La comisión directiva se ha reunido nuevamente de urgencia. Está evaluando los resultados de la medida de fuerza: en todos los casos la policía irrumpió con rapidez y violencia, desbaratando los piquetes que se habían formado ante las empresas.

Han llegado a la conclusión de que ese método demostró su ineficacia, por lo que se ponen a considerar otro tipo de acciones. Dado que fracasó el intento de actuar puntualmente y de manera dispersa, ahora están imaginando una acción única en la que toda la fuerza se concentre sobre un mismo punto.

Son principios de la física aplicados a la estrategia militar, dice Joe, que gusta citar cada vez que puede al pensamiento de Perón para imaginar formas de intervención apropiadas. Aunque en este caso parece estar inspirándose en conductores clásicos, desde Alejandro hasta Napoleón, lo cual, lejos de refutar a Perón, no hace sino refrendarlo.

La cuestión es que ahora están concibiendo una gran movilización en el centro de la ciudad para visibilizar sus reclamos, lograr adhesiones de la ciudadanía y presionar sobre las empresas para que reincorporen a los motoqueros echados.

Saben que no será fácil. Los abogados que los asesoran y patrocinan les han informado, hace un rato nomás, que el Ministerio de Trabajo se niega a recibirlos para tratar el asunto de la personería. Ni en pedo la concederán, ha dicho, gráfico, uno de los letrados.

De manera que la única vía que les queda es la de la acción directa, por lo que se ponen a organizar la convocatoria del acto y la difusión en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Así, durante varios días, se abocan a la promoción del acto. Rápidamente comienzan a recibir adhesiones, de partidos de izquierda, de movimientos sociales, de colectivos feministas y de disidencias, de Madres, Abuelas e Hijos. Los que brillan por su ausencia son los partidos tradicionales, que esquivan involucrarse en ese conflicto. ¡Me ne frega!…, exclama Joe, al constatar esas notorias ausencias. ¡Los burgueses, burgueses son!…, agrega, evocando a John William Cooke. Sus compañeros lo miran con cara rara. Están acostumbrados a que Joe salga siempre con menciones como esa, que ellos no comprenden pero que no impide que confíen, ciegamente podía decirse, en lo que les dice.

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