción.
En un momento de lucidez en su lecho de enfermo, le mostró al sacerdote el rosario que tenía en sus manos y lo acompañaba desde que en 1982 esperaba la orden –que no llegó– de ser enviado a las Islas Malvinas. Falleció al día siguiente, a los 76 años.
*Periodista y escritor
Publicado en el semanario El Eslabón del 13/12/25
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