La investigadora que estudia la relación entre la fotografía y la historia argentina participó en el encuentro que organiza la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR, celebrado el 24 y 25 de abril en la Siberia.

Cora Gamarnik es comunicadora social y es reconocida por haber realizado trabajos que jerarquizan la relevancia política de la fotografía documental en sucesos históricos nacionales. El pasado viernes 25 de abril fue una de las últimas expositoras en la décimo quinta edición del Foro Internacional de Periodismo Digital que desde 2008 se celebra en Rosario. Fueron dos jornadas intensivas dedicadas a la reflexión sobre los desafíos y transformaciones del ecosistema mediático actual en las que confluyeron investigadores, profesionales y estudiantes de la comunicación.

Entre los conferencistas del Foro se destacaron el sociólogo Martín Sivak, la periodista Sonia Tessa, la productora de contenidos Valeria Di Croce, el investigador en comunicación audiovisual Leonardo Murolo, los fotoperiodistas Franco Trovato y Andrés Macera, los streamers locales Tomas Trapé y Mauricio Vera, y Yair Cybel, fundador de El Grito del Sur y la Red de Medios Digitales de la Argentina. A diferencia de encuentros anteriores, esta vez no contó con la participación de expositores extranjeros y estuvo inevitablemente marcado por las tensiones de la realidad política nacional.

Fotoperiodismo y fake news

En la penumbra del salón de usos múltiples de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño, Cora Gamarnik desentramó la estrategia comunicacional de los dirigentes del gobierno nacional para producir información falsa. La investigadora seleccionó de su vasto archivo una serie de imágenes utilizadas en la creación de fake news. Un ejemplo citado fue la foto de una marcha del Orgullo LGBTTTIQNB+ utilizada por Javier Milei y por Victoria Villarreal en una publicación que celebraba el cierre de la campaña electoral en Córdoba. Esta práctica no sólo edificó una mentira sobre un hecho político, también deslegitimó a ese otro al que le hurtó la portada.

Otra táctica que observó en el presidente fue el uso excesivo de Photoshop, combinado con el imperativo de ser fotografiado sólo en lugares oscuros. Al ser consultada por una mujer del público, Gamarnik explicó que la obsesión de Milei con su papada motorizó esas reglas y ahondó sobre los motivos. Su núcleo duro está compuesto por jóvenes libertarios incels autodenominados “bro”. Para ellos, el modelo de masculinidad a seguir es un hombre esbelto y musculoso, con mandíbula prominente como símbolo de belleza y virilidad. El ídolo tapa el sol con la mano; o el visor, que en tal caso es lo mismo.

La disertante destacó las condiciones laborales precarias en las que se desempeñan las y los fotoperiodistas: el 98 por ciento cobra por debajo de la línea de pobreza. La mayoría trabaja freelance y hasta cubre movilizaciones sin saber si podrá vender el fruto de su trabajo. La otra cara de la moneda es que, hoy por hoy, la pauta oficial es el uno por ciento de la que había hace 15 años.

Represión registrada

En este contexto de miseria se criminaliza ya no sólo la protesta sino también su cobertura. La represión será televisada cada miércoles. En esta línea, la comunicadora compara el uso de la violencia de esta gestión presidencial con la de Mauricio Macri. En 2017, durante la votación del proyecto de ley de reforma previsional, se comandó una represión tan brutal y repudiada que fue excepcional en el gobierno de modelo económico similar al actual. Ahora, con el mismo tándem en las carteras de Seguridad y de Economía –Patricia Bullrich y Luis Caputo, respectivamente–, la ola represiva se volvió norma.

Es un monstruo grande y pisa fuerte. Sin embargo, la resistencia popular pulsa con firmeza. El pueblo argentino le da batalla a la brutalidad policial y el fotoperiodismo se organiza. Tal es así que este año hubo récord históricos de camarazos; así lo destacó Gamarnik mientras exhibía fotos de distintas provincias.

El hombre de la cámara

Cora le dedicó un buen rato al caso de Pablo Grillo. Luego de que la bestialidad del operativo comandado por Bullrich le partiera el cráneo, la represión a fotorreporteros se recrudeció. “Disparan a los ojos”, afirmó ella. Luego temió tener que lamentar pérdidas oculares de fotógrafos, como ha sucedido en Chile. Rememora que la utilización de gases lacrimógenos para disuadir protestas sociales se prohibió en 2007, luego de que su uso se llevara la vida del docente Carlos Fuentealba en la provincia de Neuquén. Pero un denso Decreto de Necesidad y Urgencia lo rehabilitó el año pasado. Eso sí: con la contraindicación de que sólo se puede disparar a 45 grados del piso.

Las fuerzas de seguridad no respetaron el protocolo de la ministra y dispararon en forma horizontal. Lejos de sancionar tal desobediencia, Bullrich se ocupó de revictimizar al fotógrafo para instalar otra noticia falsa. Deslegitimó la reacción de las masas societarias de los clubes de fútbol para adjudicarles la marcha a las barrabravas. Inventó que Pablo Grillo era trabajador municipal y que estaba preso, mientras se encontraba hospitalizado. Justificó el ataque armado contra él con que era militante kirchnerista. Y, no conforme con eso, el diario Clarín insertó una fotografía de un manifestante detenido por hacer disturbios en la nota que hablaba sobre Pablo Grillo. “La crisis causó dos nuevas muertes”, recuerda Cora sobre cómo abordó el mismo multimedio los asesinatos de Maximiliano Kosteki y de Darío Santillán en 2002. Sobre Grillo publicaron que le había caído una granada en la cabeza. Ni la comisión interna de Clarín aceptó la mala praxis de esa cobertura maliciosa y redactó un comunicado expresando su rechazo.

El gendarme Héctor Guerrero pudo ser identificado a partir de un certero disparo del fotoperiodista argentino-cubano Kaloian Santos | Foto: Kaloian Santos

Acerca de los discursos de odio que circulan en los medios y, sobre todo, entre los personeros oficialistas en redes sociales, Gamarnik aportó que considera útil analizarlos, contarlos, exponerlos, llevarlos a diferentes eventos e invitar a la reflexión. Para eso, ejemplificó con algunos tuits odiosos relativamente leves.

No obstante, el asedio del hambre y de la violencia no consiguieron evitar el ejercicio social de encontrar estrategias de pedidos de justicia. En la corporación fotoperiodística saben que el impacto podría haber sido en la cabeza de cualquiera de quienes estaban retratando la ferocidad. Fue gracias a una foto de Kaloian Santos que se pudo identificar al efectivo que disparó, tras lo cual el reportero gráfico cubano-argentino perdió su puesto de trabajo en la Secretaría de Cultura de la Nación. El fotógrafo Pepe Mateos, por su parte, captó a Pablo herido. Pepe Mateos, el mismo que había registrado el homicidio de Kosteki y de Santillán cuando se desempeñaba como fotógrafo de Clarín.

El contrapeso de los medios de comunicación serviles al oficialismo fue levantar una noticia de un policía baleado. ¿El autor material?, otro policía. Pablo continúa luchando por su vida, está cerca de salir de terapia intensiva gracias al trabajo descomunal de la desfinanciada salud pública. Como cada vez que viene a Rosario, Cora Gamarnik trajo un regalo. En esta oportunidad fue una serie de fotos inéditas de Pablo Grillo que él consintió difundir. También compartió las únicas cinco imágenes que llegó a tomar antes de recibir el impacto de la granada de gas disparada por el gendarme Héctor Guerrero.

Por último, la investigadora de la UBA mostró su desvelo ante la urgencia imperante de desarrollar estrategias defensivas para encontrar a los disparadores. La emergencia se llevó la marca y, así, el gobierno logró que entre compatriotas no se pudiera discutir qué tipo de país se desea.

Publicado en el semanario El Eslabón del 03/05/25

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