El planeta está atravesando una coyuntura geopolítica incierta. El calentamiento global hace que el primer mundo incorpore una agenda de transición. Nuestro país, con vastos recursos naturales, tiene el desafío de alcanzar el autoabastecimiento o constituirse en proveedor a precios bajos.
Las transiciones globales que inciden en el sector energético actualmente están determinadas por la disputa entre potencias como Estados Unidos y China. En el caso de Estados Unidos, cuenta con recursos políticos y económicos para condicionar a los países de nuestra región a través de los organismos de crédito como el FMI y el Banco Mundial. A su vez, China entra en la región con yuanes para el financiamiento de obras concretas, justo en una época de replanteo de las cadenas globales de valor, la digitalización y la inteligencia artificial. China ha logrado instalarse, especialmente en el sur de nuestro país a través de proyectos como la etapa II del gasoducto Presidente Néstor Kirchner, diez proyectos eólicos y cinco solares, concesiones en litio, inversiones en proyectos espaciales y de telescopios en Neuquén y San Juan, y –tal vez– la cuarta central nuclear (Atucha III), además de un puerto y polo petroquímico en Tierra del Fuego.
En cuanto a la transición ambiental, mientras se plantea el pasaje del carbón y el petróleo al gas natural a escala global, los minerales y tierras raras se convierten en recursos críticos en el proceso hacia la electrificación, lo que implica que la descarbonización también queda atrapada en la lógica de la tensión geoestratégica. El acceso a los commodities pone en jaque, nuevamente, la idea de la interdependencia planetaria, afirma Juan José Carbajales en su artículo de 2023 “El futuro de Vaca Muerta en el contexto energético global”, publicado en el número 306 de la Revista Nueva Sociedad.
Las principales potencias mundiales necesitan desarrollar su matriz energética incorporando energías renovables para cuidar el medio ambiente, reduciendo la emisión de gases que acrecientan el calentamiento global. La exploración de alternativas e impulso del uso de nuevos combustibles forma parte central de la política energética de los países más industrializados, al mismo tiempo que se impulsan los desarrollos en tecnologías orientados principalmente a mejorar la escala y eficiencia de los equipos destinados a la producción de hidrógeno verde, con foco en la electrólisis, según indican Julio Mateo y Mateo Suster en el estudio, publicado en 2021, “Hacia la economía del hidrógeno. Perspectivas de la agenda internacional y las oportunidades locales”.
Vaca Muerta: hacia la soberanía energética y el desarrollo de nuevas energías
Argentina tiene dos características positivas: bajo riesgo geopolítico y recursos naturales de primera categoría. En el caso de estos, podemos mencionar el caso de Vaca Muerta que tiene potencial eólico, solar, litio y cobre. Esto, sin dudas, constituye un horizonte futuro favorable, tanto para inversiones, como para la exportación de estos recursos. Además, la producción de crudo en Vaca Muerta ha alcanzado su récord en este último año, lo que la lleva a constituirse como la segunda reserva mundial de recursos de gas shale y la cuarta de petróleo shale. Es decir, que no sólo existe autoabastecimiento físico de crudo, sino que los saldos exportables (potenciados luego de la pandemia por el conocimiento internacional del crudo Medanito liviano de la cuenca neuquina) son el gran driver para dar el salto cualitativo que permitiría al complejo hidrocarburífero aportar actividad masiva e ingentes dólares a la economía por la friolera de 20.000 millones de dólares de ingresos totales para 2030, señala Carbajales.
Ese autoabastecimiento es producto del rol del Estado en el diseño e implementación de políticas públicas, ya sea para el desarrollo local, o para la exportación de las materias primas y recursos, mediando las inversiones corporativas, tanto de las empresas públicas como de las privadas. El autoabastecimiento es el resultado de un concepto de desarrollo económico y energético íntimamente relacionados. En contrapartida a esto, los modelos neoliberales aborrecen este tipo de políticas públicas, alentando modelos puramente extractivistas. A tal punto, que el vocero presidencial, Manuel Adorni, en la conferencia de prensa del día 23 de julio de este año, afirmó: “Estamos dejando atrás el nefasto falso modelo de autoabastecimiento que dejó instalado el gobierno anterior”.

En cuanto a los desafíos de Vaca Muerta, podríamos destacar la meta de alcanzar el millón de barriles por día de producción no convencional y la calidad de exportador neto de crudo, como así también profundizar las exportaciones hacia los países de la región. Además, el último desafío consiste en alcanzar la fase de licuefacción para acceder a nuevos mercados como los europeos y asiáticos de gnl.
Por otro lado, Argentina cuenta con muy alta potencialidad en términos de disponibilidad de recursos para producir distintos tipos de hidrógeno, además de tener reservas de gas natural no convencional para la producción de hidrógeno azul y el acceso a fuentes renovables de energía para la producción de hidrógeno verde. Esto hace que los países desarrollados acudan a América Latina no sólo por sus recursos, sino también por sus precios competitivos.
Año 2050: ¿Hacia un futuro más “limpio”?
¿Estamos marchando a paso seguro y de forma irrenunciable hacia un futuro más “limpio”? No existe una opinión unánime al respecto.
El Consejo del Hidrógeno considera que, para el 2050, el hidrógeno puede alcanzar el 18 por ciento de la demanda final de energía, como así también un mercado de 2.5 billones de dólares en ventas y alrededor de 30 millones de empleos directos e indirectos.
El banco de inversiones Goldman Sachs afirma que esa transición debe ser más acelerada hacia 2050 para lograr la generación renovable de al menos 350 GW y 500 GW de capacidad de electrólisis. Con ese panorama, se estima que el 100 por ciento del abastecimiento energético en Europa sea renovable, incluyendo generación térmica a partir de hidrógeno.
La matriz eléctrica argentina está dominada por el gas natural en un 60 por ciento, el cual es tres veces más limpio que el carbón y dos veces más limpio que el petróleo. Esto quiere decir que nuestro país tiene su primera transición casi terminada. Sin embargo, no es un objetivo realista y a corto plazo reemplazar fósiles por fuentes limpias, ya que se carece de las inversiones necesarias para culminar el proceso. El hidrógeno verde asoma hoy como una oportunidad para la exportación de productos fertilizantes a partir del amoníaco y de combustibles sintéticos.
Sin embargo, es necesario tener en cuenta que en algunos países estos compromisos hacia la transición energética no se van a poder mantener. Esto se debe a la aparición de gobiernos de extrema derecha, que, entre otras cosas, niegan el cambio climático, por considerarlo parte de la agenda “globalista”. El actual presidente argentino, Javier Milei, afirmó lo siguiente durante el último debate presidencial respecto al cambio climático: “Todas esas políticas que culpan al ser humano del cambio climático son falsas y lo único que buscan es recaudar fondos para financiar vagos socialistas que escriben papers de cuarta”.
En sintonía con estas ideas negacionistas, encontramos líderes mundiales como Bolsonaro y Donald Trump, quien llegó al punto de retirarse del Acuerdo de París durante su última presidencia. Ahora que es nuevamente presidente, el magnate pone en peligro la transición hacia energías más renovables, y por lo tanto también, las relaciones internacionales y el comercio mundial, al no destinar fondos para la importación de commodities, entre ellos, hidrógeno azul y verde que puede proveerles nuestra región.
Tal vez este panorama nos obligue a “mirar hacia adentro” y a “vivir con lo nuestro”. Argentina cuenta con recursos hídricos, energía eólica y solar. Pero, además, tiene una extensa disponibilidad de recursos para la producción de biocombustibles, entre los cuales sobresale la producción de biodiesel a partir de aceite de soja, etanol de maíz y etanol de caña de azúcar, que podrían ser aprovechadas para la obtención de hidrógeno a partir del método de reformado de biocombustible, una tecnología en proceso de desarrollo y aumento de escala, agregan Mateo y Suster.
Argentina debe aprovechar sus recursos naturales, pero además necesita contar con sectores industriales que permitan generar otros encadenamientos, tanto hacia atrás como adelante. En cuanto a los encadenamientos hacia atrás, es menester rediseñar una política industrial orientada a la consolidación de diversos tipos de bienes de capital: maquinaria agrícola, maquinaria para la industria procesadora de alimentos, maquinaria para la minería o maquinaria para la industria hidrocarburífera son algunos ejemplos, indican Diego Coatz y Daniel Schteingart, en el informe de 2015 “¿Qué modelo de desarrollo para la Argentina?”, en Boletín Informativo de Techint.
Para los encadenamientos hacia adelante, es necesario agregar valor a los recursos naturales, mientras que encadenar hacia atrás permite llevar adelante un proceso de sustitución de importaciones, para ahorrar divisas y crear capacidades de exportación a mediano plazo. Esto, por último, crea beneficios en cuanto a la generación de empleo.
Seguridad nacional, crecimiento sostenido y sustentabilidad
Argentina debe lograr un equilibrio entre seguridad nacional, crecimiento sostenido y sustentabilidad ecológica, como así también tiene el desafío de sostener el autoabastecimiento energético a lo largo del tiempo. Esto fue posible gracias a la presencia del Estado durante el gobierno anterior a través de políticas energéticas que garantizaron el desarrollo tales como el gasoducto Presidente Néstor Kirchner, proyectos eólicos y solares, concesiones en litio, inversiones en proyectos espaciales y de telescopios, entre otras.
Nuestro país cuenta con muchas oportunidades a futuro para las inversiones, ya que, por un lado, tiene un bajo riesgo geopolítico –es decir, relaciones relativamente estables y poco conflictivas con los demás países, sobre todo los de la región–, además de vastos recursos energéticos. Sin dudas, esto constituye un horizonte futuro favorable, tanto para inversiones como para la exportación de dichos recursos hacia nuevos mercados y la región. Es por eso que nuestro país debe priorizar la interdependencia del mercado global y las opciones y beneficios que ofrecen los países a la hora de invertir o importar nuestros minerales y recursos naturales, más allá de las disputas existentes entre las dos grandes potencias del concierto internacional que son Estados Unidos y China.
Vaca Muerta es una gran oportunidad en el presente y a futuro, debido a que es la segunda reserva mundial de recursos de gas shale y la cuarta de petróleo shale. Sin embargo, es cierto que existen otras fuentes más limpias que el gas, como es el caso del hidrógeno verde que hoy está en demanda. Es por eso que la combinación de gas natural e hidrógeno sería una buena alternativa a mediano plazo, y que, a su vez, sería más beneficiosa para el medio ambiente.
Sin embargo, los países que pueden constituirse en nuestros futuros compradores ven peligrar la transición energética hacia energías renovables, debido a la aparición de gobiernos de extrema derecha que aborrecen las políticas de transición hacia una matriz energética que contribuya a mitigar los efectos del cambio climático y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia de descarbonización y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que lo consideran parte de la “agenda globalista y marxista”. Este panorama puede ser alentador para iniciar un proceso de industrialización por sustitución de importaciones en materia energética.
Para ser un país verdaderamente soberano, debemos lograr un adecuado desarrollo económico y energético. Por eso es vital aprovechar nuestros recursos naturales ante un panorama que puede ser desalentador para la compra de nuestras materias primas. También es importante contar con sectores industriales que permitan generar encadenamientos hacia atrás y adelante, principalmente en lo que hace a la maquinaria para la industria hidrocarburífera.
En síntesis, necesitamos un Estado activo que fomente políticas públicas energéticas y ambientales y que a su vez sea un hábil negociador en el concierto internacional para garantizar acuerdos justos a la hora de invertir o exportar y no se trate exclusivamente de una política puramente extraccionista. Sólo de esa forma Argentina se asegurará de ser una patria soberana y no una colonia en disputa de las principales potencias en pugna.
Publicado en el semanario El Eslabón del 12/07/25
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