Desde que fundaron el sindicato, la comisión directiva y los afiliados –que sobrepasan el número de 600– se reúnen o encuentran en el club Saladillo, que se ha solidarizado totalmente con la causa motoquera. Por ello, por la tarde temprano, o por la noche tarde –cuando terminan de trabajar– se reúnen allí, aunque a veces, como los miembros de la comisión directiva suelen desocuparse pasada la medianoche, se encuentran en el bar donde fueron a festejar la creación del sindicato.

En este momento se encuentran en el bar, tomando unas birras y organizando las visitas que realizarán mañana a las empresas para las que trabajan con el fin de exigir aumento de salario. Los saca de la deliberación la llegada de un grupo integrado por varios jóvenes y un par de adultos, que se acercan diciéndoles que quieren hablar con ellos. Sorprendidos, los hacen sentar, preguntándoles qué es lo que buscan.

Somos del Partido de los Obreros, dice uno de los adultos, y venimos a ponernos a disposición ante ustedes.

Muchas gracias, les responde Joe, agregando que, en caso de ser necesaria su ayuda, se los harán saber.

Los visitantes se miran entre sí, como si no comprendieran. El otro adulto toma la palabra diciéndoles que, en realidad, no se trata de pensar que los llamarán solamente en caso de ser necesario, puesto que un sindicato, para actuar como tal, debe contar necesariamente con la dirección estratégica del partido de la clase obrera.

Ellos son los que ahora se miran entre sí. Como siempre, el primero en reaccionar es Joe, quien pregunta, por su parte: ¿Ustedes dicen que para organizar el sindicato necesitamos que nos dirijan?…

Así es, compañero, responde el que había hablado antes. Para eso existe el partido.

Mirá, le dice entonces Joe, nosotros somos grandecitos. Hace rato que aprendimos a caminar solos y nos arreglamos muy bien por nuestra cuenta. Los que necesitan que los lleven de la mano son los pibes, pero no los jovatos como nosotros.

Me parece que no entiende, compañero, insiste el otro. 

¿Cómo que no entiendo?…, se impacienta Joe. ¡Entiendo muy bien lo que decís!…

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