La humanidad puja entre un polo que apuesta a la cooperación multilateral y otro que tensiona al máximo la cuerda de la inequidad. Milei intenta moldear el país cumpliendo el libreto de una oligarquía desbocada y vengativa. La esperanza que nunca se pierde.

En vísperas de la pasada Nochebuena, el periodista Diego Genoud publicó en el sitio El Destape un artículo titulado “La Navidad de los despedidos”. No se percibe en su autor una intencionalidad efectista o el ánimo de apostar al dramatismo barato.

Cuenta que en la puerta del Ingenio Ledesma, ubicada en Libertador General San Martín, Jujuy, un numeroso grupo de trabajadores “pasará la Navidad junto a sus familias, en un acampe que sostienen desde hace 50 días. ¿Qué piden? Que el emporio de la familia Blaquier les devuelva el trabajo”.

Genoud completa ese escenario con una abrumadora revelación: “Hace 10 días, en un agasajo a periodistas de Jujuy para despedir el año, el administrador general de Ledesma, Federico Gatti, eligió para cerrar una frase que choca con la realidad de los despidos que decidió la compañía: «Deseo una Navidad en paz y un 2026 a la altura de lo que la Argentina necesita», dijo”.

Ese contrapunto entre la desesperación por la pérdida del trabajo y el cinismo con que un ejecutivo describe lo que para él y sus pares significa la “paz” y lo que el país necesita exhibe el rango de la tensión que existe entre ganadores y perdedores de un modelo salvaje, anómalo por su crueldad y en extremo osado a la hora de soslayar todo costo político que pueda pagar por el nivel del ajuste que está llevando adelante el gobierno libertario de Javier Milei.

El rumbo de un capitán sin brújula

Nunca en la historia –que en el universo libertario prácticamente nadie lee o revisa– un país de la periferia se alió a EEUU y llegó a ser potencia, como sugiere Milei que tendrá como consecuencia su rendición incondicional ante el imperio norteamericano, que encima atraviesa un proceso de declinación ostensible. Todo lo contrario.

Mucho menos ventajoso puede ser si el país vende lo mismo que EEUU. Sólo ignorantes o cipayos pueden soslayar ese dato puro y duro, y acto seguido celebrar un “acuerdo” comercial con EEUU, que hasta ahora no se rubricó, que pondera a la Argentina como un proveedor a precio vil de recursos naturales, y le impone un rol geopolítico de stopper de China en la región.

Hace meses que ese “acuerdo” navega en un limbo, sin un rumbo que alguien explique, entienda o anticipe. Lo mismo le ocurre a la gestión de Milei, cuyo papel es el de capitán de un barco que no le pertenece, porque los dueños son quienes lo pusieron en el puente de mando.

En ese esquema, tanto el Presidente como sus sponsors, tienen un problema: el navegante que pusieron a manejar el timón carece de una brújula, porque la carta de navegación se traza muy lejos de la Casa Rosada, en los pasillos de la Secretaría del Tesoro estadounidense y en el despacho donde Donald Trump elabora los caprichosos movimientos en su segundo mandato. Cada tanto, entonces, se producen algunos chispazos entre los intereses de Washington y los de la burguesía nacional fallida.

La deriva de la Argentina está, de todos modos, planificada. A las corporaciones que inventaron a Milei no le faltan negocios, al sector financiero no le faltan bicicletas, carry trade o festivales de bonos e instrumentos que puedan ofrecerles una renta garantizada en dólares, etc. Por el lado de los salvadores de última instancia, el FMI y la Casa Blanca, también tienen su tajada, presente y futura.

Los grandes perdedores, y eso también forma parte de un cuidadoso diseño, son los mismos de siempre. En primer lugar, trabajadoras y trabajadores, pero también pymes, comercios, cuentapropistas, etcétera. La brutal caída de ingresos de esos sectores es una de las anclas de lo que denominan “equilibrio fiscal”. Salarios pisados y actividad congelada en modo recesivo permiten sostener, con muchas dificultades, esa fantasía superavitaria.

Lo cierto es que no hay un modelo o plan económico ortodoxo o heterodoxo. Lo que se ve con claridad es un esquema de saqueo y rapiña de los recursos del Estado, que encima falla, genera microcrisis cada vez más consistentes, y no surge uno solo de los logros que la administración libertaria promete para justificar su criminal ajuste.

Un gobierno al margen de la ley

El de Milei es un gobierno anómalo, no cabe lugar a dudas en ese aspecto. Es una administración capaz de ofrecer episodios tan disparatados como patéticos. Bastan algunos ejemplos:

  • El ex jefe de la SIDE Sergio Neiffert, en calzoncillos, discutiendo en la puerta de su casa con el subsecretario administrativo del organismo, un enviado de Santiago Caputo que llegó hasta allí para reclamarle la renuncia.
  • Milei hace probar su menú por un secretario antes de comer. 
  • El mandatario además acusó a su vice Victoria Villarruel de armar golpes y corridas cambiarias contra él.
  • Por enésima vez, sostiene que logró neutralizar una híper inflación de 15 mil por ciento.

Ninguna de esas absurdas situaciones sirven para disimular el carácter delictivo del gobierno libertario. Milei, antes de cumplir el primer bimestre de su segundo mandato, llegó al tope de los titulares de todo el mundo por haber promocionado una estafa con la criptomoneda $LIBRA, que actualmente cursa procesos judiciales en los EEUU y en los tribunales locales.

Cuando aún no terminaba de sorprender a propios y extraños surgieron los audios de su abogado Diego Spagnuolo, nombrado como titular de la Administración Nacional de Discapacidad (Andis), revelando una oscura trama de corrupción, con coimas que llegaban, según él mismo aseguraba, hasta las manos de la hermana del Presidente, Karina Milei.

No debería extrañar a alguien todo ese accionar en un gobierno cuyo vértice sostiene que los evasores fiscales son héroes, que Al Capone y la mafia tienen más códigos que el Estado y que viene promoviendo blanqueos de activos que parecen redactados por un cartel colombiano.

Un rayo de esperanza

Aún en este decadente estado de cosas, e incluso después de que las urnas le hayan dado un aparente espaldarazo a esta gestión perversa, la Argentina dispone de anticuerpos sociales, memoria histórica y mujeres y hombres que no se resignan a la entrega pergeñada por el club de los cipayos.

En cada provincia, en cada rincón del país surgen voces que permiten alumbrar esperanza. Trabajadores y trabajadoras que no están dispuestos a que les arrebaten derechos que costó mucho conquistar resisten el embate de un proyecto de reforma laboral que atrasa 200 años.

Para que esa esperanza se traduzca en poder efectivo, será necesario el reacomodamiento del peronismo como oposición con alternativas de otorgarle a las grandes mayorías lo que su máximo líder siempre enarboló: la felicidad del Pueblo. Millones de argentinas y argentinos están esperando la reacción de la dirigencia política y sindical.

No es la primera vez que todo parece hundirse. Lo que los sectores más vulnerables anhelan es que sea la última vez que los enemigos de la Patria tomen el mando avalados por los votos.

Publicado en el semanario El Eslabón del 3/1/26

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