Memoria e identidad

Al rescate de la lucha obrera contra la dictadura

Comparti este post:

En la Carpa de la Resistencia que montaron desde el Frente Sindical la semana pasada en la plaza San Martín, uno de los historiadores convocados a las actividades habló de un tema poco abordado: el “épico” enfrentamiento de los trabajadores al proceso cívico militar.

En el marco de la denominada Carpa de la Resistencia “en defensa del salario, el trabajo, la salud y la educación”, que se montó esta semana en la plaza San Martín, por parte de distintas organizaciones gremiales del Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), una de las actividades tuvo como eje charlas sobre la dictadura y la clase obrera, a 50 años del golpe. En unos de los paneles, el martes por la tarde, disertaron la historiadora Marianela Scocco, sobre las cesantías durante los años del Proceso; Armando Cassinera, ingeniero agrónomo ex delegado de ATE, quien analizó la políticas del gobierno actual contra los Derechos Humanos y el historiador e investigador Andrés Carminati, quien se encargó de revisar un tema poco difundido: la importante y heroica resistencia obrera a la dictadura genocida, en especial un periodo de grandes huelgas entre 1976 y 1977.

“Este 50 aniversario de la última dictadura, como todos los números redondos, invita a reflexionar sobre ese pasado”, abrió su disertación el historiador Carminati, quien hizo su tesis doctoral sobre la conflictividad obrera durante la dictadura en el Gran Rosario, lo que consideró que “es un tema del que poco se habla” a pesar de que para él tiene una dimensión épica. “¿Por qué no forma parte de los relatos? ¿Por qué no forma parte de las efemérides sociales?”, se preguntó. 

Acá no se rinde nadie

“La huelga la prohibieron dos veces en la dictadura”, resaltó Carminati. “Primero, apenas inicia, sacan la ley 21.261 que prohibía cualquier forma de conflictividad o medidas de fuerza, y eso era penado con cárcel. Después, la suspensión del derecho a la huelga: los patrones levantaban el teléfono y si había huelga venían los tanques de la policía o el ejército a reprimir”, rememoró.

“En septiembre del 76, cuando llevaba seis meses la dictadura y ya habían secuestrado un montón de laburantes y de otros actores populares y sociales, se agravó la pena para la huelga. Sacan la ley 21.400 que le mete 10 años de cárcel por protagonizar una huelga. Y eso no fue por casualidad, sino porque justamente en septiembre del 76 estalló una ola de conflictos en las principales fábricas automotrices del país”, explicó.

“No era una prohibición en abstracto, sino que si violabas esa prohibición venían los milicos. Y los milicos tuvieron que agravar la pena por la huelga porque justamente la clase trabajadora resistió a esa dictadura con formas amoldadas a ese contexto ultra represivo”, destacó.

El historiador analizó que en un principio los trabajadores entendían que no eran el principal objetivo de la dictadura, “pensaban que el objetivo era la subversión, que la subversión era algo abstracto”. “Bueno: los trabajadores eran la subversión, algunos lo entendieron después que entraron los tanques a las fábricas y los apuntaron con los cañones”, describió.

Resistencia molecular

“Entonces, hubo toda una conflictividad, sobre todo durante los primeros tres años, que algunos estudios clásicos lo plantean como una resistencia molecular: conflictos por sectores, trabajos a desgano, muchos sabotajes a la producción, a las instalaciones de fábricas, combinado con estallidos huelguísticos de carácter muchas veces semi-espontáneo y por contagio, porque los principales sindicatos estaban intervenidos”, resaltó 

“La CGT estaba intervenida, tenía un milico al frente, y los conflictos se daban cruzados también por la experiencia sindical y una experiencia de lucha de clase con y sin su organización. Eso es muy interesante para pensar este periodo”, reflexionó. 

Durante la charla, el historiador destacó el primero de esos estallidos huelguísticos, fue el de las automotrices y fue a partir de este hecho que se aprueban las normas anti huelgas y el despido con causa por parar.

Tsunami de huelgas

“Después de la primera oleada de huelgas –septiembre del 76–,  se inicia otra en Luz y Fuerza que es tremenda porque los trabajadores tenían la capacidad de bajar la palanca. Acá en Rosario fue impresionante”, resaltó el historiador aunque agregó que una de las dificultades que se enfrentó para investigar las historia de la clase trabajadora en dictadura, es el escaso material en los diarios de la época. 

“Revisé La Capital hasta el año 1978 y dije bueno con esto ni arranco la tesis, pero así y todo en los diarios salieron algunas cosas disruptivas. Una de ellas, sobre el conflicto de Luz y Fuerza, es que los trabajadores de la oficina Sorrento y de otras estaciones se movilizaron por las calles en pleno estado de sitio y de represión, y ahí detienen a muchos trabajadores. También en Buenos Aires iban cantando la marchita por las calles y la Policía los reprimía”, reveló.

“En junio del 77 hubo un estallido en el Gran Rosario que se inició en las dos grandes fábricas de tractores que había en la zona norte por cuestiones salariales, no es que estaban pidiendo cosas demasiado extravagantes. Y se extendió por contagio porque el plan Martínez de Hoz se había afanado el 40 por ciento del salario en el primer año. Esa huelga se extendió a fábricas de otros sindicatos. En la Cristalería de Cuyo, la fábrica cierra las puertas, viene la policía y los cargaron a todos en un camión y se los llevaron a la comisaría”, reseño el investigador y docente, 

“Ese estallido duró diez días, un montonazo para la dictadura. Los trabajadores obtuvieron alguna recomposición salarial, a pesar de la dureza del régimen, es decir, tuvieron una victoria parcial. Hubo despidos, hubo suspensiones y sé que hubo algunos secuestros”, dijo Carminati, quien a la vez confesó que en Rosario todavía hay zonas oscuras de la historia.

“Es difícil encontrar registros y en los sindicatos existe cierta cerrazón a revisar esos años, sobre todo por parte de las dirigencias sindicales tradicionales”. El investigador lo adjudica al “proceso de radicalización previo, a enfrentamientos muy violentos entre delegados, bases, direcciones, lo que hace que a ellos tampoco les interese reivindicar esa historia”.

Ataque 77

“En octubre-diciembre del 77 se produce un estadío huelguístico que se inicia con una pequeña medida de los señaleros, un sindicato muy pequeño que agrupaba a 40 personas del Roca, y se extiende muy rápidamente en poco tiempo. Toma todos los ramales del ferrocarril, todas las líneas del subterráneo y de los colectivos; un conflicto gigantesco en la fábrica Alpargatas, en las cerámicas Lozadur; los pilotos de Aerolínea y Austral presentan la renuncia todos, y previo hay un conflicto en la IKA-Renault brutal. Ahí sí, sale en todos los diarios. Las editoriales discuten si es comparable o no con el Cordobazo, se preguntan eso y lo plantean como «el golpe más duro que ha recibido la dictadura en estos 40 meses»”, describió Carminati.

“Ricardo Falcón, que es un prócer de los historiadores de Rosario, escribió un artículo en los 80, desde el exilio, y asegura que fue una huelga general no declarada, quizás la más importante de toda la dictadura por la magnitud y por el contexto”, agregó.

Más adelante en su exposición, y para poner mayor énfasis sobre lo que fueron estas huelgas en momentos excepcionales, destacó que ni la prensa autocensurada podía dejar de hablar de lo que estaba pasando. “Inclusive salió en el New York Times, en el País de Madrid y en el Washington Post. O sea, se estaban moviendo y todo el mundo miraba a Argentina. Aparece también el tema de la desaparición de trabajadores, de las represalias al conflicto. Hasta en el diario de La Nación hay dos casos que son interesantísimos cuando dicen que los trabajadores del subterráneo están haciendo paro porque «han desaparecido a su delegado». Aparece así con ese término, y a los dos o tres días dice: «Levantaron el paro porque apareció el delegado». Lo mismo pasa con un trabajador de Luz y Fuerza, que le ponen el nombre y todo, Luis Bongio, que lo secuestran en el contexto de la conflictividad y los lucifuercistas revientan un par de transformadores, cortan la luz por todos lados y logran que devuelvan al compañero desaparecido. Fueron momentos excepcionales en los que la unanimidad de la clase trabajadora logró impedir el mecanismo del terror más brutal que tuvo la dictadura” .

El historiador reflexionó: “Nuestros hermanos y hermanas resistieron la peor ofensiva represiva que sufrió nuestra clase de sus orígenes”. Y planteó la necesidad de “rescatar de esta historia sobre la heroicidad anónima contra la dictadura más sangrienta y terrorífica”.

Reconstrucción de conciencia

La charla fue parte de la diversa agenda de actividades desarrolladas desde el martes al jueves pasado en la Carpa de la Resistencia “ante las políticas de ajuste y la reforma laboral”, un espacio montado en la plaza San Martín, frente a la Sede de Gobierno provincial. Los convocantes fueron ATE Rosario, CTA Autónoma Rosario, Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (Soear), los universitarios de Coad, el Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (Siconara), el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (Somu), el Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (Supa), el Sindicato de Cadetes, y el Frente de jubilados (Frejel), entre otros.

Marco Pozzi, secretario general de Soear, expresó sobre el evento: “La actividad básicamente la pensamos porque entendemos que al tener un gobierno que asumió en democracia y que más del 60 por ciento de los laburantes lo votó, hay que llevar adelante una reconstrucción de la conciencia que nos vuelva a hacer pensar que somos clase trabajadora”.

“Esta carpa de hoy es parte de eso. En la mayoría de los encuentros, en las mesas, hay historiadores que nos cuentan lo que se vivió en dictadura. Tenemos una conciencia enorme de lo fue como plan económico y la coincidencia con la actualidad: es el mismo plan de Martínez de Hoz. Entonces, en ese paralelismo, hay que sacar conclusiones, empezar a discutir eso en las fábricas y en los lugares de trabajo, y tratar de transformar esta realidad que sólo la puede transformar la clase obrera en la calle y con huelga”, sostuvo Pozzi.