Las investigaciones de la Justicia prueban que el intento de golpe de Estado venía siendo planificado desde hacía meses, con mucho detalle. La teoría del “autogolpe”, en cambio, responde a una interna feroz que se convirtió en una fiesta para la derecha.

El accionar de la Justicia permitió demostrar que el intento de golpe de Estado del 26 de junio contaba con una planificación muy precisa, que se venía preparando desde hace mucho tiempo e involucraba a gran cantidad de actores, en su mayoría militares. Ya hay casi treinta detenidos y todavía se siguen emitiendo órdenes de aprehensión. La cantidad de testimonios y pruebas documentales son abundantes. Los golpistas ya tenían preparado el discurso de asunción para el frustrado dictador. El gabinete de ministros también estaba designado. Se encontraron, asimismo, varias listas de armamentos que iban a ser utilizados para reprimir las protestas del pueblo. La palabra conspiración viene del latín “conspiratio”. El prefijo “con-“ indica “unión”. El verbo “spirare” significa respirar, vivir, pero también aspirar a algo, estar ávido de algo, tener un objetivo. 

Sobre este punto, lo sucedido en Bolivia dio lugar a dos escenarios. Por un lado, una conspiración desactivada y una investigación que, al menos por ahora, ofrece pruebas que hacen verosímil el intento de golpe. Por otro lado, la teoría del “autogolpe”, que al cierre de esta edición, no muestra evidencia alguna más allá de las declaraciones y las acusaciones.

El objetivo de los golpistas no pudo llevarse a cabo porque no todas las fuerzas armadas y de seguridad se sumaron. Por el contrario, fue la Policía Militar la que desalojó de la Casa de Gobierno y la Plaza Murillo a los golpistas encabezados por el general Juan José Zúñiga. Tampoco recibieron el apoyo, y ni siquiera la vista gorda, de los otros dos poderes: ni el Legislativo ni el Judicial, que rápidamente salieron a repudiar. 

“No llegaron los refuerzos”, fue la frase que repetían los golpistas para explicar el fracaso de su intento. Y las investigaciones aportan información para señalar quiénes eran los que prometieron ir a Plaza Murillo y finalmente no fueron. Muchos de los detenidos brindaron en su declaración detalles precisos sobre las cuestiones logísticas y operativas del movimiento.

El pueblo salió a la calle, poniendo el cuerpo, sin importarle la represión. Los movimientos sociales, el movimiento obrero organizado y los pueblos originarios, entre otros colectivos, ocuparon en forma inmediata el espacio público y se convirtieron en factores fundamentales para frenar el intento. Fueron gaseados. Recibieron disparos de balas de goma. Pero se mantuvieron firmes en las calles. Y también en las rutas, para impedir que llegaran más tropas a La Paz.

Una vez más, como lo hicieron durante el gobierno ilegítimo de Jeanine Áñez, las mujeres y los hombres de Bolivia salieron a las calles a poner el cuerpo. Además de desafiar los gases y las balas, la rápida reacción popular demostró que, más allá de la tecnología y la tecno-militancia, poner el cuerpo en el espacio público sigue teniendo grandes potencialidades. 

No todos los que se manifestaron eran partidarios del presidente Luis Arce. Por el contrario, muchas mujeres y muchos hombres expresaron ante los medios que no estaban de acuerdo con las políticas del mandatario, y que no evaluaban positivamente su gestión. Pero estaban defendiendo la democracia ante lo que consideraron (sin dudarlo ni matizarlo) un intento de golpe de Estado. El litio sigue allí, ante los ávidos ojos de las corporaciones, y lo ocurrido no es más que un nuevo capítulo de una historia que seguirá.

Las mujeres y hombres de Bolivia, como buena parte de las ciudadanas y los ciudadanos del mundo, tienen motivos de sobra para estar disconformes, enojados, y hasta indignados. Bolivia, además, no es ajena a la situación emocional y cognitiva del resto del mundo, donde la violencia verbal, las expresiones de odio, el racismo y la demonización de ciertos grupos sociales son distribuidos y multiplicados por las redes sociales.

Pero todo indica que en Bolivia existe algo que es más fuerte, y que tiene que ver con un consenso democrático y un respeto a las instituciones que, al menos por ahora, no pudo ser quebrado ni por la violencia física de los militares ni tampoco por la violencia simbólica de los medios al servicio de los poderes fácticos. Es un equilibrio dinámico, siempre amenazado, constantemente desafiado por la avidez de los que quieren los recursos naturales, especialmente el litio.

En medio de esta situación, la interna del Movimiento al Socialismo (MAS), funcionó como un elemento divisorio, de confusión y enfrentamiento entre hermanas y hermanos. Y le hizo un gran favor a los golpistas y las fuerzas de derecha de todo el mundo, que se vienen regodeando (y esperando el momento del zarpazo) desde que el presidente de Bolivia, Luis Arce, y el ex mandatario Evo Morales, se embarcaron en una espiral de agresiones y acusaciones mutuas. La ruptura, de larga data, dio lugar en 2023 a un intento de mediación en Cuba.

“La crisis es de tal magnitud que intervino Cuba para mediar y se produjo un encuentro entre los dos políticos el sábado pasado en La Habana, que no arrojó resultados positivos. Lo que parece una irreversible ruptura en el oficialismo, llevó a que se mencionara la creación de una nueva fuerza liderada por el actual mandatario: el Instrumento Política por la Soberanía de los Pueblos (IPSP). Según el senador arcista, Félix Ajpi, un acercamiento ya es «imposible, porque la fractura es demasiado grande». Evo reconoció el viaje: «he sido invitado por autoridades del pueblo revolucionario de Cuba»”, según informó Página 12 en una nota firmada por Gustavo Veiga y fechada el 4 de julio de 2023

El informe señala que el conflicto escaló desde el 26 de marzo de 2023, cuando durante el último encuentro donde se mostraron juntos en público en Cochabamba, el ex mandatario criticó a su sucesor. Hacia las elecciones de 2025 se vislumbra un escenario de división en el oficialismo que la derecha, sólo por ahora, no capitaliza porque también está fragmentada, escribía Veiga hace un año. Y el intento de golpe del 26 de junio no es ajeno a este contexto. Si fracasó, es porque la derecha sigue fragmentada.

“Nuestra principal preocupación es que queremos mantener la democracia y que no avance la derecha, porque aún desarticulada, si le fuera mal al gobierno de Arce, nos va a ir mal a todos. Pero también rechazamos la persecución a Evo, instamos a un llamado a la unidad y no a elegir entre dos liderazgos de nuestra historia. Y aunque no podemos pretender que todo sea perfecto, tampoco debemos alimentar las divisiones internas”, señaló en 2023 la ex-viceministra de Políticas Comunicacionales en 2012, la analista y periodista Claudia Espinoza Iturri.

Un año después, ese llamado a la unidad está más que vigente. La interna del MAS mostró, además, que mientras las organizaciones sociales, los gremios, los pueblos originarios y los colectivos más diversos, pese a sus diferencias internas, se mantuvieron unidos ante los golpistas, la fuerza política que logró una de las revoluciones culturales más profundas de la historia moderna no pudo siquiera disimular ni dejar de lado sus rupturas ante la amenaza externa.

“El problema es que el MAS, el partido en el gobierno, zarandeado por el presidente Luis Arce y el líder cocalero Evo Morales –los dos pesos pesado de una fuerza que se desgasta día a día–, lejos de buscar acuerdos, agudiza su disputa camino a las elecciones del próximo año”, escribió Veiga el 3 de julio de 2024.

“El intento de golpe de Estado que Evo llamó autogolpe fue el punto de ruptura, más allá de los argumentos esgrimidos por las partes. Pero lo peor de esta secuencia autodestructiva es que la posibilidad de un nuevo putsch cívico-militar sigue vigente. Y que el de hace unos días pudo ser un ensayo. Así como el sector de Evo denuncia el autogolpe complaciente con el general Juan José Zúñiga que lo lideró, el de Lucho Arce niega de manera tajante esa hipótesis. El militar está detenido en una cárcel de Cochabamba con otros oficiales de alta jerarquía”.

El punto de ruptura fue además un verdadero picnic para la derecha local, regional y mundial: “Yo pensaba que era un golpe, pero ahora estoy confundido: parece un autogolpe”, sostuvo Morales el domingo durante su programa en la Radio Kawsachún Coca. “Pero siento, no sé si estoy equivocado, que Lucho faltó al respeto, a la verdad; nos engañó, mintió no sólo al pueblo boliviano sino al mundo entero”, agregó Evo en referencia a Arce.

El primero en esgrimir la teoría del auto-golpe fue Zúñiga, que a poco de ser detenido dijo que respondía a un plan de Arce. Poco antes, y luego de abrir con un golpe de tanqueta las puertas de la Casa de Gobierno, había dejado claro que ya tenía preparado un nuevo gabinete de ministros para que cambiaran las políticas de Arce. Y solicitó la liberación de “los presos políticos”. Se refería a Jeanine Áñez, que se encuentra en prisión, condenada a diez años por sedición, terrorismo y conspiración; y a Luis Camacho, condenado a tres años de prisión por actos cometidos en el golpe contra Evo Morales de 2019. Por su parte, el presidente Arce señaló una trama de intereses detrás de la intentona: “En los últimos años, intereses personales, económicos, nacionales y extranjeros, se unieron para intentar interrumpir esta nueva etapa de nuestra historia. No les importaron nuestros sueños y el de nuestras familias, no les interesaron nuestros votos ni nuestro compromiso con la democracia, menos el desarrollo y la economía nacional; comenzaron a conspirar, a atacar, a bloquear, a mentir y a sabotear”, afirmó en un post en sus redes sociales.

El mandatario agregó que este conglomerado de intereses no sólo fueron “creciendo en su agresividad, sino también en su irresponsabilidad” con respecto al futuro de Bolivia.

“Esos intereses perversos, finalmente, mostraron sus verdaderas intenciones para intentar volver a un pasado oscuro de dictadura”, afirmó al aludir al golpe de Estado fallido del 26 de junio.

La Agencia Boliviana de Información (ABI) señaló que el fiscal Franklin Alborta precisó que son alrededor de 30 personas, entre civiles y militares, los investigados por la asonada golpista en La Paz. El ex comandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), Marcelo Zegarra, reveló en su declaración ampliatoria ante la Fiscalía que Zúñiga aseguró que contaba con el apoyo de las embajadas “Americana, de Libia y de la Comunidad Europea” para el fallido golpe de Estado.

“Juré ante nuestra Constitución y el pueblo boliviano hacer cumplir ese voto de confianza que todos le dimos a la democracia. Hoy, ratifico ese inquebrantable juramento”, ratificó.

Francotiradores preparados

Cinco francotiradores de las Fuerzas Especiales (F10) llegaron a La Paz el 26 de junio con el objetivo de consolidar el golpe de Estado, reveló el viceministro de Seguridad Ciudadana, Roberto Ríos. El comandante del F10 (Vladimir Lupa) sería el encargado de movilizar a 19 personas desde Cochabamba hacia el departamento de La Paz. Sería un grupo de francotiradores justamente para perpetrar y consolidar lo que era un golpe de Estado militar; sin embargo, han llegado sólo cinco a la ciudad de La Paz”, explicó. 

Los 19 uniformados fueron trasladados hasta la Brigada Aérea Número 2 en Cochabamba en dos vehículos, uno del comandante Lupa. De este grupo sólo 5 llegaron a La Paz. Compuesto por oficiales y suboficiales de élite seleccionados de las tres fuerzas: Ejército, Fuerza Aérea y Armada, los oficiales y suboficiales son entrenados exclusivamente para combatir el terrorismo y grandes secuestros, informó ABI.

A estos cinco tenían que sumarse el grupo de élite “Satinadores”, los mismos que comandaron la masacre de Senkata en la ciudad de El Alto, en noviembre de 2019; sin embargo, no pudieron ser trasladados desde el departamento de Tarija, a pesar de que estaban preparándose para hacerlo.

“Mayores elementos vamos a poder dilucidar a partir, justamente, de todo este proceso de investigación que se viene realizando”, indicó el viceministro.

Durante las investigaciones en la Corporación del Seguro Social Militar (Cossmil) en Cochabamba, se secuestró “un CPU, una tablet e información documental que permita, justamente, desvirtuar o servir de fundamento para la posible aprehensión de otros implicados”, indicó Ríos.

Consultado sobre trascendidos de que el general del servicio pasivo Tomás Peña y Lillo, quien participó en la planificación del golpe de Estado con Zúñiga, se habría declarado en la clandestinidad, informó que las “unidades investigativas de la Policía Boliviana están verificando y validando dicha información”.

Nota publicada en la edición impresa del semanario El Eslabón del 06/07/24

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