Tras la nueva disputa electoral con resultados similares a los de años anteriores, en el movimiento estudiantil rosarino se busca salir de la modorra ganando las calles para frenar el ataque a la Universidad Pública.
En un contexto nacional extremadamente adverso para el conjunto de la población –con pequeñas excepciones en algunos de los grupos económicos más concentrados– y con una particular arremetida contra la Universidad Pública, acechada por el fantasma de su cierre, en Rosario el voto estudiantil universitario tuvo, a grandes rasgos, los mismos resultados que en los años anteriores, con algunas modificaciones en lo que hace a consejeros académicos (los que participan de los órganos de cogobierno de las facultades) y un sólo cambio de conducción de los centros de estudiantes: el de la Franja Morada desplazando al socialismo en la facultad de Ciencias Económicas. Aun entre quienes apostaban por un viraje correlativo al embate desde el nuevo gobierno nacional de las preferencias estudiantiles, la prioridad tras los recientes comicios, que se realizaron los pasados 8, 9 y 10 de abril, es privilegiar acuerdos básicos entre las distintas fuerzas para converger en la defensa de la Universidad Pública con manifestaciones como la prevista para el próximo 23 de abril.
Los cambios de consejeros se expresan, en las fuerzas que tienen representación en la mayoría de las facultades, en tres consejeros más para el Frente Reformismo en Acción (que es la agrupación que está en línea con el rectorado y la que conduce la mayoría de las franjas de distintos colores), tres menos para el Alde, y dos menos para el socialismo en sus distintas expresiones. A esto se le suman variaciones particulares en las distintas facultades, pero que siguen sin mostrar una variación correlativa con el ataque a la universidad pública y la cantidad de acontecimientos que se suceden, sino una situación más bien conservadora, si entendemos por esta palabra la persistencia de las tendencias que ya se venían desarrollando. Este conservadurismo se podría explicar por una relativa autonomía de las instituciones: en cierto sentido separadas de la sociedad en su conjunto, trazan caminos propios en su historia que, aunque siempre afectadas por el contexto mayor, pueden sin embargo mostrar variaciones significativas. Sin embargo, que los representantes de estas instituciones, los rectores, desde el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) que los nuclea, hayan sido los impulsores de una marcha federal en defensa de la educación pública, que se realizará en la ciudad de Buenos Aires el 23 de abril, no es sólo una novedad en términos históricos –nunca antes los rectores habían estado a la cabeza de una convocatoria de este tipo– sino también es, al menos, un interrogante sobre el carácter conservador de esas mismas instituciones. No significa esto que los rectores sean la encarnación de la institución, pero sí son el nivel más alto de jerarquía que toma decisiones al respecto, y, en ese sentido, están ocupando un rol nuevo y que parece dar un tipo de concreción a la lucha de otros sectores históricamente más movilizados. A esa marcha, la CGT ya confirmó su adhesión.
Un núcleo común
En charla con El Eslabón, Violeta Finocchiaro y Paula Sánchez, presidenta y consejera directiva de Humanidades y Artes por el Pampillon, situaron estas elecciones en el contexto nacional de un gobierno que viene avanzando en la quita de derechos e hicieron hincapié en el contexto particular que está viviendo la educación pública universitaria, en un panorama de incertidumbre en el que no se sabe si la facultad cierra en el segundo cuatrimestre.
En la situación de urgencia que vive la educación pública –y particularmente universitaria–, Paula es contundente a la hora de acercar posiciones: “Tener el presupuesto más bajo de la historia en este momento es un punto en común porque en otro momento podíamos discutir entre los que apoyan a la gestión y los que no. Cuestiones como condiciones edilicias: se abre un nuevo edificio, bárbaro, unos festejan y otros dicen «bueno, se abrió pero se cae un pedazo de techo», entonces unos apoyan y otros no. Ahora es «nos están por cerrar la facultad, no tenemos ni para pagar la luz». Seas de la agrupación que seas, tengas la bandera que tengas, apoyes a la gestión o no, está por cerrar. Entonces es momento de dejar de lado las mezquindades, los individualismos y alguna que otra cosa que tengas o no en común, y posicionarnos en defensa de la universidad pública”.
En ese sentido, Finochiaro convoca a la marcha federal: “Creo que la marcha del 23 apunta un poco a recuperar experiencias que hemos tenido en la Argentina de otros gobiernos de derecha, como durante el macrismo, cuando nos hemos encontrado en la calle con toda la sociedad, con todos los espacios políticos, con todos los actores políticos que conforman ese movimiento para defender derechos básicos como la educación, la salud, los derechos laborales”.

Joaquín Olmedo, consejero directivo por la Febo Asoma en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales –agrupación que, integrando el Frente Patria, quedó tercera a centro de estudiantes, pero segunda a consejo directivo– también charló con este semanario e hizo referencia a la marcha del 23: “Tenemos que estar despiertos, atentos, porque lo que se viene a proponer acá no es solamente una quita de presupuesto o un congelamiento sino que están intentando presentar otro tipo de educación. Hay otro tipo de universidad que se está intentando instalar que va mucho más afianzada a los intereses privados, y nosotros creemos que la mejor manera y la más accesible para nuestra población de acudir a un espacio de formación profesional es dentro de la universidad pública, con un subsidio en la fotocopia, con un subsidio en la comida, no como nos viene a plantear Milei, que para algunas cosas nos dice que no hay plata y después gasta 600 millones de dólares en aviones de Dinamarca que están usados y que no se sabe para qué se va a usar”, agrega. Y reflexiona: “Hay una tarea muy importante que tenemos los espacios de política universitaria, que es empezar a motorizar políticamente a los estudiantes, a posicionar políticamente a los estudiantes. Que los estudiantes compartan la idea de que la universidad no es sólo un espacio para ir, formarte, e irte. La universidad funciona como un servicio también de devolverle a la sociedad lo que hacemos”.
“Yo creo que en este momento todos somos protagonistas del movimiento estudiantil para tratar de dar un cambio, y lo que más me interesa es que los estudiantes que son independientes se movilicen”, postula la consejera directiva de Humanidades, Paula Sánchez, y agrega: “Yo siempre fui defensora de que cada uno transita la universidad como le sale. Capaz que no tuviste un recorrido universitario muy politizado y cursabas, venías y te ibas a tu casa porque tenías la oportunidad de hacerlo. En este momento no tenemos esa oportunidad. Y si no te movía la empatía por el otro que capaz tenía un poco más difícil el acceso a la universidad y vos defendías ese derecho, ahora te toca defender tu propio derecho. Si te mueve el individualismo, que te mueva algo, porque hoy necesitamos que todo el movimiento estudiantil se mueva, y eso no significa solamente los que están politizados en una agrupación, sino el estudiantado en su conjunto y en su completitud completa. La Franja Morada tiene la chapa de conducciones, pero en sí mismos ellos no movilizan como moviliza un estudiante independiente. Tienen que ser protagonistas de todo este movimiento en defensa de la universidad pública”.
(des)radicalizaciones
“El crecimiento de la Franja Morada –que lleva ya varios años: tuvo su resurgimiento en el pos pandemia– tiene que ver con cómo se ha implementado un discurso, o una manera de hacer política de una manera mucho más lavada, no tanto en consonancia con lo que los centros de estudiantes han sido históricamente, que es un espacio de representación gremial, organización estudiantil, movilizaciones masivas”, analiza Finochiaro, a su vez que señala que el panorama de despolitización –término problemático: es una política de la despolitización, aclara Violeta– es algo que también se ve en las universidades, en su estudiantado: “No sólo en facultades en las que siempre ha costado más llevar los discursos nacionales y populares o de ciertas izquierdas, como en Económicas, Odontología, Derecho, sino en facultades como Ciencia Política, Psicología, que históricamente tuvieron un grueso de los estudiantes que tenían, quizás, otra forma de de ver el mundo”.
Por otro lado, Paula remarca que la universidad no es una isla, y que las agrupaciones que allí se articulan tienen, en general, articulaciones mayores –tanto el Pampillon con su referencia en Patria Grande como la Franja Morada con la UCR–. Y, en ese sentido, insiste en que a la hora de hablar de política y militancia universitaria, es necesario mechar el adentro y el afuera porque constituye la misma realidad que se vive en ese adentro: hay una tarjeta de la FUR que tiene descuentos en distintos bares de la ciudad, y eso sirve a una parte del estudiantado, pero también las clases en la facultad están terminando a las nueve de la noche (antes estaban hasta las 11) por la poca frecuencia de colectivos y la inseguridad, y eso responde a responsabilidades políticas y contextos superpuestos del país –que trascienden lo provincial y municipal en muchos casos– que se articulan en la realidad cotidiana que se vive en el adentro. “Tiene que haber un balance de las dos, de lo que pasa adentro y de lo que pasa afuera”, señala Sánchez.
Pensando también en los resultados de la UNR, Joaquín Olmedo señaló que “vemos que el radicalismo universitario ha encontrado una forma de hacer política que a los estudiantes que se podrían decir están desmotorizados políticamente, que no están tan marcados ideológicamente, les sirve, porque es una cuestión de decir «voy a la facultad para estudiar e irme lo más rápido posible». Nosotros lo planteamos desde otro lugar, necesitamos que los estudiantes formen un pensamiento crítico, funcionen acorde a la sociedad, los acontecimientos, la coyuntura actual”. Más allá de eso, remarca la habilidad de la Franja Morada en su construcción de la política universitaria: “Hay algo que está pasando realmente, y es que la franja se está polarizando como una fuerza diferente a las demás, y esa es una visión equívoca. Ellos hacen un lavado de cara cuando se presentan en la facultad, laburan de una manera no tan plantada políticamente. No los critico, son excelentes haciendo lo que hacen, por eso ganan todas las facultades. Son muchísimos, están todo el día en la facultad, se preocupan mucho por solucionar aquellas pequeñas cosas que al estudiante le pueden llegar a molestar, el cursado, un tema de algún salón, fotocopias, cosas específicas”, señala sobre aquel adentro.
Además, Olmedo difiere de la idea de una despolitización del estudiantado, al menos en Ciencia Política: “Hemos visto el ingreso este año y notamos que los jóvenes vienen re politizados, con alta idea. Es la mirada que hicimos en Ciencia Política, que es una facultad que está bastante politizada pero sin embargo el radicalismo sacó 700 votos a centro de estudiantes (marcando una diferencia notable respecto de la agrupación que quedó segunda). Dentro de la crítica que hacemos, que desmotorizan al estudiantado, ellos ganan. Sin embargo, notamos a un estudiantado plantado políticamente. Entonces, quizás es una cuestión de generar un poco el espacio del peronismo, una oferta diferente, de empezar a generar ese pensamiento crítico a través de actividades académicas, espacios por fuera de la facultad que ayuden a la permanencia de los estudiantes en la facultad”. Para esta visión, el resultado de las elecciones no parece estar tan determinado por las características del estudiantado en su relación con un contexto nacional, sino más bien por las ofertas electorales internas que no logran interpelar a ese estudiante por sus identificaciones, ni –si es la “politización” lo que está en juego– interpelarlo en cuanto a ese contexto nacional.
Se hace camino al andar
A pesar de las muchas diferencias políticas que existen entre las distintas agrupaciones de la facultad, el ataque descarnado a la universidad pública –que ya ha generado una repercusión directa con la convocatoria del CIN a la marcha, o con la unidad de los gremios docentes y nodocentes en el Frente Sindical de las Universidades Nacionales– exige una respuesta igual de contundente de parte de un movimiento estudiantil que está aletargado en sus luchas y capacidad de reacción.
Queda por verse si la Franja Morada persistirá en su virtual inmovilidad o hará justicia a la defensa de una educación pública y gratuita que fue parte de su historia. De ese proceso aún huérfano de conducción política realmente potente, no puede surgir un vaciamiento de las consignas, y quizás habría que restituir ciertas caracterizaciones que, en la urgencia y la peligrosidad de los debates actuales, quedan desdibujadas: de calidad, popular, y generadora de pensamiento crítico. Hoy la urgencia es discutir la universidad, pero por hacerlo, no olvidemos qué universidad.
Resultados facultad por facultad
Con los resultados de las últimas elecciones estudiantiles, la mitad de las facultades quedaron bajo la conducción del Frente Reformismo en Acción, alineado con el rectorado: Ciencias agrarias (Estudiantes independientes, 8 consejeros); Odontología (GIO, 8 consejeros); Derecho (1983, 4 consejeros; DNI –agrupación socialista–, 2; Franja Morada –también parte del Frente, aunque separada en la facultad–, 1; Frente patria –agrupación peronista–, 1); Ciencias económicas (Franja Morada, 4 consejeros; GPS –socialistas–, 4); Psicología (Pulsión, 3 consejeros; La Masotta –agrupación peronista–, 3; FEU –Pampillon y Alde–, 2); Ciencia Política (Franja morada, 4 consejeros; Frente Patria, 2; FEU, 2). Por otro lado, hay dos facultades bajo la conducción de los socialistas: Ingeniería (15 de junio, 3 consejeros; Alternativa –“derecha”–, 3; Alde, 2) y Ciencias bioquímicas (9 de julio, 5 consejeros; Franja Morada, 3). Por otro lado, la facultad de Ciencias veterinarias presenta a una agrupación que se reivindica como peronista, Unidad Veterinarias, que creció respecto al año pasado y confirmó la conducción del centro, con 6 consejeros, contra 2 de ADN, del Frente Reformismo en acción. Las tres facultades restantes son las que se enuncian como opositoras al rectorado: Arquitectura, en la que el Alde retuvo la conducción del centro con 4 consejeros, sobre Dominó –peronista–, que consiguió 3 consejeros, mientras que la socialista Área consiguió uno; Humanidades, donde el FEU (Pampillon y Evita) retuvo la conducción y el Consejo directivo se conformó en 3 para el FEU, 2 para Somos (Frente Reformismo en Acción), uno para la peronista Oktubre (QTP), uno para Mate cocido (independientes), y uno para el Frente de Izquierda; en Medicina, por su parte, el Alde tiene tanto la conducción del centro como el decanato, y 5 consejeros contra 3 de Impulso, del Frente Reformismo en acción.
Un proyecto “de derecha” para la universidad pública
En la facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura viene creciendo en los últimos años una agrupación que se reivindica “de derecha”, lo cual constituye una relativa novedad para las agrupaciones estudiantiles de las universidades nacionales, en las que, si uno juzga por las prácticas puede trabajar con otras formas de valoración, pero al menos en la cuestión identitaria, la “derecha” no es un lugar cómodo en general. Alternativa, una agrupación que surgió en Ciencia Política en 2018 y que se ha ido expandiendo a distintas facultades, consiguió 3 consejeros en Ingeniería, el mismo número que la actual conducción del centro de estudiantes de esa facultad, y quedando posicionados sólidamente como segunda fuerza. Así, se plantearon también como la única fuerza expresamente de derecha con capacidad de llegar a lugares de cogobierno de la facultad.
Consultada por este semanario, Candela D’ Angelo, consejera directiva por Alternativa, sugirió unas líneas por las que iría su proyecto de universidad: “Estamos a favor de la educación pública: todos somos contribuyentes y hacemos uso de ese beneficio. Creo que la educación es súper importante para que un país salga adelante, eso es indiscutible. Sí desde Alternativa lo que planteamos es que muchas veces ese presupuesto que todos los contribuyentes del país abonamos para el sostenimiento de la universidad, está mal distribuido. Se hace uso de ese presupuesto para bancar militancia política de las agrupaciones que hoy en día tienen las instituciones, para bancar cargos políticos, cargos ñoquis, para defender cuestiones ideológicas, cuando sabemos que las necesidades como estudiantes que somos van desde cosas mucho más simples, como el picaporte en la puerta, papel en los baños, hasta mejorar la calidad de la educación que tiene que ver con reacondicionamiento de los planes de estudio, con inversión e implementación de nuevas tecnologías, que a fin de cuentas esta mala repercusión del presupuesto vemos que repercute en una disminución de la calidad de la educación y en consecuencia una disminución de la cantidad de graduados por año”.
Entonces, el problema no es de la cantidad de presupuesto, si no del direccionamiento que este tiene. Consultada si consideraban desde Alternativa que el presupuesto actual alcanzaba para el funcionamiento de la universidad, D’ Angelo opinó: “Nosotros lo que planteamos es que hay que garantizar, como sea, que la educación pública sea de calidad. El problema que vemos es que muchas agrupaciones que se embanderan de pedir más presupuesto, todas las agrupaciones que están llamando a movilizaciones o marchas, que obviamente respeto la libertad de decisión de las agrupaciones, pero llaman a movilizaciones y marchas en defensa de la educación pública haciendo uso para bancar esas movilizaciones de parte del presupuesto”, refiriéndose a las combis que salían de Rosario para Buenos Aires para poder marchar. Sin embargo, esas combis son bancadas por las mismas organizaciones, con aportes de partidos políticos y otros actores, y desde la FUR –cuya presidencia está alineada con el rectorado, por lo que es la agrupación con más posibilidad de acceso a un supuesto uso del presupuesto de la universidad para actos políticos– no se han ofrecido medios gratuitos a los estudiantes para marchar. Por lo pronto, el presupuesto está dedicado al funcionamiento de las facultades.
Más allá de los acuerdos y desacuerdos que se puedan tener, así como incluso de la facticidad de ciertos “datos” que se esgrimen, la realidad política demuestra un crecimiento de las diversas expresiones de derecha –cada vez más radicalizadas– también en el ámbito de la facultad, que marca un corrimiento del marco de lo decible y, por arrastre, contigüidad, o relación mutua, de lo posible. Qué tan atadas estén estas expresiones a la suerte que corra este gobierno nacional es aun una incógnita que no puede ser resuelta sin el tiempo y una clara visión de los alcances, los matices y las capacidades que tenga esta agrupación de crecer y establecerse como una opción dentro de la universidad pública y gratuita.
Nota publicada en la edición impresa del semanario El Eslabón del 20/04/24
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