Yo no sé, no. Pedro se acuerda de lo que para él fue la semana de mayo. La pasé cortando clavos, dice. Iba a tercer grado y la maestra nos dividía en grupos de a tres para hacernos competir y hacer el Cabildo. Y a mi me tocaron dos que eran peores que yo y para colmo sin un mango, dice Pedro. Es que los otros por lo menos zafaban. Compraban el Billiken y ahí venía todo troquelado, era una papa para ellos.

Para colmo nosotros en esa semana jugábamos en un torneíto que se ponía lindo. Así que ni bien salíamos de la escuela nos rajábamos a jugar a la pelota, y qué Cabildo ni qué Cabildo.

Lo que sí, los otros dos del grupo de Pedro tenían una oratoria bárbara. Y antes de cada partido se mandaban un discurso, una convocatoria, y le hablaban a todos diciéndole “vos jugás acá, vos allá” y así. Con el tiempo, Pedro dice que eran como French y Beruti repartiendo escarapelas u otras cosas para exigir que la teníamos que ganar sí o sí en ese Cabildo de 1800.

Llegamos al 23 de mayo con lo que pudimos, dice Pedro. Con cartulinas viejas, mangueando pinturitas. Eso sí, en el torneo salimos segundo pero por un pelito.

Cuando ya estaba pensando y revisando la historia, reflexionaba en lo importante que fue esa semana de mayo. Y los distintos tiempos, los tipos que rescataban y pensaban, entre otras cosas, tener soberanía, decisión propia, como en los 70, cuando el pueblo quería eso.

Y la cosa anduvo. Parecía que a la vuelta de la esquina estaba ese acto revolucionario de tener patria de nuevo. Pero siempre ocurría cíclicamente, por cuestiones propias, y fundamentalmente porque el Imperialismo no aceptaba otra semana de mayo.

Ahora, me dice Pedro, cuánto desearía volver a tener una semana de mayo cortando clavos y estando en tercer grado, porque a uno le gusta volver a la infancia y enfrentar esos desafíos.

En la actualidad, estos tipos son igual o peor que el Virrey. Ahora nos entregan al FMI, a las grandes corporaciones. Uno de los sueños que tengo, me dice Pedro, es que aparezca la semana de mayo y se empiecen a repartir convocatorias, que no eran escarapelas sino cosas en las que estabas con nosotros o con los extranjeros, porque a este partido lo tenemos que ganar, a este camino lo tenemos que hacer nosotros, para tener futuro, para tener patria, para tener una semana de mayo esperanzadora y llena de futuro. Y más soberanía, independencia y libertad. Me dice Pedro mientras me mira sonriente, como las tres banderas históricas del peronismo.

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