EEUU es fundamentalmente una potencia militar. Su presupuesto supera a los de China, Arabia Saudita, Rusia, Francia, India, Gran Bretaña, Alemania y Japón sumados. Y es, además, el único país del mundo que tiene bases militares en todos los continentes y casi medio millón de personas asignadas en ellas.
“Aunque no hay ninguna base extranjera en suelo estadounidense, hoy existen cerca de 800 bases militares de EEUU en países extranjeros, con cientos de miles de tropas. En total, todos los otros países sumados exceptuando EEUU, tienen en el extranjero treinta bases” (David Vine, Base Nation, 2015)
El presupuesto para defensa votado en 2018 tocó los 700 mil millones de dólares. En este 2019, tanto los duros republicanos como los más progresistas demócratas levantaron la mano obedientes a Donald Trump y votaron 716 mil millones. Y para 2019 ya se discute darle a los de uniforme 750 mil millones.
El gobierno de EEUU gasta casi el 60 por ciento de su presupuesto de libre disponibilidad en gastos militares. O sea, fuera de lo que está obligado a hacer por ley (pagar salarios y jubilaciones oficiales, y la deuda pública) sesenta centavos de cada dólar se destinan a las armas y los uniformes.
“El Estado no sólo es socio de la industria de armas como comprador y como inversor en el desarrollo técnico de estas armas, sino que vive presionando a propios y ajenos para que las compren. Eso explica que los sauditas, tan quemados últimamente, sean bien recibidos en la Casa Blanca, donde llegan portando enormes cheques para comprar armas que ellos tampoco necesitan”, señala Sergio Kiernan en la nota “La guerra eterna es un buen negocio”, publicada en Página|12.
“La falta de límites a este desmadre económico es ya un sistema bien armado, en el que el Congreso sólo piensa en quedar bien con sus votantes locales”, señala Kiernan.