Yo no sé, no. Manuel estaba re feliz después que con Juancalito le empezaron a salir bien cuando con la redonda tiraban unas paredes como si fueran expertos. José esa semana estaba tirando una vieja pared de ladrillos asentado con barro, para luego levantar unas paredes con mezcla 3 x 1 (tres de arena y una de porlan). Tiguín había puesto un cartel en la vereda de su casa que decía “Se tiran cadenas de Bici”, que quería decir que se estiraban y ajustaban las cadenas. Nadie le dijo nunca que ese cartel estaba mal escrito.
Raúl, por su parte, nos tiró la formación del equipo, el nuestro, y el lugar exacto de la cancha que estaba cerca del Puente Gallego. El partido se iba a jugar a las 8 del último domingo de septiembre. Carlos tiraba el yeso (media bota) que le habian puesto 20 días antes por un esguince de tobillo. Pii y Ricardo (Semenegui) tiraban una gran rama que estaba cerca de un árbol que estaba pegado a su canchita porque era un peligro para los pibes. Graciela había aprendido a tirar las cartas pero la verdad es que eran pocos los que se animaban a que la Gra les tirara las cartas.
El viernes a la tardecita, mientras veíamos cómo en la fábrica Acindar tiraban una gran bola de hierro hacia un viejo Siam que, después del golpe, pasaría a ser chatarra. Alguien tiró la idea de hacer un fueguito y tirar un par de kilos de falda y unos choris. Al rato, Pedro, mientras iba camino al encuentro del faldaje que se haría cerca de la cancha del Cilindro, se metió la mano en bolsillo de la campera azul tanteando para saber cuántos puchos le quedaban y vio que en el lugar en el que algunos tiraban los restos de verdura, unas 3 plantas de tomates se hacían presentes como para pelear por su supervivencia. También vio cómo llegaba Manuel con la Goles. En esa revista venía una nota a los “albañiles de Lanús (Silva y Acosta), expertos en tirar paredes”.
Pedro, antes de que se le terminara el paredón que estaba por Centeno, sacó el paquete de LM. Le quedaban dos cigarrillos. También descubrió que en el bolsillo de la campera Lee tenía una hoja del almanaque, la del mes de agosto, con un día marcado con un asterisco: “el 22, ir a lo de la Susi”. Ese día no fue y sentía un “adiós corazón”. Pedro se prendió un LM y guardó el otro en su oreja. Hizo un bollito con el paquete y con el mes de agosto, sentía el perfume a falda y sentía cómo de algún tocadisco el Cuarteto Imperial cantaba Adiós, adiós, corazón. Al mismo tiempo tenía un buen presentimiento, y sentía que no había que tirar la toalla, que en algún momento alguien te la iba a devolver exacta. Hizo un par de jueguitos con el bollito de LM y el mes de agosto, y tiró una pared que el paredón se la devolvió redonda.
Publicado en el semanario El Eslabón del 21/09/24
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